Por Jesús Rivero escritor y dirigente social militante de Podemos en Rosario, Argentina.
La Isla acorralada por el endurecimiento de las sanciones de Estados Unidos, excluida del orden multilateral de Bretton Woods y sin el auxilio financiero que le brindaban Moscú y Caracas, como efecto adopta el modelo de mercado chino, manteniendo la estructura del Partido Comunista.
Cuba no recuerda episodios de emergencia socio-económica similares desde la caída del muro de Berlín (1989). El escenario agravado por el cierre de los flujos energéticos de crudo venezolano tras el secuestro del entonces presidente Nicolás Maduro, es de suma urgencia. Así lo admite Díaz-Canel cuando enfatiza que los problemas del país son “el bloqueo, pero también los obstáculos internos que frenan la producción”.

En las palabras de Díaz-Canel se lee la enunciación de supervivencia. Cuba escindida de las instituciones multilaterales, sin acceso a créditos del Fondo Monetario internacional, Banco Mundial y otros, todos canales obligatorios del modelo capitalista para no expulsarte.
Pese al estrangulamiento de Washington que no ha tenido reparo alguno en enviar a su jefe del Pentágono, Pete Hegseth, a Guantánamo como signo de rescate de la Doctrina Monroe en la versión Trump 2.0 y su inserción en la nueva estrategia de Seguridad Nacional americana de 2025.
La Monroe responde a la recuperación de la visión hemisférica de la década de los sesenta que eligió a la comunidad latinoamericana como prioridad exterior estadounidense. Su patio trasero. Restablecida por ahora por el secretario de Estado, Marco Rubio, originario de la Isla, obsesionado por la destrucción del modelo cubano, aduce el riesgo de que potencias extrarregionales (China) y las manos invisibles del mercado inversoras hagan uso de su poder geopolítico estratégico en esa parte del continente.
Hoy, el modelo revolucionario de la Isla se ve condicionado por la nueva visión que inflexiona las bases del modelo revolucionario con ingresos de acciones privadas en empresas públicas, incluso foráneos, conservando desde el Estado el control de sectores estratégicos, pero comparte capitales y gestión con socios privados, un calco de la política China.
La inversión extranjera se erige como táctica para mantener cierta autonomía ante la falta de créditos multilaterales y de financiación internacional con la que suplir la escasez de divisas y modernizar las infraestructuras.
Para finalizar se puede decir que el bloqueo y presión económica de Estados Unidos ha dejado de ser explícitamente una estrategia sancionadora, para transformarse en estrategia con profundas implicancias geopolíticas y humanitarias