Ley de Memoria Democrática, Luis Murgoitio, una historia que justifica la Ley para hacer justicia.

En estos días que se ha hablado y mucho de la Ley de Nietos y la obtención de la nacionalidad española, les acerco esta historia de vida . Ya me diréis vuestra opinión en relación a los nietos del protagonista, ¿tienen derecho o no a la ciudadanía española?.

A Monica Murgoitio Los hispano-argentinos en la Guerra de España.

A principios del siglo XX era frecuente que muchos inmigrantes en Argentina, pasado un tiempo y debido a múltiples motivos, añoranza, desencanto con las expectativas de la emigración, cuestiones personales,etc regresarán a España.

Esta es la historia de Luis Murgoitio Lechar.

Luis nació en un tradicional barrio porteño, Constitución, en un año signado por el derramamiento de sangre de la clase obrera: durante la Semana Trágica de 1919. Un año después, sus padres decidieron el retorno a la península.

Eran los días en que aún asolaba la mal llamada gripe española, enfermedad que padeció según le relataron y de la que se salvó por poco. El trabajo de su padre llevó a que la familia tuviera distintas residencias: Zaragoza, Barcelona y luego Valencia.

Sería en esta última ciudad donde los encontró el golpe de julio del 36. Luis entonces ya había completado su bachiller y cursaba el segundo año en un colegio industrial.

Eran tiempos de efervescencia política y entusiasmo en los sectores populares ya que habían logrado sofocar la sublevación facciosa en las principales ciudades. Ya en la escuela Luis había adherido a las Juventudes Socialistas por lo que no es de extrañar que desde la primera hora intentara sumarse- sin éxito por su edad o la condición de argentino- a la defensa de la II República.

Fue en diciembre de 1937 cuando finalmente fue admitido en el Cuerpo de Carabineros.

Murgoitio formó parte de la 222 Brigada Mixta enviada a reforzar Teruel durante la contraofensiva franquista que terminó en dura derrota republicana. Los recuerdos de Luis de aquellos días eran de nieve, sangre, hambre y muerte. Luego la BM quedó de relevo como defensa de la región de Levante, estacionada en Murcia.

La distancia corta permitía al joven carabinero acercarse a visitar a su familia en los días de permiso.La ciudad de Valencia, Sagunto y Gandía fueron bombardeadas impiadosamente desde enero del 37 a junio del 38, ya por aire, ya con la artillería de los barcos italianos.

Una de esas bombas, en el 38, alcanzó los depósitos de alcohol vecinos al hogar Murgoitio. La madre murió en esas circunstancias de un ataque cardíaco . Luis llegó a su hogar en el momento en que retiraban del lugar de su cadáver.

En septiembre del 38, el gobierno del Dr Negrín decide el retiro de los extranjeros que luchaban por la causa republicana y Luis estaba, en los papeles, entre ellos.

Una noche Luis cenó con su padre y su hermano, no sabía entonces que ese hasta pronto con el que se despidió era un adiós definitivo.Los extranjeros que se hallaban en el Levante, fueron transportados por vía marítima hacía Barcelona. Para entonces la caída de Catalunya era inevitable.

Desde allí, a pie, transitaron a la frontera en medio de una marea humana de soldados, mujeres, ancianos y niños que buscaban cruzar los Pirineos. Más de 140 km, azuzados por la derrota, el rigor del invierno y los raids de los Savoia que ametrallaban la retirada de El primer «refugio» que brindó Francia fue el campo de Argelès sur Mer.

Una playa perimetrada por alambradas y el mar, sin refugios para dormir, sin sanitarios, sin comida. Custodiados por miembros del ejército colonial francés.

Luis, en sus memorias, recordaba como desde un camión, les arrojaban, casi como divertimento, barras de pan, buscando humillar a esa multitud hacinada y desesperada que había resistido al fascismo hasta el final.

Los extranjeros fueron trasladados al campo de Gurs, en abril de 1939, cuando la guerra de España concluía. En Gurs, había barracas, y la comida, si no mejor que en Argelès, al menos existía.Los voluntarios fueron agrupados por nacionalidad.

Allí Luis afianzó amistad-es posible que se hayan conocido en la concentración de brigadistas latinoamericanos-, con otros hispano-argentinos, Jaime Maimó y Salvador , el Chato, Peris. Los tres habían nacido en Argentina, pero ninguno de ellos guardaba recuerdos de sus días en el país sudamericano.Cuando una amistad nace en las malas, como fue la de ellos, es para toda la vida.

En junio de 1939 llegó la hora de la repatriaciónNo sabemos el barco en que partió un contingente de argentinos desde Burdeos rumbo a Buenos Aires.

¿Qué sueños, qué esperanzas abrigaría Luis?¿Qué habrá sentido al llegar a la ciudad que lo vió nacer y de la que sólo sabía el nombre? Lo cierto es que los recibió la actitud hostil de un gobierno que siempre había simpatizado con los sublevados.

Recluídos en la isla Martín García, fueron separados según les tocara o no cumplir con el servicio militar obligatorio.El único familiar que tenía lo recibió con frialdad, era su padrino, un hombre de convicciones católicas que buscó » reeducar al rojo».

Murgoitio que tenía apenas 20 años, había vivido una guerra, había luchado por ideales, había sufrido la derrota, y aún así estaba convencido que había estado del lado correcto.

Después de un mes en casa de su padrino, decidió irse a vivir con Jaime Maimó y el Chato Peris a una pensión. Empezaba un nuevo capítulo de su vida, pero en su corazón estarían siempre presente e España, la II República y el padre y su hermano pequeño que habían quedado allende el mar.

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