Por Jesus Rivero , Redacción de Revista TU VOZ en Rosario, Argentina.
La próxima batalla tecnológica no tendrá misiles ni títulos apocalípticos, sino contratos de suministro, licencias de exportación y minerales críticos con nombres que casi nadie puede nombrar.
China y Estados Unidos ya están librando una guerra en silencio y el arma principal son las tierras raras y otros materiales críticos.En escena se hace explícito los chips, inteligencia artificial y vetos comerciales, pero en implícitamente se juega algo más delicado. Son los materiales críticos y tierras raras que son el soporte material de los efectos de los dispositivos tecnológicos.
Quien controle los materiales que soportan a esta industria controlara el ritmo de la innovación global.Sin esta base material como las tierras raras y otros materiales críticos la industria de la tecnología avanzada, inteligencia artificial, los centros de datos gigantes y la electrónica de consumo premium se queda cojo. China controla gran parte de las tierras raras clásicas.
También materiales estratégicos como el indio. Se estima que China produce el 70% del indio global, lo que le da una capacidad enorme para marcar el ritmo de la industria que depende de compuestos como el fósfuro de indio.
Este conflicto no es teórico, es netamente político-económico. A comienzos de mayo Donald Trump viajó a Pekín acompañado de un grupo de especialistas y dueños de capitales de la tecnología, entre ellos directivos de gigantes como Nvidia, Apple y empresas de fotónica como Coherent. Uno de los temas fue la ralentización en la concesión de licencias de exportación para fosfuro de indio y otros materiales críticos.
La estrategia de Pekín es más fina. En lugar de bloquear sólo productos terminados, complica o ralentiza el acceso a los materiales que se necesitan para fabricarlos.
Firmas como Lumentum y Coherent en las que Nvidia ha invertido miles de millones de dólares para asegurar módulos ópticos para sus centros de datos, han multiplicado su capacidad con nuevas plantas. Aún así, ya tienen comprometida prácticamente toda su producción para 2026, 2027 y 2028, lo que demuestra la brutal tensión entre demanda y oferta. El cuello de botella no está tanto en las fábricas sino en la materia prima que sigue saliendo mayoritariamente de China.
Es un efecto dominó, que impacta en fabricantes de Taiwán como VPEC o LandMark Optolectronics también están sufriendo interrupciones en el suministro. Una guerra silenciosa que se extiende por todo el mapa tecnológico asiático, americano y europeo, no tiene frontera.