Taty Almeida falleció el domingo 14 de junio de 2026 a los 95 años de edad. La emblemática presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora e icónica referente de los derechos humanos en Argentina se encontraba internada desde hacía tres semanas en el Hospital Italiano de Buenos Aires.
La causa de su muerte que fue informada por hija Fabiana en la que relató que «se fue dormidita», acompañada por sus familiares cercanos y sin sufrir en sus últimos momentos. El velatorio por expreso deseo de Taty, sus restos seran velados a partir de este lunes 15 de junio en la sede del sindicato de telecomunicaciones Foetra (Hipólito Yrigoyen 3171, CABA).
La familia solicito que, en lugar de enviar arreglos florales, se realicen donaciones destinadas al sostenimiento de la organización Madres Línea Fundadora, su legado histórico.
Nacida como Lidia Stella Mercedes Miy Uranga en 1930, su vida cambió por completo tras el secuestro y desaparición de su hijo Alejandro Almeida en junio de 1975, a manos de la organización paramilitar Triple A.
A partir de 1979 se integró al movimiento de las Madres, transformando su dolor en una militancia activa y pacífica por la Memoria, la Verdad y la Justicia que sostuvo durante casi medio siglo. Figuras de todo el arco social, de derechos humanos y político expresaron su profunda consternación ante la pérdida de una de las voces más firmes y queridas del país.
La presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora deja un legado invaluable centrado en la transformación del dolor individual en una lucha colectiva, la defensa irrenunciable de los derechos humanos y el traspaso de la posta militante a las nuevas generaciones.
Los pilares de su legado.
Memoria, Verdad y Justicia: Dedicó más de 50 años a la búsqueda de su hijo Alejandro Martín Almeida —secuestrado en junio de 1975 por la organización paramilitar Triple A—. Exigió siempre «justicia legal» y jamás venganza, impulsando hitos históricos como el informe Nunca Más y los juicios de lesa humanidad.
El traspaso de la posta: En sus últimas apariciones institucionales, como al recibir el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires (UBA), enfatizó que las Madres ya habían transmitido su legado pedagógico a la juventud para continuar la defensa de la democracia.
«No nos han vencido»: Su célebre frase se consolidó como un lema bandera de resistencia política y social frente a la adversidad. Enseñó a encarar la lucha contra la impunidad desde la calidez, la resiliencia y la alegría compartida.
Romper moldes personales: Proviniendo de una familia de origen militar, Taty desarmó sus propios prejuicios al enterarse de la militancia de su hijo, convirtiéndose en una de las referencias éticas más grandes de Argentina.
La conmovedora historia de su hijo Alejandro Martín Almeida vuelve a cobrar una enorme relevancia. Su desaparición fue el motor definitivo que transformó la vida de Taty, llevándola a convertirse en una referente histórica de las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora.
Alejandro tenía 20 años al momento de su secuestro. Vivía con su familia en el barrio porteño de Palermo y cursaba el primer año de la carrera de Medicina en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Al mismo tiempo, trabajaba en el área de publicidad de la agencia estatal de noticias Télam y desempeñaba tareas en el Instituto Geográfico Militar. Desde los 14 años demostró un fuerte compromiso social, dando clases de apoyo escolar en la Villa 1-11 y militaba de forma clandestina en el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), específicamente en la facción ERP-22 de Agosto.
Debido al origen profundamente militar, conservador y antiperonista de la familia de Taty, Alejandro mantenía su militancia en absoluto secreto para protegerlos y evitar conflictos familiares. La desaparición: Ocurrió la noche del 17 de junio de 1975, durante el gobierno constitucional de Isabel Martínez de Perón. Antes de salir, Alejandro miró a su madre y le dijo una frase cotidiana que la acompañaría el resto de su vida: «Esperame mamá, ya vengo, mañana tengo un parcial». Nunca regresó.
Las investigaciones posteriores determinaron que fue secuestrado en la vía pública por la organización paraestatal de derecha Triple A (Alianza Anticomunista Argentina). Testimonios posteriores de sobrevivientes y compañeros de militancia revelaron que Alejandro resistió el cautiverio bajo torturas sin entregar ningún tipo de información. Gracias a su silencio y fidelidad, muchos de sus compañeros.
Días después de su desaparición, Taty Almeida revisó las pertenencias de su hijo y encontró, escondida en una libreta de tapas azules, una agenda con 24 poemas escritos por Alejandro. Taty desconocía por completo la faceta poética de su hijo.Los textos reflejaban que el joven presentía el peligro de muerte debido a su compromiso político. El fragmento más emblemático de sus poesías dice de forma desgarradora.
«Si la muerte me sorprende lejos de tu vientre… si la muerte me abrazara fuerte como recompensa por haber querido la libertad… quisiera decirte mamá que parte de lo que fui, lo vas a encontrar en mis compañeros».
Este hallazgo literario se convirtió en el combustible afectivo de Taty para sostener casi 50 años de militancia activa. En diciembre Taty cumplió el sueño de presentar públicamente el libro póstumo compilatorio titulado «Alejandro por siempre… amor».
Taty Almeida falleció sin poder encontrar los restos de Alejandro. En sus últimas apariciones públicas solía repetir conmovida: «No hago más que pedirle a Dios que no me lleve hasta no poder tocar, aunque sea, los huesos de Alejandro». Pese a que ese deseo físico quedó trunco, la memoria de su hijo permanece intacta en la historia democrática argentina.
Hoy la lucha por la Memoria Verdad y Justicia de Taty Almeida tras su partida continua en quienes dis tras dia buscan a las y los desaparecidos, ni olvido ni perdón. Hasta siempre Taty.