Por: Martha Pérez desdé República Dominicana
El presente artículo no procura definir a su autora como experta en deportes ni fanática de primera fila; sí como ciudadana siempre preocupada por los valores humanos, el respeto mutuo entre las naciones y el fomento del deporte como herramienta para la educación desde las familias, las instituciones y todo espacio de relaciones interpersonales, muy en especial con la mirada puesta en los niños, niñas y adolescentes.
El pasado domingo 19 de julio terminó la Copa Mundial de Futbol 2026 con la victoria de la selección de España, luego de un juego lleno de emociones, carácter, con la selección de Argentina, cuyas simpatías en la fanaticada estaban divididas por naturaleza, y unos que otros fanáticos decían apostar solo al idioma español, una forma de reprochar aquella controversia sobre la errada decisión de la Federación Internacional de Futbol Asociación -FIFA- al prohibir el uso del idioma español para conferencia de prensa.
Decisión que, queremos creer afortunadamente fue repensada ante diversas reacciones, y finalmente, el idioma de la Copa Mundial haya sido el español. En ese contexto, vale destacar como una de las lecciones aprendidas, primero, que dos naciones separadas territorialmente entre océano y kilómetros de distancia, sus selecciones nacionales se han disputado la Copa Mundial con el mismo idioma, lo cual debe haber hecho reflexionar a los ejecutivos de la FIFA, hacia futuros eventos; segundo, algo que quizás muchos desconocen, el español es la segunda lengua del mundo en número de habitantes.

Y en este caso de la Copa Mundial, dos de las tres sedes de este evento suman alrededor de 180 millones de habitantes en idioma español (México y Estados Unidos). Por lo que la reversión de la decisión sobre el idioma fue correcta.
Todas las selecciones, independientemente del legado de los futbolistas famosos mundialmente reconocidos, que se han constituido en marca país, dieron lo mejor de sí jugando con el corazón poniendo en alto sus banderas. Las plazas comerciales en distintos países, fuera de las sedes oficiales, se convirtieron en pequeños estadios donde las gigantes pantallas presentaban las incidencias de las jugadas entre imágenes, colores y sonido ante un público “a casa llena” que olvidaba de pronto no estar en el país sede, disfrutando de un ambiente de confraternidad entre connacionales, muchos, identificando su procedencia en el momento entre conversaciones nacidas de la emoción.
El último día, fue una gran fiesta y celebración de alegría y emoción, donde quedó demostrado que el deporte es una vía idónea para promover la unidad entre los pueblos y acercar a las naciones, en el marco del respeto mutuo, muy a pesar de posiciones adversas mostradas por ciertos líderes políticos que no son capaces de lidiar treguas cuando de respetar derechos ajenos se trata.
Otras lecciones que hemos podido extraer de la Copa del Mundo 2026, como espectadores de la pantalla y asiduos lectores de las incidencias, es cómo los jugadores con su entrega, talento, orgullo patrio y carácter, son fuentes directas de valores importantes como el compañerismo, la disciplina, el respeto por los demás, la paciencia, la humildad, la honestidad, perseverancia, y la deportividad, este último, factor sine qua non que además del respeto a las normas propias del deporte, implica el comportamiento y conducta favorable a la lucha contra la trampa y el engaño.
Cada partido, entre selecciones nacionales de los distintos países participantes, se convierte en una especie de laboratorio para jugadores, jefes de equipos, autoridades estatales, espectadores, destacándose la disciplina, capacidad de pensar en el momento oportuno, el trabajo en equipo, respeto a la diversidad étnica y social.
El factor emocional y psicológico que se distiende en los miles de seres humanos víctimas de las guerras, el genocidio, la segregación y discriminación racial, llevando un poco de medicina a las heridas familiares.
Es el caso de la celebración que pudo verificarse en la momentánea alegría por una noche del pueblo palestino, en medio del horror celebrando el triunfo de España.
En cada país se celebraron a sí mismos y a otros países, con capacidad de resiliencia, cuando sus equipos no alcanzaban la meta esperada. Todo más allá del balón, porque se trataba de la dignidad con la madurez competitiva. Un llamado a resaltar los valores del deporte.
Hoy no se trata de diferenciar las selecciones de España y Argentina en la final, cada una con sus historia y características respetadas, se trata de valorar la esencia de grupo, de identidad. Vale felicitar a la selección de España por conquistar su segunda Copa Mundial de la FIFA. Y la de Argentina por demostrar sus calidades.
Con ellos y con todos, ha ganado el futbol. Cabe resaltar el mensaje que reveló Laminé Yamal sobre lo que le dedicó Lionel Messi con un amistoso abrazo: “Es el mejor de la historia y alguien a quien siempre he admirado. Al final del partido le mostré mi respeto. Me dijo que siguiera mi camino y que el futuro pertenece a nuestra generación. Esas palabras valen tanto como la medalla de oro que llevo en el pecho.”
Esperamos buenas lecciones aprendidas del augurado éxito de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, donde resalte la unidad, la sana competitividad, el respeto mutuo entre las naciones representadas por sus equipos, la libre competencia, y, sobre todo, como ya se demuestra en los cortes publicitarios, enaltecer la igualdad, la equidad, la hospitalidad característica del pueblo dominicano, en el marco de los valores del deporte. Será un gran aporte a la educación en todos los ámbitos de las relaciones humanas.