Irene Montero mueve ficha: ¿puede ser la candidata capaz de volver a unir a la izquierda española?.

Por Adriana F Gomez.

«La decisión de Irene Montero de presentarse a las próximas elecciones generales abre una batalla política que va mucho más allá de Podemos. La propuesta de primarias abiertas y el lema “paz, casa y trabajo” pueden convertirse en el punto de partida de una reconstrucción de la izquierda española».

La política española vuelve a entrar en una fase de movimiento, donde Irene Montero ha anunciado que se presentará a las próximas elecciones generales. Pero el verdadero alcance de su anuncio no está únicamente en su candidatura, sino está en la pregunta que abre: ¿puede esta candidatura convertirse en el punto de encuentro de una izquierda hoy fragmentada? La respuesta todavía no está escrita, pero existe una oportunidad.

Una candidatura que quiere hablar de la vida cotidiana

Una de las claves del discurso de Montero es que intenta trasladar la discusión política desde las grandes consignas hacia los problemas concretos de la mayoría social, la vivienda, los salarios, el precio de los alimentos, la energía, los servicios públicos, la precariedad laboral, la dificultad de formar una familia, la imposibilidad de emanciparse para muchos jóvenes, la situación de quienes regresan a España después de años viviendo en el extranjero y, al mismo tiempo, la cuestión de la paz y el gasto militar.

Su fórmula es sencilla: paz, casa y trabajo, precisamente ahí puede encontrarse una de las claves electorales de su propuesta.Una izquierda que pretenda recuperar capacidad de gobierno no puede limitarse a denunciar a la derecha, sino qué tiene que explicar cómo pretende mejorar la vida de millones de personas.

El gran problema: una izquierda dividida.

El principal obstáculo no está necesariamente fuera, sino dentro, PSOE, Sumar, Podemos, Izquierda Unida y las distintas fuerzas territoriales representan espacios electorales diferentes, pero comparten buena parte de sus preocupaciones sociales. A ello se suman movimientos feministas, organizaciones sindicales, colectivos ecologistas, organizaciones de migrantes, plataformas por la vivienda y sectores ciudadanos que han dejado de votar porque consideran que ninguna opción representa suficientemente sus intereses.

El problema es conocido: la suma de siglas no garantiza una suma de votos, una gran coalición de izquierdas necesitaría algo más que un acuerdo electoral, necesitaría un proyecto y, sobre todo, tendría que responder a una pregunta fundamental:¿para qué queremos volver a gobernar?

Irene Montero ante su mayor desafío político.

Irene Montero tiene algunas ventajas evidentes, tiene reconocimiento nacional, experiencia de Gobierno, una identidad política perfectamente definida, dispone de capacidad comunicativa y de una militancia que conserva un fuerte nivel de movilización.

Pero precisamente esa identidad puede ser también su principal dificultad, ya que para una parte del electorado progresista, Montero representa una izquierda combativa que nunca abandonó determinadas banderas. Para otros sectores, sin embargo, su figura continúa asociada a la etapa más conflictiva de Podemos y a la fuerte polarización que acompañó a aquellos años.

Por eso su desafío no será únicamente ganar unas primarias, sino demostrar que puede liderar algo más grande que Podemos. Las primarias abiertas pueden cambiar las reglas y aquí es dónde aparece uno de los elementos políticamente más interesantes de su propuesta. Montero plantea primarias abiertas, si esa apertura fuese real, podría permitir que el proceso de construcción de la candidatura no quedara limitado exclusivamente a los militantes de una organización.

Ciudadanos independientes, movimientos sociales, sindicalistas, feministas, representantes territoriales, jóvenes, trabajadores, organizaciones de la diáspora y antiguos votantes de la izquierda podrían participar y eso transformaría completamente la naturaleza del proceso.Ya no estaríamos hablando simplemente de elegir a una candidata de Podemos, sino que estaríamos hablando de intentar construir una candidatura ciudadana de izquierdas y ahí puede estar la verdadera oportunidad.

La vivienda podría ser el gran punto de encuentro.

Hay una cuestión capaz de atravesar casi todas las fronteras ideológicas dentro de la izquierda: la vivienda, hoy, un joven que trabaja no puede independizarse, una familia que dedica una parte cada vez mayor de sus ingresos al alquiler, tampoco puede adquirirla. Un trabajador que paga una hipoteca durante décadas, una persona mayor que teme no poder mantener su vivienda, una familia que regresa del extranjero y descubre que volver a España no significa necesariamente poder acceder a una casa, son espacios de realidades cotidianas que serian persinas reales qué podrían definir su voto. La vivienda puede convertirse en el gran campo de batalla electoral.

La pregunta ya no debería ser solamente cuánto crece la economía, sino qué debería ser:¿puede una persona trabajadora vivir dignamente con su salario?.

Y hay otra izquierda que casi nunca aparece en el debate: la diáspora.

Millones de españoles viven fuera de España, son ciudadanos que votan, que mantienen vínculos familiares, que envían recursos, que regresan, que conservan propiedades, que participan de la vida cultural y política española, y que, sin embargo, continúan enfrentándose a enormes dificultades para ejercer plenamente sus derechos políticos y administrativos desde el exterior.

Una gran candidatura progresista podría incorporar la diáspora española como un sujeto político propio. Derecho efectivo al voto exterior, nacionalidad sin obstáculos injustificados, facilidades para el retorno, reconocimiento profesional, acceso a vivienda, sanidad, educación, derechos laborales y refuerzo de los consulados o participación política de los españoles residentes en el extranjero.

La izquierda podría hacer algo que hasta ahora no ha hecho suficientemente: convertir a la diáspora en parte de su proyecto de país.¿Puede haber una gran coalición?. Sí, pero no mediante una simple fotografía de dirigentes, sino una verdadera coalición progresista necesitaría un programa común y mecanismos democráticos para decidir sus candidaturas.

Podría incorporar a Podemos, Izquierda Unida, sectores de Sumar, fuerzas territoriales progresistas y personas independientes, pero también debería dialogar con organizaciones sociales que no quieren convertirse necesariamente en partidos políticos, y debería ser capaz de ofrecer una alternativa a quienes dejaron de votar a la izquierda. Porque el objetivo no puede ser únicamente conservar el espacio electoral existente, tiene que ser recuperar a quienes se fueron.

Ione Belarra e Irene Montero. (EP)

El electorado que puede decidirlo todo.

Hay millones de ciudadanos que no se consideran de derechas pero tampoco encuentran actualmente una opción progresista que les genere suficiente confianza y ahí está una de las grandes bolsas electorales.Jóvenes. Trabajadores precarios, familias con dificultades para acceder a una vivienda, autónomos, empleados públicos, mujeres, pensionistas, migrantes con derechos políticos, españoles residentes en el extranjero, antiguos votantes de Podemos, antiguos votantes de Sumar, votantes socialistas que consideran que el PSOE se ha desplazado demasiado hacia el centro y abstencionistas.

La gran pregunta será si una candidatura encabezada por Montero consigue convencerlos de que esta vez la izquierda puede volver a ganar, ante el riesgo de quedarse en la resistencia.También existe un peligro, una izquierda muy movilizada ideológicamente puede conseguir excelentes resultados entre quienes ya están convencidos y, al mismo tiempo, tener dificultades para crecer.

El reto será pasar de la denuncia a la propuesta, de la indignación a la esperanza, del enfrentamiento con la derecha a una alternativa de país, porque decir que el sistema no funciona puede movilizar.Pero explicar cómo cambiarlo y cómo se financiará ese cambio puede convertir la movilización en confianza.¿Puede Irene Montero encabezar esa reconstrucción?. Todavía es imposible saberlo, pero su anuncio introduce una variable nueva.

Por primera vez en mucho tiempo, la discusión no tiene por qué limitarse a qué partido lidera la izquierda. Puede comenzar a discutirse qué izquierda quiere construir España para la próxima década, y esa diferencia es fundamental.

Si Montero consigue utilizar las primarias abiertas para abrir el proceso a sectores que están fuera de Podemos, su candidatura podría adquirir una dimensión mucho mayor, si, por el contrario, las primarias terminan siendo únicamente un mecanismo interno, su capacidad de expansión será mucho menor.La decisión estará también en manos de las demás fuerzas progresistas.Porque una coalición no puede construirse unilateralmente.

Como reflexión final podriamos decir que la oportunidad de volver a unir a la izquierda en España, se encuentra ante una paradoja.

La derecha ha conseguido convertir la fragmentación de la izquierda en una de sus principales armas electorales. mientras tanto, buena parte de la sociedad continúa enfrentándose a problemas que no tienen color partidario: alquileres imposibles, salarios insuficientes, precariedad, listas de espera, dificultad para emanciparse, pérdida de poder adquisitivo y falta de perspectivas.

Por eso la discusión sobre Irene Montero puede terminar siendo mucho más importante de lo que parece.No se trata solamente de saber si Irene Montero puede ganar unas primarias, la verdadera cuestión es si puede ayudar a construir una nueva mayoría progresista.

Una mayoría que no sea simplemente Podemos, Sumar o PSOE, sino una mayoría capaz de reunir diferentes sensibilidades alrededor de un programa concreto: paz, casa y trabajo. Y quizás haya que añadir una cuarta palabra:democracia.

Democracia para decidir las candidaturas, recuperar la participación ciudadana, garantizar los derechos de quienes viven dentro y fuera de España. Democracia para que la política vuelva a estar al servicio de la mayoría.

Irene Montero ha movido ficha, ahora comienza la verdadera partida y la pregunta ya no es solamente quién será la candidata, sino si existe voluntad política para construir una izquierda capaz de volver a encontrarse.

Y, sobre todo, si esa izquierda será capaz de convencer a millones de españoles de que no están condenados a elegir entre resignación y miedo, porque una gran coalición progresista no debería nacer únicamente para impedir que gobierne la derecha, debería nacer para explicar qué país quiere construir cuando vuelva a gobernar.

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