BRICS: el Sur Global acelera su autonomía mientras Washington defiende el poder del dólar

Redaccion internacionales, por Juan Carlos Alí Torres.

«La XVIII Cumbre de los BRICS, celebrada en Nueva Delhi, muestra un bloque cada vez más amplio y con mayor capacidad de coordinación. Oriente Medio, la reforma de las instituciones internacionales y la construcción de sistemas de pago alternativos al dólar ocuparon el centro de una reunión que vuelve a plantear una pregunta fundamental: ¿está cambiando el equilibrio económico y político mundial?»

Nueva Delhi.

La XVIII Cumbre de los BRICS, celebrada en Nueva Delhi los días 12 y 13 de septiembre de 2026 bajo el lema “Construir para la Resiliencia, la Innovación, la Cooperación y la Sostenibilidad”, dejó una señal política que trasciende las declaraciones diplomáticas habituales: el Sur Global continúa construyendo mecanismos destinados a reducir su vulnerabilidad frente a las estructuras financieras y geopolíticas dominadas históricamente por Occidente.

La ampliación del grupo hasta 11 miembros plenarios, las profundas diferencias existentes entre algunas de sus economías y la creciente tensión en Oriente Medio no impidieron que los dirigentes alcanzaran una declaración conjunta de 140 puntos.

El resultado no supone la creación de una moneda común ni el nacimiento de una estructura económica equivalente a la Unión Europea, pero sí confirma una tendencia estratégica: los BRICS buscan disponer de mayores herramientas para comerciar, financiarse y relacionarse entre sí sin depender exclusivamente de las instituciones y monedas occidentales.

Oriente Medio entra en el centro de la agenda.

La crisis de Oriente Medio condicionó buena parte de las conversaciones. Las diferencias entre algunos miembros, particularmente entre Irán y Emiratos Árabes Unidos, obligaron a intensas negociaciones diplomáticas para alcanzar un lenguaje común.

Finalmente, la declaración expresó una condena a los ataques contra infraestructuras civiles e instalaciones nucleares y reclamó la máxima moderación ante la escalada militar. El bloque también reafirmó su rechazo al desplazamiento forzado de la población palestina.

El significado político de esta posición es relevante. Los BRICS no constituyen una alianza militar y sus miembros mantienen relaciones muy diferentes con Estados Unidos, Israel, Rusia, China y las potencias regionales de Oriente Medio. Sin embargo, la capacidad de alcanzar una posición común sobre uno de los conflictos más sensibles del planeta demuestra que el grupo pretende convertirse también en un espacio de concertación diplomática.

El verdadero desafío: construir alternativas financieras.

Uno de los debates que mayor atención internacional despertó antes y durante la cumbre fue el futuro del dólar. Durante los últimos años, la utilización de las sanciones financieras y del sistema internacional de pagos como instrumento de presión geopolítica ha llevado a numerosos países a buscar mecanismos que reduzcan su exposición a posibles bloqueos.

Pero los BRICS no dieron el paso hacia una moneda única.La razón es fundamentalmente pragmática. Las enormes diferencias entre las economías integrantes, sus políticas monetarias y sus intereses nacionales hacen que una moneda común sea, al menos por ahora, una posibilidad técnicamente compleja y políticamente difícil.

La estrategia elegida es diferente: aumentar el uso de las monedas nacionales.En este proceso aparecen iniciativas como BRICS Pay, concebido como una infraestructura de pagos que permita facilitar las operaciones transfronterizas, así como proyectos de interconectividad financiera y mecanismos destinados a conectar monedas digitales emitidas por bancos centrales.

El objetivo no es necesariamente sustituir mañana al dólar. Es crear alternativas.Y esa diferencia resulta esencial para comprender lo que está ocurriendo.

Modi ha recibido a Putin antes de la cumbre de los BRICS que se celebra el fin de semana en Nueva Delhi. (AFP)

Del dólar único, a un sistema financiero más fragmentado

Durante décadas, gran parte del comercio internacional, las reservas de los bancos centrales, las materias primas y las operaciones financieras globales han estado vinculadas al dólar estadounidense.

Esa posición proporciona a Estados Unidos una enorme capacidad de influencia. Cuando Washington impone sanciones financieras, restringe el acceso a determinados mercados o utiliza mecanismos vinculados al sistema financiero internacional, las consecuencias pueden extenderse mucho más allá de las fronteras estadounidenses.

Rusia, China e Irán son algunos de los países que han acelerado la utilización de monedas nacionales para determinadas operaciones comerciales. En el caso del comercio bilateral entre Rusia y China, el peso de las monedas locales se ha convertido en un elemento cada vez más importante.

La tendencia puede resumirse en una frase: el mundo no está abandonando de golpe el dólar, pero está intentando depender menos de él.Esa diferencia explica por qué Washington observa el proceso con atención.

La respuesta de Estados Unidos.

La administración de Donald Trump ha adoptado una posición particularmente dura frente a cualquier intento de construir una arquitectura monetaria que pueda erosionar el papel internacional del dólar.

Washington ha amenazado con imponer aranceles de hasta el 100% a países de los BRICS que impulsen activamente mecanismos destinados a sustituir al dólar en el comercio internacional o respalden una moneda común alternativa.

La advertencia refleja la importancia estratégica que Estados Unidos atribuye a su moneda, para Washington, la cuestión no es solamente monetaria. El predominio del dólar está relacionado con el poder financiero, comercial y diplomático estadounidense.Sin embargo, la estrategia de la Casa Blanca combina la presión con el pragmatismo.India constituye uno de los mejores ejemplos.

India, entre Washington y Pekín.

Narendra Modi ocupa una posición particularmente delicada.India forma parte de los BRICS y defiende una mayor autonomía estratégica, pero al mismo tiempo mantiene importantes relaciones económicas y de seguridad con Estados Unidos.

Washington ha utilizado esa realidad para desarrollar una política bilateral destinada a impedir que los BRICS evolucionen hacia un bloque completamente alineado contra los intereses estadounidenses. Las recientes negociaciones comerciales entre Estados Unidos e India, que contemplaron una reducción sustancial de los aranceles desde niveles del 50% hasta el 18%, ilustran esa estrategia.

Nueva Delhi, por su parte, ha evitado comprometerse con una desdolarización radical.India quiere fortalecer la rupia y ampliar su autonomía financiera, pero tampoco parece dispuesta a reemplazar la dependencia del dólar por una dependencia del yuan chino.

Este punto revela una de las principales características de los BRICS: no son un bloque homogéneo. China y Rusia tienen intereses diferentes a los de India. Brasil mantiene una política exterior distinta a la de Irán. Los países del Golfo tienen vínculos históricos con Washington mientras profundizan simultáneamente sus relaciones con Pekín, Moscú y Nueva Delhi.

Por ello, hablar de los BRICS como un nuevo bloque político-militar enfrentado a Occidente sería simplificar una realidad mucho más compleja.

La reforma de las instituciones internacionales.

Otro de los grandes capítulos de la declaración de Nueva Delhi fue la reforma de la gobernanza mundial.Los BRICS reclamaron cambios estructurales en instituciones como el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

La reivindicación parte de una realidad histórica: la arquitectura institucional creada después de la Segunda Guerra Mundial continúa otorgando una representación desproporcionada a las potencias que dominaron el sistema internacional durante el siglo XX.

India y Brasil aspiran a desempeñar un papel mucho mayor en la toma de decisiones internacionales, incluida la posibilidad de obtener un asiento permanente en el Consejo de Seguridad.

Para los países emergentes, la cuestión ya no es únicamente quién controla el dinero, sino también quién establece las reglas.

Antiterrorismo y seguridad.

La declaración también incorporó una condena enérgica a los ataques terroristas regionales, incluido el atentado de Pahalgam, y reafirmó el compromiso de los miembros para combatir el financiamiento y el movimiento transfronterizo de grupos radicales.

Este apartado permite observar otra dimensión de los BRICS: su transformación gradual desde una plataforma esencialmente económica hacia un mecanismo de cooperación política más amplio. No significa que exista una política exterior común. Significa que existe una creciente voluntad de coordinar posiciones en determinadas cuestiones estratégicas.

¿Está realmente en peligro la hegemonía del dólar?.

Aquí aparece una de las grandes controversias. Desde determinados sectores del debate geopolítico se presenta el proceso de desdolarización como el comienzo del final de la hegemonía estadounidense. La realidad es bastante más compleja.

El dólar continúa contando con ventajas extraordinarias: profundidad de los mercados financieros estadounidenses, liquidez, confianza internacional, capacidad de financiación y una enorme red de instituciones financieras vinculadas a la moneda.

Por eso, incluso algunos de los países que impulsan mecanismos alternativos continúan utilizando dólares en una parte significativa de sus operaciones internacionales.

El desafío de los BRICS no consiste necesariamente en derribar al dólar de un día para otro, sino que su objetivo parece más realista: construir un mundo en el que el dólar deje de ser la única vía prácticamente imprescindible para una parte importante del comercio internacional.

Un mundo de varias monedas.

Si esta tendencia continúa, el resultado podría no ser una nueva moneda dominante, sino un sistema internacional mucho más fragmentado. El yuan, el euro, la rupia, el rublo, el real y otras monedas podrían incrementar su utilización en operaciones regionales.

Las monedas digitales de los bancos centrales podrían facilitar nuevas formas de liquidación comercial, y plataformas como BRICS Pay podrían reducir la necesidad de utilizar determinadas infraestructuras financieras occidentales. Esto no significa que el dólar vaya a desaparecer, sino que significa que su posición podría evolucionar desde una hegemonía casi incuestionable hacia una posición dominante dentro de un sistema financiero progresivamente multipolar.

El verdadero desafío para Washington.

La cuestión fundamental para Estados Unidos no es que mañana exista una moneda BRICS capaz de sustituir al dólar. El problema estratégico sería otro: que China, India, Rusia, Brasil, Irán y otros países consigan desarrollar suficientes mecanismos alternativos como para que las sanciones financieras estadounidenses pierdan eficacia.

Ese escenario modificaría una de las principales herramientas de poder de Washington, por eso las amenazas arancelarias deben interpretarse dentro de una disputa mucho mayor: la lucha por definir quién controla las infraestructuras económicas del siglo XXI.

Conclusión: la multipolaridad ya no es una hipótesis.

La XVIII Cumbre de los BRICS no ha creado una nueva moneda mundial ni ha establecido una alianza política uniforme contra Estados Unidos.

Pero tampoco puede interpretarse como una reunión diplomática más, el dato más importante es la persistencia de un proceso de transformación, dónde el Sur Global reclama mayor representación en las instituciones internacionales, busca comerciar utilizando sus propias monedas, desarrolla infraestructuras financieras alternativas y aumenta la coordinación política entre países que hace apenas unas décadas tenían una influencia mucho menor en la economía mundial.

Estados Unidos conserva una posición extraordinariamente poderosa, dónde el dólar sigue siendo la principal moneda internacional y Wall Street mantiene una capacidad financiera difícil de igualar, pero el mundo que permitió esa hegemonía está cambiando.

La cuestión ya no parece ser si los BRICS sustituirán al sistema financiero occidental, sino hasta qué punto serán capaces de construir un segundo sistema que conviva, compita y reduzca la dependencia del primero y en esa transición se encuentra una de las grandes batallas geopolíticas de nuestro tiempo: no solamente por el petróleo, el gas, las materias primas o las rutas comerciales, sino por algo todavía más importante: quién tendrá capacidad para decidir las reglas económicas del mundo que viene.

Fuentes : Agencias noticias y Wikipedia

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