Por Walter C. Medina
ENTREVISTA A NÉSTOR PRIETO.
Entrevistado por Francisco López para el programa radial “Cenizas de Babilonia. Diáspora Española”-que emite AM830 Radio del Pueblo- el periodista español especializado en Relaciones Internacionales, Geopolítica y Política Exterior, Néstor Prieto, hizo un pormenorizado análisis de la situación por la que atraviesan las democracias en América Latina.
Desde Buenos Aires, el también Politólogo y Escritor –autor del libro Imperio Herido. Trump y la transición a un nuevo orden global (publicado por New Books en 2026), un análisis sobre el declive de la hegemonía estadounidense”, se refirió a las razones por las que las fuerzas de extrema derecha están ganando terreno en la región.
“La extrema derecha ha aprendido de Trump en cuanto a apelar a la emoción, a la hiperactividad en las redes sociales. Ha sido capaz de articular discursos que conectan, que por el momento se están mostrando productivos, y que están sumiendo a América Latina en una nueva ola conservadora que no es la derecha, el centro derecha o la derecha conservadora nacional católica, más o menos autoritaria; es una nueva derecha con autoritarismo, pero que incluye una etapa de desprecio evidente hacia lo que habían sido el gran consenso de las democracias liberales”.
¿Qué similitudes encuentras en la mayoría de las elecciones de la región? ¿Qué patrón es el que se repite en todas estas elecciones?
Es una pregunta muy pertinente; estamos ante una derechización acelerada de Latinoamérica, y no es accidental, es una derechización que viene influida claramente por el regreso a la Casa Blanca de Donald Trump. Desde que Trump regresa a la Casa Blanca en enero de 2025, si no me equivoco han sido siete las elecciones presidenciales que ha habido en América Latina, y en todas ellas han ganado los candidatos de la derecha; y han ganado imitado el fondo y las formas de Donald Trump.
Los ejemplos más recientes son De la Espriella en Colombia o Keiko Fujimori en Perú, pero si nos vamos un poquito más allá estaría Daniel Noboa en Ecuador, Nasry Asfura en Honduras. Abramos tanto como abramos el foco, encontramos que hay un patrón claro y preestablecido que es el de derechas autoritarias que están echando sal sobre las heridas que hay en América latina, que son heridas objetivas, que son la inseguridad, la desigualdad, y que alimentan los fallos del Estado, de estos Estados latinoamericanos que nacieron muchos de ellos amputados por debilidades heredadas, inducidas por el Imperialismo, por la dependencia económica, pero debilidades al fin de cuentas.
Y en todos estos países donde las bolsas de pobreza siguen siendo enormes –y eso lleva a la desesperanza-, donde la criminalidad sigue siendo enorme –y eso lleva al temor-.
La extrema derecha que ha aprendido de Trump en cuanto a apelar a la emoción, en cuanto a la hiperactividad en las redes sociales, ha sido capaz de articular discursos que conectan, que por el momento se están mostrando productivos, y que están sumiendo a América Latina en una nueva ola conservadora que no es la derecha, el centro derecha o la derecha conservadora nacional católica, más o menos autoritaria; es una nueva derecha con autoritarismo, pero que incluye una etapa de desprecio evidente hacia lo que habían sido el gran consenso de las democracias liberales. Otro ejemplo es Costa Rica, en donde ha ganado la candidata de la extrema derecha despreciando algunas de las restricciones que había en la Constitución.
Abelardo de la Espriella ya ha prometido mano dura, incluso reformando la Constitución en Colombia. Keiko Fujimori llega sobre la Constitución que aprobó su padre, Alberto Fujimori. Estamos en una América Latina que se está derechizando y que está en una dinámica muy preocupante.
Pepe Mujica decía que la derecha se une por objetivos mientras que la izquierda se separa por el debate de ideas. ¿Crees que está sucediendo esto?.
Yo creo en primer lugar que la política está cambiando a contramano de lo que es nuestra cultura política. Venimos de culturas políticas colectivas, debate alargado, de énfasis en las comas, en los puntos, en los puntos y coma, en los acentos. Y la política actual es individualista, rápida, y que se centra en grandes ideas, no en pequeños disensos que a nosotros nos pueden desorientar. Tenemos extremas derechas que leen muy bien todo este eco-sistema, que articula muy bien desde las redes sociales, y yo creo que nosotros no tenemos muy bien trabajado ese ecosistema a nivel de redes sociales, las redes sociales que se vinculan con el lobby, el lobby que se vincula con el partido político que a su vez se vincula con la fundación; todo eso está muy bien articulado en América Latina a través del Atlas Network, La Derecha Diario, la Fundación Disenso, el Foro de Madrid.
Nosotros o tenemos nada replicable… hablan del Foro de Sao Pablo como si eso existiese y fuese temible de verdad, y eso no es así. En segundo lugar, América Latina tiene una tradición caudillista desde la independencia. Los nombres de América Latina se escriben en masculino singular y en primera persona. Desde San Martín a Bolívar; y todas esas costumbres encauzan muy bien con grandes líderes.
La ola de grandes liderazgos de América Latina existió y se la reconoce, pero nuestras organizaciones no han sido capaces de generar relevos colectivos y coordinados. Quizás la única excepción sea el Frente Amplio en Uruguay, donde tuvimos a Pepe Mujica, a Yamandú Orsi, a Tabaré Vázquez, pero en Brasil si no está Lula no ganamos; en Argentina Cristina sigue siendo la gran operadora, en Ecuador es Correa quien lo mueve, en Bolivia cuando sale Evo se da una transición fallida.
Por lo tanto: Liderazgos que no han sabido regenerarse, un uso de las redes sociales que está siendo muy bien explotado por la derecha, con ecosistemas que se mueven mejor que los nuestros, y –en último lugar-, culturas políticas actuales que nos pillan a contramano; con individualismos más exacerbados y con discursos de odio más grandilocuentes que son más destructivos y más fáciles de digerir que los nuestros.
¿Cuándo va a ser Palestina un país estable y cuándo se va a librar de la presión sionista del gobierno de Israel? Como integrante de la Flotilla Samud, ¿qué pudiste palpar en la tripulación y qué sentiste al ser detenido?
Mira, mi libro se llama “Imperio Herido”. Y hablo de un imperio herido porque hay un momento en el que el Imperialismo, el sistema internacional está en transformación; estamos yendo de un mundo unipolar hacia un mundo multipolar que aún no se ha configurado, pero estamos en un proceso de transformación. Y en las transformaciones en geopolítica no hay espacios vacíos; la geopolítica es un juego de suma cero.
El espacio que pierdes tú es un espacio en el que asume otra persona. Si no estás sentado en la mesa es porque eres el plato. Y creo que Estados Unidos puede ser el ejemplo más elocuente de violencia por lo que estamos viendo en Irán, por lo que hemos visto en Venezuela, en Nigeria, en Sudán y en otros sitios que no son tan mainstream; pero Palestina yo creo que es la prueba de cómo la violencia es el lenguaje que se está utilizando en esta transición.
El mundo está cambiando, hay que encontrar nuevos equilibrios; Israel demuestra que a través de la violencia elevado a nivel de limpieza étnica que tiene en Gaza a su máximo exponente, pero tiene en el Líbano, tiene en Siria, en tantos sitios y en tantas ramificaciones la demostración de que la violencia es capaz, al día de hoy, de reconfigurar el tablero.
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