Por Jesús Rivero, Escritor y comunicador Rosario Argentina
Durante años, la competencia entre Estados Unidos y China en América Latina y el Caribe se ha interpretado como una disputa económica. Pekín aumentó su comercio en la región, financió infraestructuras, expandió su presencia empresarial y logró que varios países rompieran relaciones diplomáticas con Taiwán para reconocer a China.
Bajo esta lógica la influencia económica debía traducirse gradualmente en influencia política. El comercio entre China y América Latina y el Caribe alcanzó en 2024 un nivel récord de aproximadamente 518.470 millones de dólares frente a 12.000 millones de dólares en el año 2.000. China se ha convertido en un actor principal comercial para buena parte de sudamérica. Especialmente en países como Brasil, Perú y Chile.
China sigue compitiendo principalmente mediante comercio, inversión, infraestructura y financiamiento. Estados Unidos por su parte, parece estar reconstruyendo influencia a través de instrumentos políticos: respaldo a candidatos alineados ideológicamente y políticamente, cooperación en seguridad, política migratoria, apoyo financiero selectivo y presión diplomática.
Honduras con Xiomara Castro a la cabeza era otra cosa. Con Nasry Asfura como candidato cambió y fue respaldado política y financieramente por Estados Unidos. El gobierno ha revisado acuerdos firmados bajo la administración anterior y han surgido problemas por los proyectos con Huawei, así como la posibilidad de sustituir tecnología china por estadounidense.
Perú ofrece otro ejemplo con el puerto de Chancay que es uno de los proyectos de infraestructura más relevantes de China en América Latina. Desarrollado por Cosco Shipping el megaproyecto que busca convertir a Perú en un centro logístico del Pacífico sudamericano y facilitar el comercio entre Sudamérica y Asia.
Sin embargo, el nuevo liderazgo peruano puede y debe buscar nuevas relaciones con Washington. Keiko Fujimori busca este acercamiento a Estados Unidos. En lo que respecta a Chile es el país que más relaciones comerciales tiene con China, una relación asimétrica.

Pekín compra más del 40% de las exportaciones, especialmente cobre para vehículos eléctricos, redes eléctricas, energías renovables y manufacturas avanzadas. Sin embargo la elección de José Antonio Kast significa un giro hacia la derecha y un guiño de sometimiento seguro hacia Estados Unidos.
En lo que respecta a Argentina, en la actualidad es el alineamiento más marcado con Washington, con un mecanismo de intercambio de divisas por 20.000 millones de dólares y la compra de pesos argentinos.En esta disputa geopolítica, el que lleva la delantera es China ya que resulta más sencillo mantener mercados que influencias diplomáticas.