Cuando la democracia abandona al pueblo: una clase sobre política.

Por Juan Carlos Monedero

¡Cuando la democracia abandona al pueblo, una clase sobre política!. se lo dedicamos a Taty Almeida, madre de la Plaza de Mayo, que se ha ido a la eternidad.

Cuando se miran los discursos incendiarios de Abelardo de la Espriella en Colombia, de Ricardo Salinas Plego en México, de Javier Milei en Argentina, de Najib Bukele, el Salvador de José Antonio kast en Chile, de la familia Bolsonaro entera en Brasil, o de las extremas derechas españolas del PP y de Vox, queda claro que dan por amortizada la democracia parlamentaria.

Dejan claro que les molesta, que les sobra. Nunca han aceptado perder las elecciones, pero ahora han decidido quitarse los complejos ayudados por Donald Trump. Estas derechas amenazan a sus adversarios políticos e incluso a sus propios disidentes.

Señalan y estigmatizan a la izquierda en sus medios y en sus redes, (que son todas). Los acusan y condenan con jueces prevaricadores, los inhabilitan de sus cargos públicos, los meten sin pruebas en cárceles de alta seguridad, les privatizan la sanidad, la educación, el transporte, el agua, le entregan la vivienda a multinacionales y plataformas o al turismo, persiguen a las familias de los líderes de la izquierda o simplemente de los progresistas, limitan las manifestaciones y las huelgas, persiguen a los sindicatos, se apoyan en Estados Unidos para perseguir adversarios en sus propios países y ahora prometen con mandar al paro a una parte importante de la fuerza laboral mediante el uso de la inteligencia artificial.

Los pueblos que perdieron gobiernos progresistas, esos gobiernos que sacaron a millones de personas de la pobreza y que devolvieron la dignidad a los sectores populares y a las clases medias, no están dispuestos a seguir perdiendo derechos y se están echando a las calles.

Echemos una ojeada Bolivia, Argentina, Chile, Incluso en Estados Unidos y ahora prometen hacerlo en Colombia si gana el abogado de paramilitares y de narcos Abelardo de la Espriella.

¿Por qué es que además ese pueblo tiene la sensación de que les están robando las elecciones con trampas, comprando votos, manipulando los medios de comunicación, contando los votos en las embajadas y consulados norteamericanos, en los del extranjero, confundiendo a la gente las redes, financiando campañas millonarias, acorralando en definitiva a la izquierda? Y la pregunta de fondo es, ¿con qué fin?.

Durante la guerra fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, los servicios secretos occidentales siempre usaron la violencia como falsa bandera para golpear a la izquierda. En Italia era común porque el Partido Comunista era muy fuerte y entonces era el propio sistema al que atenta para echarle la culpa a la izquierda.

En España, cuando los islamistas atentaron en los trenes de cercanía de Atocha en Madrid, el presidente José María Aznar dijo que había sido ETA. ¿Por qué? Para intentar sacar rédito electoral. ¿Qué tiene que hacer la izquierda en un momento de vaciamiento democrático? Estados Unidos, que se ha deslizado hacia una monarquía teocrática, aunque aún aguantan algunos jueces y algunos congresistas, ha perdido la guerra con Irán.

Irán, que por cierto, es una república teocrática y lo que han acordado es humillante para Trump, reparaciones de guerra, fin de todas las sanciones contra Irán, incluida las que frenaban la venta de petróleo, control iraní, del estrecho de Ormuz, todo muy material.

Lo único que interesa en este momento histórico son las cosas del dinero y también de la energía atómica y armas nucleares (no son parte de lo mismo porque a Corea del Norte no la tocan porque tiene armas nucleares). Y mientras todo el mundo habla de dinero, en la izquierda, (que siempre ha hablado de valores), anda despistada, como una cabra en un submarino.

¿Qué tiene que hacer la izquierda hoy? Pues buenos diagnósticos y no tomar decisiones apresuradas. Si algo desearía la derecha mundial es que regresara la lucha armada, que regresara la violencia. Después de la caída de la Unión Soviética, toda la izquierda mundial entendió que la única vía de acceso al poder político era la vía electoral.

Una parte importante de la izquierda, la socialdemócrata, (ya la había hecho). Después de la Segunda Guerra Mundial ayudados por la puesta en marcha de los estados sociales en Europa, en América Latina, (Sataria) lo hicieron los estados, desarrollistas. Y se justificaba en la renuncia al asalto, al Palacio de Invierno y a la vía insurreccional porque se conseguían mejoras para las mayorías.

Salvo claro está en los lugares donde la represión y la pobreza no dejaban muchas salidas. Lo que Antonio Gramsci filósofo y ex diputado del Reino de Italia había explicado para los países europeos (también vale para América Latina). Decía el político italiano nacido en Cerdeña que no era tan sencilla la toma del poder político como habían hecho Lenin y los bolcheviques en Rusia en octubre de 1917.

Esa guerra de posiciones no era posible en Italia. ¿Por qué? Pues porque la conciencia de los sectores populares era otra. Convenía entonces una guerra de movimientos que había que entenderla como un ataque dual a las posiciones del viejo régimen.

En primer lugar un ataque ocupando los espacios en el estado, poco a poco, de un estado entendido de forma ampliada. Es decir que el estado eran los espacios más identificables con el estado, los parlamentos, los municipios, lograr puestos de funcionarios en la judicatura, pero también en el estado ampliado en los medios de comunicación, (en la Super Bowl, en la iglesia o en el Mundial de Fútbol). Esa ocupación paulatina de los espacios del estado debía acompañarse y de ahí la idea de dualidad de la lucha de masas en la calle, que hoy diríamos tiene que ser igualmente paulatina en una huelga general revolucionaria que va a conseguir todos los cambios, no, va construyéndose en cada manifestación, en cada marcha, en cada protesta, en cada disidencia con voluntad democrática.

Es decir, en cada disidencia, en cada protesta que reclama derechos para todos y todas, no para una minoría, y entonces va actuando como una escuela de ciudadanía. Después de la caída de la URSS todo cambió. El 4 de febrero de 1992 tiene lugar en Venezuela la operación Zamora 4F y Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 liderado por Hugo Chávez y otros cinco coroneles que se alzaron contra el gobierno corrupto del presidente Carlos Andrés Pérez, que había llegado al gobierno de Venezuela prometiendo no aplicar los ajustes neoliberales del Fondo Monetario Internacional.

¿Y qué hizo? Pues que no solamente los aplicó de inmediato, con enormes subidas del precio de la gasolina y de los transportes, sino que ante el levantamiento popular en Caracas mandó reprimir a sangre y fuego, en lo que se conoce como el Caracazo y donde algunos militares de extracción popular se les multiplicó la conciencia como a Chávez.

El intento de Chávez fracasó en ese alzamiento, pasó dos años en la cárcel, hasta que el presidente Caldera los indultó. El famoso por ahora de Chávez sería sustituido por la renuncia a la lucha armada, por presentar hasta las elecciones y luego ganar en el 98.

El 1 de enero de 1994 los zapatistas del EZLN se levantaron con armas en Chiapas contra el gobierno neoliberal del PRI y la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio, que implicaba que los indígenas iban a perder los derechos sobre sus tierras. En San Cristóbal de las Casas y en Ocosingo tuvieron éxito, tomando como prisionero de guerra a un ex gobernador de Chiapas y al general, Absalon Castellanos Dominguez. Doce días después y tras una oferta de diálogo del presidente Carlos Salinas, dejaron las armas reales y cargaron fusiles de madera, lo que les dio una presencia y una legitimidad internacional en sus reclamaciones.

La caída de la Unión Soviética no era solamente el fin de cualquier ayuda militar a los levantamientos en el mundo occidental, sino que se disipó también el referente hacia el cual de manera consciente, de manera inconsciente, digo inconsciente porque, aunque esos movimientos buscarán imitar a la URSS, aunque lo hicieran o no lo hicieran, así se lo iban a atribuir los medios.

Es decir, la URSS, si quisiera o no, era el espejo de la izquierda, incluso de las fuerzas socialistas y comunistas que habían roto con la Unión Soviética, (principalmente por el estalinismo), la desaparición de la patria de Lenin implicaba que toda la izquierda iba a ser vista como carente de un proyecto alternativo.

Con el cambio de siglo y desde la victoria de Chávez en 1998, la izquierda latinoamericana deja atrás la lucha armada y empiezan a ocupar los palacios de gobierno, antiguos guerrilleros o militares que protagonizaron actos armados y entonces nos encontramos con que Chavez en Venezuela, Daniel Ortega en Nicaragua, Álvaro García Línera en Bolivia, Dilma Salvador, Salvador Sánchez, Lucia Topolanski, Pepe Mujica en Uruguay, Gustavo Petro en Colombia y toda la izquierda asume el nuevo momento.

El poder político se gana en las urnas y es precisamente el fin de la lucha armada, lo que va a permitir que la izquierda empezará a ganar elecciones. En España nunca hubiera existido el 15M, el movimiento indignado ni podemos, si se hubiera seguido matando. Hay una idea clave, los partidos de izquierda, los viejos y los nuevos, los dirigentes y los militantes, los votantes, los medios progresistas, los intelectuales, toda la familia de la izquierda abrazó el liberalismo político, es decir, la democracia parlamentaria, la lucha electoral que lo que hace es autorizar a través de elecciones libres a los representantes políticos en el poder legislativo y en el ejecutivo, ahora en México también en el judicial.

Y ayudó a que la izquierda asumiera esta democracia liberal, no solamente que ya no había alternativa en el horizonte, recordemos que Francis Fukuyama politólogo estadounidense publicó en 1992,( justo recién caída de la Unión Soviética), el libro El Fin de la Historia, pero es que también los gobiernos de la llamada década del cambio pudieron cambiar cosas, juzgaron y encarcelaron a represores, el caso Claro de Argentina, redistribuyen la renta, acabaron con el analfabetismo, establecieron derechos sexuales a las minorías, fomentaron la igualdad de la mujer, sacaron a millones de personas de la pobreza, abrieron las universidades a los sectores populares, impulsaron de diferentes maneras la sanidad pública, construyeron vivienda, mejoraron los transportes, la soberanía nacional se recuperó dándole dignidad a los pueblos, restablecieron una base fiscal en los estados, nacionalizaron bienes esenciales, redujeron el poder de las multinacionales, es decir, no cambiaron el sistema, pero se pudo empezar a hablar de algo como el posneoliberalismo.

Es aquí donde nace la trampa, creyeron todos ellos, todos nosotros, que el sistema era verdaderamente democrático, pero las élites latinoamericanas, que al igual que las europeas, no supieron oponerse a las primaveras ciudadanas y a los levantamientos indignados, empezaron a reaccionar, ayudados por unos de Estados Unidos que habían visto como perdían influencia en lo que siempre había sido su patio trasero, enredados en oriente medio, y como estaban perdiendo apoyo de los que habían sido sus socios privilegiados, y entonces pasaron tres cosas, la derecha se fue corriendo hacia la extrema derecha, que es una derecha que ya no está dispuesta a cumplir ninguna regla del contrato social, allí donde había asistido la democracia cristiana o derechas institucionales, el PRI dejó paso a Meloni, a Orban, a Macri, a Millei, a Bolsonaro, alternativa por Alemania, a Novoa, a Narendra Modi, a los Ricardos Salinas, es lo que alguna autora ha llamado un «momento nihilista» en la política ocurre cuando la sociedad pierde la fe en las instituciones, los relatos colectivos y la posibilidad de un cambio positivo.

Esto es un momento político donde todo vale para la derecha, donde van a votar el pueblo a líderes que les van a autorizar a dejar atrás los escrúpulos, es lo que resumía Trump, diciendo que podía disparar a alguien en la quinta avenida y nadie le diría nada, el segundo lugar es a extrema derecha empezó a hacerse una democracia iliberal un sistema híbrido donde los gobernantes son elegidos mediante elecciones populares, pero ignoran los límites constitucionales y restringen las libertades civiles. Iliberal, es un concepto adelantado por el argentino O’Donnell y acuñado por Farez Zacaría, es decir, la democracia Iliberal cumplía con los requisitos de hacer elecciones, pero entrampada prácticamente todo lo demás, incluido el no respetar las bases de las elecciones, y en tercer lugar la democracia empezó a vaciarse a pasos agigantados, Colin Crouch la había visto con claridad en 2004 en su libro POS democracia, este politólogo británico sostenía que las democracias occidentales, sobre todo sobre la base del bipartidismo mantenían intactas sus formas externas, elecciones, parlamentos, libertad de prensa, pero habían perdido su sustancia, el poder real había migrado silenciosamente hacia las grandes corporaciones transnacionales, financieras y ahora tecnológicas, que tienen por su enorme poder económico la capacidad de condicionar las decisiones de gobiernos elegidos democráticamente y que no, estas multinacionales no responden a ningún electorado, este vaciamiento tiene su herramienta en partidos políticos convertidos en carteles, en maquinarias de marketing sin arraigo social.

Las funciones públicas se privatizan, se crean actores con acceso privilegiado al poder sin ninguna rendición de cuentas democrática, pensamos que el ejército norteamericano acaba de nombrar tenientes coroneles a cuatro grandes responsables de las tecnológicas de Palantir, de Open Eye, de Meta (Los máximos responsables y directores ejecutivos (CEO) de estas empresas tecnológicas líderes son: Palantir Technologies: Alex Karp es el cofundador y actual CEO de la compañía de software y análisis de datos Palantir .OpenAI: Sam Altman es el director ejecutivo y cofundador de la organización de inteligencia artificial Open al Meta: Mark Zuckerberg es el fundador, presidente y CEO de Meta (matriz de Facebook e Instagram).

Al final la política se reduce a un espectáculo mediático donde los ciudadanos son interpelados como consumidores, no como participantes. El sociólogo y politólogo británico Colin Crouch señalaba además que la socialdemocracia europea fue cómplice y activa que este proceso, igual que el PRI, igual que toda la internacional socialista, porque aceptaron las premisas del neoliberalismo, abandonaron sus bases sociales tradicionales y dejaron sin representación a amplios sectores populares, por eso la nueva política inventa nuevos partidos.

La posdemocracia no es dictadura ni colapso, es algo más perturbador, más inquietante, una democracia que además ha encontrado su legitimación afirmando que no hay alternativa, no hay nada que hacer, son los populistas y dicen hay que luchar contra los inmigrantes, tenemos que construir una nación excluyente, tenemos que defender de manera autoritaria la seguridad y la paradoja, como decía, es que las derechas pese a que ese sistema es el de ellos, hacen todas las trampas posibles, mientras que la izquierda es la que respeta esta democracia vaciada, las derechas controlan la práctica totalidad de los medios de comunicación, además de ahora las redes digitales y las granjas de bots que con la inteligencia artificial mandan millones de mensajes personalizados a la ciudadanía y la confunden, estas derechas y liberales tienen una parte no pequeña de la judicatura a la que captan, compran con prevendas, también de la policía del ejército y estos tres cuerpos les ayudan en lo que precisen, el «lawfare” o la guerra jurídica contra los líderes de la izquierda es una constante en todas las democracias liberales o illiberales, y ahora con el apoyo de Trump interfieren en las elecciones prometiendo catástrofes si la gente vota a la izquierda.

Manejan esas derechas enormes cantidades de dinero para comprar votos, para comprar diputados, para comprar senadores, para comprar cualquier caro institucional, pueden cambiar las circunscripciones para perjudicar a la izquierda, pueden cambiar las leyes electorales para que se incumpla al principio un hombre, una mujer, un voto, se distorsiona este principio para que los puestos de diputados y senadores sean mucho más caros para la izquierda, un diputado y senador le cuesta más caro a la izquierda que a la derecha en votos, las grandes empresas financian ilimitadamente a los partidos políticos de la derecha, mientras que al mismo tiempo los medios de comunicación acusan de eso mismo a la izquierda (que no lo hace), se reduce radicalmente la libertad de reunión, el derecho de asilo, el derecho de manifestación, de huelga, se usa las nuevas tecnologías para vigilar a los ciudadanos.

Esta erosión de la democracia utiliza las herramientas de la democracia, las mayorías parlamentarias, la legislación ordinaria, los nombramientos reglamentarios, las decisiones de los jueces para socavar los fundamentos democráticos.

Claro, tú no te manifiestas con tal nombramiento de esto o que el juez, pero cuando dictó una sentencia prevaricando, ya es tarde para protestar, ah, tienes que respetar, respeto lo que digan los jueces.

No hay un momento de ruptura, claro, con tal de movilizarse como cuando daban golpes duros. El sistema está lleno de selectividades de inercias que la izquierda se había olvidado de que existen, pero cuidado con otro error. No se trata de que haya un deslizamiento gradual, como sostienen los politólogos Steven Levitsky y Daniel Ziblatt detallan en su libro cómo mueren las democracias un libro clásico de cómo mueren las democracias, que ese deslizamiento impide ver con claridad lo que ha ocurrido.

Claro que esto pasa, pero lo relevante es entender qué es el propio sistema, el que no está pensado para que gobierne la izquierda, no está pensado para que haya un cambio en la composición de clase de nuestros países. Y cuando eso pasa, las élites se revelan y se hacen contra revolucionarias, hemos visto en Brasil, en México, en España, en Colombia, mientras que la izquierda es simplemente parlamentaria. Y eso tiene lugar en el ámbito nacional y ahora con los planes de Trump para el mundo, también en la arena internacional.

Si la izquierda, además de reformista, no vuelve a ser revolucionaria y rebelde, vivirá en esta paradoja democrática. Esto implica que hay que seguir disputando los cargos institucionales con la pelea electoral. Es mucho más fácil cambiar al Estado que cambiar al capitalismo.Pero esta pelea en las instituciones en el Estado hay que acompañarla de una férrea lucha de masas en las calles, en consonancia con los derechos y las obligaciones de los marcos constitucionales.

Es decir, hay que cambiar la correlación de fuerzas sin la violencia, especialmente cuando la derecha quiera recortar derechos e inventar obligaciones. Porque mientras que las élites son las que se benefician de la imposibilidad de cambios estructurales que brinda la democracia parlamentaria, disparan contra esa propia democracia parlamentaria, la izquierda, que es la que necesita formas más profundas de democracia, que sean realmente participativas, defiende esta democracia desmedida.

Claro, y luego nos preguntamos cómo es posible que el pueblo vote a sus verdugos. Pues el pueblo vota a sus verdugos porque la izquierda, ya digo, simplemente es reformista y cada vez menos reformista, mientras que se olvida de que las verdaderas transformaciones tienen que tener lugar en las calles.

Que es donde la correlación de fuerzas realmente se mide y que por tanto obliga a las fuerzas realmente democráticas a seguir siendo reformistas, pero también pensar en términos revolucionarios y expresarlo de manera rebelde.

Fuente transcrita de «Sin Embargo Al Aire» canal de YouTube enlace . https://youtu.be/U6k36eIvM2Q?si=B22qfGtCnOH9yQOB

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