Análisis y opinión desde Redacción internacionales en Argentina.
En las últimas horas esta circulado una afirmación de los servicios de inteligencia chinos, que habrían señalado al Mossad israelí como responsable de operaciones destinadas a favorecer la llegada de inmigrantes a Ceuta, con una presunta financiación procedente de Estados Unidos.
La acusación, por su gravedad, debe ser tratada con extrema cautela. No existen, al menos en la información pública disponible, pruebas independientes que permitan presentar como hecho demostrado que Israel o Estados Unidos hayan organizado o financiado la llegada de inmigrantes a Ceuta. Por tanto, cualquier análisis responsable debe distinguir entre hechos comprobados, hipótesis de inteligencia y utilización política de una determinada narrativa.
Aunque todo lo acontecido durante estos días no es algo puntual, con lo que esta filtración de la Inteligencia china tiene todo a favor oara cknsolidarse la teoría y situan a Ceuta como una frontera con una importancia que va mucho más allá de la inmigración.
Ceuta no es únicamente una frontera española. Su posición geográfica, en la entrada del Mediterráneo y frente a Marruecos, la convierte en un punto estratégico para España, la Unión Europea y la OTAN. Cualquier incremento extraordinario de los movimientos migratorios hacia la ciudad tiene, por tanto, una dimensión humanitaria, política y también geoestratégica.
España ya ha experimentado situaciones en las que la presión migratoria sobre Ceuta y Melilla se ha convertido en un instrumento de presión diplomática. El episodio de mayo de 2021, cuando miles de personas entraron en Ceuta desde Marruecos, demostró hasta qué punto una frontera puede transformarse rápidamente en escenario de una crisis política entre Estados.
Precisamente por eso, cualquier hipótesis sobre una posible manipulación deliberada de los flujos migratorios debe ser investigada con rigor para consolidar conclusiones evidentes.
¿Qué intereses podría haber detrás de una operación de este tipo?. Si existiera esta operación organizada para provocar presión migratoria sobre Ceuta, habría que preguntarse primero qué objetivos estratégicos podría perseguir.
Uno de ellos sería generar tensión entre España y Marruecos. Una crisis fronteriza podría afectar a la cooperación bilateral en materia migratoria, seguridad, comercio y lucha contra el narcotráfico.
Otro posible objetivo sería provocar divisiones dentro de la propia Unión Europea. La inmigración continúa siendo uno de los asuntos capaces de alimentar enfrentamientos entre gobiernos europeos y fortalecer a los movimientos políticos que defienden políticas migratorias más restrictivas.
También podría existir un objetivo de carácter propagandístico: provocar una crisis que después pudiera ser utilizada para presentar a determinados actores como garantes de la seguridad como el Partido Popular , Vox o el propio Estados Unidos frente a una supuesta amenaza.
Sin embargo, estos objetivos son teóricamente posibles y podrian demostrar que existe una operación semejante, para pedir ayuda, y dar un papel predominante en el conflicto, que podría desempeñar Estados Unidos.
La mención de una financiación estadounidense añade otra dimensión a la acusación. Estados Unidos mantiene importantes intereses estratégicos en el Mediterráneo y el norte de África. Marruecos es, además, un socio relevante de Washington en materia militar y de seguridad.
Pero de ahí podria desprende sin dudas que Estados Unidos esté detrás de una operación migratoria contra España. Una acusación que podria afirmar tras la filtración de documentos, aun faltando transferencias financieras, comunicaciones interceptadas, testimonios de inteligencia u otras pruebas verificables. Sin ellas, ¿debemos hablar de hipótesis, no de hechos?.
¿Por qué China podría difundir una acusación semejante?
Aquí aparece una cuestión igualmente importante.China mantiene una creciente competencia estratégica con Estados Unidos y observa con atención la evolución de las relaciones entre Washington, Europa, Israel y los países del Mediterráneo.
Una denuncia de este tipo, por organismos chinos, estaria dentro de la Geopolítica internacional y podría servir para cuestionar la imagen de Estados Unidos como potencia estabilizadora y presentar a Washington como responsable de determinadas crisis internacionales.
También podría formar parte de una batalla más amplia por el relato internacional. En la actualidad, las guerras de información y desinformación tienen una importancia creciente. Los servicios de inteligencia de distintos países no solamente buscan información: también intentan influir en la percepción de acontecimientos, adversarios y conflictos.
La inmigración como instrumento de presión política.
La cuestión fundamental es que la utilización política de la inmigración no es una hipótesis exclusiva de un determinado bloque geopolítico. Las migraciones pueden ser aprovechadas por gobiernos, organizaciones criminales, redes de tráfico de personas y actores políticos para ejercer presión. Eso obliga a evitar dos extremos igualmente peligrosos.
El primero es negar automáticamente cualquier posibilidad de utilización estratégica de los movimientos migratorios. El segundo es atribuir automáticamente cualquier llegada masiva de personas a una operación secreta de una potencia extranjera. Entre ambos extremos está la investigación.
Consecuencias para España.
Si aparecen con los días pruebas sólidas de esta operación extranjera destinada deliberadamente a provocar una crisis migratoria en Ceuta, las consecuencias serían extraordinariamente graves.
España tendría que abordar una crisis diplomática de primer nivel con los países implicados y solicitar explicaciones dentro de la Unión Europea y de la OTAN.
También se abriría un debate sobre la seguridad de Ceuta y Melilla, la protección de las fronteras exteriores de la UE y la necesidad de reforzar los mecanismos de inteligencia.
Pero quizá la consecuencia más peligrosa sería otra: la ruptura de la confianza entre España y sus aliados.
Estas pruebas, por el contrario también pueden producir daños, alimentando teorías conspirativas, aumentar la tensión social y convertir a las personas migrantes en protagonistas involuntarios de una disputa geopolítica.
Una frontera entre la realidad y la propaganda en donde la historia reciente demuestra que las grandes potencias utilizan información, inteligencia, propaganda y operaciones de influencia para defender sus intereses. También demuestra que las acusaciones procedentes de servicios de inteligencia pueden utilizarse como herramientas políticas.
Por eso, la pregunta no debería ser simplemente si debemos creer a China, a Israel o a Estados Unidos. La pregunta debería ser: ¿estas teorias tienen la cimentación sufuciente en la geopolíticamundial ? Sí, parecen evidencias verificables que deben investigarse y hacerse públicas. Si no pareciera que la acusación permanecer en el terreno de la hipótesis.
Ceuta merece algo más que convertirse en escenario de una guerra de narrativas internacionales. La inmigración es un fenómeno complejo en el que confluyen pobreza, guerras, persecuciones, desigualdad, cambio climático, redes criminales y decisiones políticas. Convertir automáticamente a las personas migrantes en piezas de una conspiración internacional puede terminar ocultando las verdaderas causas de los movimientos migratorios.
Pero tampoco sería prudente descartar por principio, que determinados Estados puedan intentar utilizar las fronteras, la información o las crisis migratorias como instrumentos de presión.
España necesita inteligencia, investigación y transparencia, no propaganda del imperio estadounidense , Israel y sus socios en España Partido Popular y VOX junto con la extrema derecha europea. España y Europa ante esta operación extranjera contra sus fronteras, debe mostrarse y responderse con firmeza.
Porque en una época marcada por guerras híbridas y desinformación, la defensa de la soberanía española pasa también por algo tan sencillo —y tan difícil— como separar los hechos de las sospechas y hoy los hechos demuestran que es algo organizado.