Por Juan Catlos Ali Torres. Internacionales
«Die Linke se impone en las elecciones de Berlín y deja a la CDU en segundo lugar, mientras la AfD consolida una presencia significativa. El resultado abre una nueva etapa marcada por la crisis de la vivienda, el precio de los alquileres y el debate sobre el futuro urbano de la capital alemana».
Berlín ha vuelto a colocar la vivienda y las políticas sociales en el centro del debate político. El partido de izquierdas Die Linke, liderado por Elif Eralp, se situó como la fuerza más votada en las elecciones estatales de la capital alemana, según los datos difundidos tras el cierre de las urnas y las primeras proyecciones de las cadenas públicas ARD y ZDF.
Los primeros resultados y proyecciones sitúan a Die Linke en torno al 24%-25,8% de los votos, por delante de la CDU, que rondaría el 20%. Los Verdes aparecen en torno al 15%, mientras que la AfD se mueve entre el 13,8% y el 15,7%. El SPD, tradicionalmente una de las principales fuerzas políticas de Berlín, quedaría alrededor del 12%. BSW, por su parte, se situaría cerca del 5%.
El resultado supone un importante cambio en el mapa político de la capital alemana y coloca a Elif Eralp, hija de una familia de origen turco, ante la posibilidad de convertirse en la primera alcaldesa-gobernadora de Berlín de origen migrante.
Una izquierda que encuentra su principal argumento en la vivienda
La campaña de Die Linke estuvo marcada por una cuestión especialmente sensible para los habitantes de Berlín: el acceso a la vivienda.
Durante los últimos años, el aumento de los alquileres, la escasez de viviendas asequibles y la expansión de la inversión inmobiliaria han convertido el mercado residencial en uno de los principales conflictos sociales de la ciudad.
Eralp ha hecho de este problema uno de los ejes de su programa. Entre sus propuestas se encuentra la socialización de grandes paquetes de viviendas privadas, recuperando el debate abierto por el referéndum celebrado en Berlín en 2021.
La propuesta afecta a grandes empresas inmobiliarias que posean más de 3.000 viviendas y plantea poner bajo control público aproximadamente 200.000 viviendas, según las estimaciones manejadas durante la campaña.
A ello se suma la defensa de un límite a los alquileres, junto con una regulación más estricta de los apartamentos destinados al turismo y medidas contra la especulación inmobiliaria.
El planteamiento parte de una premisa política sencilla: para Die Linke, la vivienda debe ser considerada principalmente un derecho social y no un activo financiero.

El voto joven y la disputa por el futuro de Berlín
Uno de los elementos más destacados de la jornada ha sido el comportamiento del electorado joven.
En las redes sociales circuló la afirmación de que Die Linke habría obtenido el 48% del voto entre los menores de 30 años. Sin embargo, esa cifra requiere matices: los datos de las encuestas a pie de urna difundidas públicamente no permiten interpretar ese 48% como un porcentaje general de voto juvenil para la formación.
Lo que sí aparece con claridad en las primeras mediciones es que Die Linke obtuvo un apoyo especialmente elevado entre los jóvenes, convirtiéndose en una de las principales fuerzas políticas de ese segmento.
La explicación puede encontrarse, al menos parcialmente, en la centralidad de problemas como el alquiler, la precariedad laboral, la dificultad para acceder a una vivienda y el coste de vivir en una de las principales capitales europeas.
Para una generación que ha crecido en una ciudad donde encontrar un alquiler asequible se ha convertido en una dificultad estructural, el debate sobre la propiedad y la regulación del mercado inmobiliario adquiere una dimensión política especialmente relevante.
La AfD mantiene una presencia significativa
El otro elemento que sobresale en el resultado es la presencia de la Alternativa para Alemania (AfD), situada según las primeras proyecciones entre el 13,8% y el 15,7%.
El resultado muestra que la polarización política continúa siendo una característica importante del escenario berlinés.
Por un lado, Die Linke logra movilizar a una parte importante del electorado alrededor de políticas sociales y de vivienda. Por otro, la AfD mantiene una base electoral considerable en un contexto alemán marcado por los debates sobre inmigración, seguridad, economía y el coste de vida.
Entre ambas realidades se sitúan CDU, Verdes y SPD, que deberán interpretar el nuevo equilibrio político surgido de las urnas.
El verdadero desafío comienza ahora
La victoria electoral de Die Linke no significa automáticamente que Elif Eralp pueda gobernar en solitario.
Con los resultados disponibles, la formación deberá buscar acuerdos parlamentarios. Una de las posibilidades que aparece sobre la mesa es una alianza con Los Verdes y el SPD, aunque las negociaciones pueden resultar complejas.
El principal punto de conflicto sería precisamente una de las banderas centrales de Eralp: la socialización de las grandes inmobiliarias.
Mientras Die Linke defiende avanzar en esa dirección, el SPD ha mantenido históricamente una posición mucho más cautelosa respecto a la expropiación de grandes propietarios inmobiliarios. Los Verdes también deberán definir hasta dónde están dispuestos a llegar.
Por tanto, el resultado electoral abre una paradoja: la formación que ha ganado las elecciones puede necesitar negociar con partidos que no comparten plenamente algunas de sus principales propuestas.

Berlín ante una nueva etapa
El resultado de Berlín tiene una dimensión que va más allá de los porcentajes electorales.
La capital alemana se ha convertido en uno de los principales laboratorios europeos del debate sobre el derecho a la vivienda, la regulación del mercado inmobiliario y el papel que debe desempeñar el sector público frente a los grandes propietarios.
El triunfo de Die Linke indica que estas cuestiones tienen capacidad para movilizar electoralmente, especialmente entre sectores jóvenes y urbanos. Al mismo tiempo, la presencia de la AfD demuestra que la sociedad berlinesa continúa profundamente dividida sobre cuestiones como inmigración, seguridad y modelo económico.
El próximo capítulo será, por tanto, el de las negociaciones. Ganar las elecciones y gobernar no son la misma cosa. Elif Eralp deberá transformar un mandato electoral centrado en la vivienda y las políticas sociales en una mayoría parlamentaria capaz de sostener un gobierno.
Como reflexión podriamos decir El resultado de Berlín plantea una pregunta que trasciende las fronteras alemanas: ¿hasta dónde puede llegar una política urbana que coloque el derecho a la vivienda por delante de la lógica especulativa del mercado?
La respuesta dependerá ahora de la capacidad de Die Linke para convertir sus propuestas en acuerdos concretos y de la disposición del SPD y Los Verdes a respaldarlas.
Pero el mensaje electoral parece claro: en una ciudad donde el acceso a una vivienda asequible se ha convertido en una de las principales preocupaciones sociales, una parte importante del electorado ha decidido colocar esa cuestión en el centro de la política.
Berlín no solo ha elegido un nuevo equilibrio parlamentario. También ha abierto nuevamente el debate sobre quién debe controlar la vivienda, cuánto debe costar vivir en una gran capital y qué papel debe desempeñar el Estado frente al poder inmobiliario.
Y ese debate, lejos de ser exclusivamente alemán, forma parte de una discusión que atraviesa actualmente a buena parte de las grandes ciudades europeas.