Por Francisco López.
«La presión migratoria vuelve a situar a Ceuta en el centro del debate político español. La saturación de los recursos, la situación de los menores y la tensión social son problemas reales. Pero la extrema derecha ha encontrado en esta crisis algo más que un problema que resolver: un escenario perfecto para extender el miedo, atacar a las ONG y convertir a los migrantes en el enemigo político de una parte de la sociedad».
Ceuta vuelve a enfrentarse a una situación de enorme presión migratoria. Su condición geográfica, su pequeña extensión territorial y la limitada capacidad de sus recursos públicos convierten cualquier incremento extraordinario de llegadas en una crisis inmediata.
La cuestión afecta especialmente a la acogida, al alojamiento y a la protección de menores. Cuando los recursos disponibles se aproximan a su límite, aparecen la preocupación ciudadana, las dificultades administrativas y una tensión social que puede ser aprovechada políticamente.Y ahí comienza otro problema.
Porque mientras las instituciones deberían concentrarse en garantizar recursos, coordinación y protección, determinados sectores políticos han decidido convertir la crisis en una fábrica de miedo.
UNA CRISIS REAL Y UNA PROPAGANDA POLÍTICA.
La situación de Ceuta no puede analizarse únicamente desde las imágenes de personas cruzando una frontera. Detrás de cada episodio migratorio existe una realidad mucho más compleja: las relaciones entre España y Marruecos, la política exterior europea, la desigualdad económica entre continentes, los conflictos internacionales y la utilización de las fronteras como instrumentos de presión política.
Ceuta no es simplemente una frontera, es una de las fronteras exteriores de la Unión Europea en África y, precisamente por eso, cada crisis migratoria puede convertirse en un asunto de dimensión nacional e internacional.
Sin embargo, para Vox y otros sectores de la extrema derecha, la complejidad no resulta rentable electoralmente. Es mucho más eficaz utilizar una palabra.“Invasión”. Una palabra capaz de transformar automáticamente a miles de personas en una amenaza colectiva. No importa si entre ellas hay menores.
No importa si existen personas que huyen de la pobreza, de conflictos o de situaciones desesperadas.No importa la responsabilidad de los Estados. La propaganda necesita un enemigo y el enemigo construido por la extrema derecha es el inmigrante.
VOX Y LA POLÍTICA DE LA DESHUMANIZACIÓN.
Vox ha convertido la inmigración en uno de los principales pilares de su estrategia política, con una fórmula ya conocida, se utiliza una situación de tensión real, se seleccionan las imágenes más impactantes y se construye un relato de emergencia nacional, después llegan las palabras.“Invasión”.“Efecto llamada”.“Pérdida de soberanía”.“Descontrol”. Y finalmente aparece una conclusión política: endurecer las fronteras, restringir derechos y presentar la inmigración como la causa de una parte importante de los problemas sociales.Pero existe una trampa.
La falta de viviendas y la precariedad laboral no la han creado los migrantes. Los salarios bajos no los han decidido los migrantes junto con los problemas de los servicios públicos, qué no proceden exclusivamente de la inmigración. Son el resultado de decisiones políticas, económicas y presupuestarias, pero resulta más fácil señalar a una persona vulnerable que enfrentarse a quienes toman las decisiones en sus paises de origen.
EL PARTIDO POPULAR Y EL DESPLAZAMIENTO DEL DISCURSO.
Uno de los grandes éxitos políticos de Vox ha sido conseguir que la inmigración se convierta en un terreno de competencia permanente con el Partido Popular. La extrema derecha endurece su discursoy el PP siente la presión electoral. Y el resultado puede ser un desplazamiento progresivo hacia posiciones más restrictivas. Es la llamada ventana de normalización, ideas que antes se encontraban en los márgenes del debate político comienzan a ocupar espacios centrales.
La ultraderecha no necesita necesariamente gobernar para ganar, puede ganar desplazando a los demás y obligando al PP a competir en su terreno, cuando palabras que antes habrían provocado un escándalo terminan formando parte del debate cotidiano. Ese es uno de los principales peligros políticos. No solo importa lo que hace Vox, también importa cuánto consigue mover al resto.

ATAQUES CONTRA ONG Y CRUZ ROJA.
Uno de los fenómenos más preocupantes es el señalamiento de las organizaciones humanitarias, ONG, voluntarios, trabajadores sociales y entidades como Cruz Roja se convierten en objetivo de campañas políticas y digitales que intentan presentarlas como colaboradoras de una supuesta invasión.
La lógica es perversa, «quien ayuda a una persona es acusado de favorecer el problema», quien protege a un menor es presentado como cómplice, quien ofrece alimentos o asistencia sanitaria puede terminar siendo señalado públicamente. Se trata de una estrategia conocida: atacar la solidaridad para debilitarla.
Cuando una sociedad comienza a considerar sospechoso a quien ayuda a un ser humano, algo profundo está cambiando. La asistencia humanitaria deja de ser vista como una obligación moral y jurídica y comienza a ser presentada como una traición política.Y ese es un terreno extremadamente peligroso.
EL RIESGO DE LAS BRIGADAS DEL ODIO.
La tensión en Ceuta también puede atraer a activistas y grupos radicales procedentes de otros lugares, personas que no viven los problemas cotidianos de la ciudad, pero que pueden ver en ella una oportunidad de protagonismo político y propagandístico.
El objetivo no sería resolver nada, sino grabar vídeos, provocar enfrentamientos, generar imágenes, difundir mensajes en redes sociales convertir el miedo en contenido y convertir el contenido en votos. Ceuta corre así el riesgo de transformarse en un escenario de movilización para organizaciones que necesitan permanentemente nuevos conflictos. La ciudad deja de pertenecer a sus habitantes y se convierte en un plató político.
LA PROPAGANDA RACISTA NO TERMINA EN CEUTA.
Las imágenes de la frontera pueden ser utilizadas también por la extrema derecha internacional. Lo que ocurre en Ceuta puede aparecer al día siguiente en campañas políticas en Francia, Italia, Alemania o el Reino Unido, etc… o simplemente vender en el exterior a la ciudadanía española como xenofoga.
Las fronteras del sur de Europa se han convertido en una poderosa herramienta propagandística dónde cada llegada masiva sirve para reforzar el mismo mensaje: «Europa está en peligro», pero ese mensaje necesita ocultar muchas cosas. Oculta las causas económicas, las guerras, llas responsabilidades de las grandes potencias, el papel de las redes de explotación, las políticas de cooperación, y , sobre todo, oculta que millones de personas migran porque la desigualdad entre el norte y el sur sigue siendo gigantesca.
La extrema derecha no quiere explicar el problema.Quiere simplificarlo.Y después quiere convertir esa simplificación en miedo.
LA LECCIÓN DE LA HISTORIA
Las comparaciones históricas deben realizarse con rigor ya que no toda campaña racista puede equipararse directamente con el nazismo, pero existen mecanismos históricos que conviene recordar.Las grandes persecuciones no comienzan siempre con violencia física, primero aparece la propaganda, después la deshumanización y luego el señalamiento colectivo.
Un grupo de personas es presentado como responsable de los problemas de la sociedad, se le acusa de ser peligroso, se le atribuyen características colectivas, se justifica la discriminación, y, finalmente, la violencia puede comenzar a parecer aceptable.
La Noche de los Cristales Rotos de 1938 no apareció de la nada, la misma fue precedida por años de propaganda antisemita, persecución política y construcción del odio contra una población convertida en enemigo colectivo. Las circunstancias históricas son diferentes, pero la advertencia permanece.
Ninguna democracia debería considerar normal la deshumanización de un grupo de personas por su origen, religión o nacionalidad. porque el odio organizado siempre empieza necesitando una frontera entre “nosotros” y “ellos”.

LOS MIGRANTES COMO CHIVOS EXPIATORIOS.
La extrema derecha necesita un responsable sencillo para problemas complejos, y ese mecanismo tiene un nombre: el chivo expiatorio.Cuando faltan viviendas, cuando existe inseguridad, cuando aumentan las listas de espera, cuando existe desempleo, se culpa al extranjero. Pero las decisiones que provocan muchos de esos problemas suelen estar en otro lugar.En los presupuestos, en las políticas laborales, en la especulación inmobiliaria, en los recortes o en la falta de planificación.
Señalar al migrante es políticamente rentable porque el migrante tiene menos capacidad para defenderse.Es más fácil atacar al vulnerable que enfrentarse al poderoso.
¿QUÉ NECESITA REALMENTE CEUTA?
Ceuta no necesita discursos de odio, necesita recursos y una respuesta estatal permanente y no soluciones improvisadas cada vez que aumenta la presión migratoria, necesita mecanismos rápidos de distribución territorial cuando los recursos locales se encuentran saturados y una protección efectiva de los menores, necesita seguridad, convivencia y cooperación internacional.Y ante todo necesita que las organizaciones humanitarias puedan trabajar sin amenazas ni campañas de señalamiento u odio.
La seguridad y los derechos humanos no son conceptos incompatibles. Una frontera puede ser gestionada con eficacia sin convertir la crueldad en política. El problema comienza cuando algunos partidos necesitan que la crisis continúe porque la crisis alimenta su discurso.
CEUTA NO NECESITA FASCISTAS, NECESITA SOLUCIONES.
Hay una diferencia fundamental entre exigir una política migratoria organizada y utilizar a los inmigrantes como enemigos. La primera posición es necesaria, la segunda es racismo político.
No se puede responder a la saturación de los servicios públicos con brigadas ideológicas fascistas desplazadas para sembrar miedo. No se puede defender Ceuta atacando a Cruz Roja, no se puede proteger a una ciudad convirtiendo a los menores en enemigos, no se puede hablar de patriotismo mientras se destruye deliberadamente la convivencia entre los propios habitantes y que «la mitad de la población se repliege en sus viviendas por temor a brigadas fascistas» llegadas de la peninsula.
Los agitadores del odio llegan, graban sus vídeos y se marchan, mientras los vecinos de Ceuta se quedan, las familias se quedan, los trabajadores sociales se quedan y los problemas permanecen.
Por eso Ceuta no puede convertirse en el laboratorio político de la extrema derecha española y europea. Quienes utilizan el sufrimiento de miles de personas para conseguir votos no están solucionando una crisis, la están explotando, mientras Vox y sus aliados intentan convertir el miedo en capital político. Es hora de que el Partido Popular decida si quiere ofrecer una alternativa responsable o continuar desplazando su discurso hacia el terreno que marca la extrema derecha.
La pregunta es sencilla.¿Queremos resolver los problemas o necesitamos mantenerlos para seguir teniendo enemigos? Porque cuando una política necesita fabricar odio para crecer, el verdadero peligro no es únicamente lo que ocurre en la frontera. El peligro es lo que esa política termina haciendo dentro de la sociedad. Y cuando el racismo se normaliza, nadie debería pensar que las consecuencias se detendrán donde comenzó el odio.
Ceuta no necesita más miedo.Ceuta necesita soluciones, y España necesita dejar de convertir la desesperación humana en una campaña electoral, y utilizar un conflicto mas amplio originado por Marrrueco, Israel y Estados Unidos con el beneplácito de Vox y Partido Popular, en un escenario propicio para desestabilizar España y a su gobierno democratico sembrando caos , destrucción y sobre todo dividiendo España.