Por María Pozuelo, Coordinadora de Podem Catalunya.
María Pozuelo, de Podemos Catalunya, analiza el avance de las derechas radicalizadas, el papel de Estados Unidos y el debate sobre el modelo económico y político de la región
América Latina vuelve a encontrarse ante una disyuntiva que trasciende las fronteras nacionales: subordinación o soberanía, dependencia o autonomía, concentración de la riqueza o redistribución.
Durante los últimos años, América del Sur y Centroamérica han experimentado el crecimiento de fuerzas conservadoras, derechas radicalizadas, corrientes ultraliberales y movimientos de extrema derecha que han conseguido convertir el malestar social en una poderosa herramienta política.
Desde proyectos conservadores tradicionales hasta propuestas ultraliberales o de extrema derecha, comparten en algunos casos una narrativa que presenta al Estado como el principal problema, los servicios públicos como un gasto excesivo y la privatización como una solución para buena parte de los problemas económicos.
Argentina bajo Javier Milei, El Salvador bajo Nayib Bukele, el proyecto político de José Antonio Kast en Chile, el ascenso de Abelardo de la Espriella en Colombia, el Gobierno de Daniel Noboa en Ecuador o el espacio político vinculado al fujimorismo en Perú representan, con enormes diferencias entre sí, algunos de los fenómenos que forman parte de esta transformación del mapa político latinoamericano.
Frente a este escenario, los gobiernos de izquierda o progresistas que permanecen en posiciones centrales —como México, bajo Claudia Sheinbaum, y Brasil, con Luiz Inácio Lula da Silva— constituyen referencias distintas dentro de una región políticamente fragmentada.
Pero incluso esos espacios enfrentan una fuerte disputa política. En Brasil, por ejemplo, el bolsonarismo continúa teniendo capacidad de movilización y representación electoral, mientras que en otros países las derechas radicalizadas han conseguido capitalizar el descontento provocado por la inseguridad, la inflación, la precariedad laboral o la pérdida de poder adquisitivo.
El viejo laboratorio neoliberal
Durante décadas, buena parte de América Latina fue utilizada como laboratorio de políticas neoliberales: privatizaciones, desregulación, reducción del papel económico del Estado, flexibilización laboral, apertura comercial, endeudamiento y transformación de servicios públicos en mercados.
Una parte de las nuevas derechas latinoamericanas recupera hoy algunos de aquellos principios y, en determinados casos, pretende llevarlos todavía más lejos.
El discurso puede parecer sencillo: el Estado es ineficiente, los impuestos son excesivos, los sindicatos constituyen un obstáculo, las regulaciones frenan la economía y el mercado debe asumir un papel mucho mayor.
Pero existe una pregunta fundamental que no puede desaparecer del debate: ¿quién tiene realmente el poder dentro del mercado?
Porque el mercado no opera en un vacío. Cuando una minoría concentra grandes extensiones de tierra, empresas estratégicas, entidades financieras, medios de comunicación o recursos naturales, reducir el poder del Estado no significa necesariamente reducir el poder económico.
En determinadas circunstancias puede significar simplemente trasladar capacidad de decisión desde las instituciones públicas hacia grandes grupos económicos privados.
Argentina: el experimento Milei
Argentina constituye uno de los principales escenarios de este debate.
El Gobierno de Javier Milei ha impulsado un programa de liberalización económica, reducción del gasto público, desregulación y transformación profunda del papel del Estado.
Sus defensores sostienen que estas políticas son necesarias para corregir desequilibrios acumulados durante décadas y recuperar la estabilidad macroeconómica. Sus críticos, en cambio, cuestionan los costes sociales de las medidas y advierten sobre sus consecuencias para los salarios, las pensiones, los servicios públicos, la actividad económica y la protección social.
El debate argentino, por tanto, no puede reducirse a una disputa entre quienes defienden la libertad económica y quienes defienden al Estado.
La cuestión central es qué modelo de sociedad emerge después de reducir el papel de las instituciones públicas y quién se beneficia o pierde con esa transformación.
Argentina vuelve a situar sobre la mesa una pregunta que afecta a todo el continente: ¿puede existir libertad económica real cuando grandes sectores de la población carecen de capacidad económica para acceder a vivienda, salud, educación o determinados bienes esenciales?
Seguridad, derechos y democracia
En Centroamérica, el fenómeno de Nayib Bukele en El Salvador ha introducido otra dimensión fundamental en el debate regional: la seguridad.
Las políticas de seguridad de Bukele han reducido drásticamente determinados indicadores de violencia respecto a los niveles que registraba el país en etapas anteriores, y sus defensores las presentan como un modelo frente al crimen organizado.
Al mismo tiempo, organizaciones de derechos humanos y otros actores han cuestionado aspectos del régimen de excepción, las garantías procesales y determinadas actuaciones de las autoridades.
La discusión plantea una cuestión que va más allá de El Salvador.
Una sociedad necesita seguridad, pero también necesita derechos, instituciones independientes, controles sobre el poder, justicia y oportunidades económicas.
La seguridad no puede convertirse en sustituto de la política social.
Un joven sin empleo, sin vivienda, sin educación y sin expectativas de futuro puede quedar más expuesto a las estructuras criminales. Combatir el crimen requiere policías y justicia, pero también políticas capaces de construir alternativas sociales y económicas.
Estados Unidos y la disputa por América Latina
Hablar de América Latina también obliga a hablar de Estados Unidos.
La historia del continente está marcada por intervenciones políticas, económicas y militares estadounidenses, golpes de Estado, guerras civiles, operaciones de inteligencia y una larga disputa por la influencia estratégica sobre el hemisferio.
Washington continúa considerando América Latina y el Caribe como un espacio prioritario de su política exterior.
La llegada de Donald Trump nuevamente a la Casa Blanca ha reforzado determinados instrumentos de presión económica, comercial, migratoria y de seguridad sobre distintos países de la región.
La relación entre Estados Unidos y América Latina vuelve así a situarse en el centro del debate sobre soberanía.
Para las corrientes progresistas latinoamericanas, la cuestión no consiste necesariamente en negar la relación con Estados Unidos, sino en defender que esa relación se produzca entre Estados soberanos y no desde una lógica de subordinación.
Venezuela y Cuba: dos conflictos diferentes
Venezuela y Cuba ocupan un lugar especialmente controvertido dentro de esta discusión.
El caso venezolano continúa marcado por una profunda confrontación política interna y por el enfrentamiento entre el Gobierno de Nicolás Maduro y sectores de la oposición, además de las fuertes presiones internacionales sobre Caracas.
Cualquier actuación externa que implique el uso de la fuerza o una vulneración de la soberanía venezolana debe analizarse desde el derecho internacional y no únicamente desde la lógica de la confrontación política.
En el caso cubano, el embargo estadounidense continúa siendo uno de los principales elementos de la relación entre Washington y La Habana. Sus defensores lo consideran un instrumento de presión política; sus detractores sostienen que sus efectos económicos terminan repercutiendo sobre la población cubana y dificultando el acceso a determinados bienes, recursos y financiación.
La discusión sobre Cuba tampoco debería impedir analizar simultáneamente las responsabilidades del propio Gobierno cubano en materia económica, política y de derechos civiles.
Brasil: una disputa que trasciende a Lula
Brasil representa otra de las grandes batallas políticas de América Latina.
El Gobierno de Lula da Silva intenta combinar crecimiento económico, políticas sociales y recuperación del papel del Estado, mientras que el espacio político asociado al bolsonarismo continúa representando una fuerza relevante en la sociedad brasileña.
La experiencia de Jair Bolsonaro dejó además un intenso debate sobre democracia, medio ambiente, derechos humanos y políticas públicas.
La disputa brasileña no es únicamente una competición electoral. También expresa dos concepciones diferentes sobre el papel del Estado, la protección social, el medio ambiente, la relación con los mercados y la posición internacional de Brasil.
¿Mercancía o derecho?
En última instancia, el debate latinoamericano puede resumirse en una serie de preguntas.
¿Debe la salud ser fundamentalmente un derecho o un mercado?
¿Debe la vivienda considerarse un bien esencial o una mercancía financiera?
¿Deben los recursos naturales estar sometidos exclusivamente a la lógica del mercado o deben formar parte de una estrategia nacional de desarrollo?
¿Hasta dónde debe llegar la intervención del Estado?
¿Quién debe beneficiarse de la explotación del litio, el petróleo, el gas, el cobre, el oro, las tierras agrícolas o los recursos hídricos?
No existe una única respuesta para todos los países. Cada sociedad tiene su propia historia, sus instituciones y sus condiciones económicas.
Pero sí existe una cuestión común: quién controla la riqueza y quién decide sobre ella.
Soberanía frente a dependencia
La disputa latinoamericana no puede explicarse únicamente como una confrontación entre izquierda y derecha.
También existe una batalla por el modelo de desarrollo, por la soberanía económica y por la capacidad de los Estados para decidir sobre sus propios recursos.
La libertad no puede consistir exclusivamente en que cada individuo sea libre para comprar aquello que pueda pagar.
Porque una persona puede ser formalmente libre y, al mismo tiempo, carecer de los recursos necesarios para acceder a una vivienda, una educación de calidad, una atención sanitaria adecuada o un empleo digno.
Por eso, el verdadero debate que atraviesa América Latina es también el debate entre dependencia y soberanía; concentración y redistribución; mercancía y derecho; individualismo y comunidad; mercado y democracia.
La región posee algunos de los mayores recursos naturales estratégicos del planeta y, al mismo tiempo, mantiene enormes desigualdades sociales.
La pregunta para las próximas décadas no será solamente quién gobierna cada país.
Será algo más profundo:
¿Quién controla la riqueza de América Latina, quién decide sobre sus recursos y hasta qué punto sus pueblos pueden construir un modelo de desarrollo propio?
Ahí se encuentra, probablemente, una de las grandes batallas políticas y económicas que marcarán el futuro de América Latina.