Por Adriana F. Gómez
La caída del espejismo paraguayo expone las contradicciones del modelo económico que Javier Milei presenta como ejemplo para Argentina. Endeudamiento, crédito al consumo, precarización laboral, concentración financiera y dependencia de los capitales externos conforman un escenario que guarda inquietantes paralelismos con las políticas del Gobierno argentino. Mientras tanto, Mercado Libre y su fundador, Marcos Galperin, representan otra cara de un modelo que necesita mercados abiertos, consumo y expansión financiera, pero que convive con un discurso político de alineamiento absoluto con Donald Trump.
Hay momentos en los que la realidad termina desmintiendo los relatos políticos con una contundencia difícil de disimular. Durante meses, el Gobierno de Javier Milei y buena parte de su entorno económico utilizaron a Paraguay como ejemplo de estabilidad, crecimiento, baja inflación y facilidades para los inversores. El país gobernado por Santiago Peña era presentado como la demostración de que el camino de la desregulación, la reducción del Estado y la apertura económica podía conducir al desarrollo.
Pero la crisis de Ueno Bank ha puesto en cuestión esa postal de éxito que se vendía como modelo para toda América Latina.
Lo que está ocurriendo en Paraguay no es solamente un problema bancario. Es también una crisis política, institucional y económica que obliga a mirar detrás de los indicadores macroeconómicos y preguntarse quiénes se beneficiaron realmente de aquel supuesto milagro económico., y sobre todo, obliga a establecer un paralelismo incómodo: ¿hasta qué punto el modelo que Milei reivindica en Paraguay guarda semejanzas con el que está construyendo en Argentina?, la respuesta merece una reflexión que va mucho más allá de las diferencias entre ambos países.
PARAGUAY: CUANDO EL MILAGRO ECONÓMICO EMPIEZA A MOSTRAR SUS GRIETAS
Durante mucho tiempo, Paraguay fue presentado por los sectores liberales como una especie de paraíso para los negocios. Crecimiento económico cercano al 5%, inflación relativamente baja, ventajas fiscales, facilidad para instalar empresas y un mercado financiero en expansión.
Luis Caputo llegó a utilizarlo como referencia para defender ese modelo de estabilidad regional, señalando que no hacía falta mirar a Suiza, Estados Unidos o Irlanda, porque Paraguay, Uruguay y Perú también representaban sociedades donde se podía vivir con tranquilidad.
Javier Milei, por su parte, convirtió la relación con Santiago Peña en una alianza política basada en una coincidencia ideológica explícita.
En sus declaraciones conjuntas, ambos presidentes defendieron la reducción del Estado, el combate al déficit fiscal, la libertad económica y la cooperación comercial como los pilares de una nueva etapa regional.
Milei llegó a pronosticar que Argentina y Paraguay serían ejemplos para toda Sudamérica. Sin embargo, la crisis de Ueno Bank introduce una pregunta fundamental: ¿qué había detrás de aquella estabilidad que tanto se celebraba?
Las informaciones sobre la entidad financiera apuntan a una estructura de expansión acelerada del crédito, préstamos a empresas vinculadas, operaciones bajo sospecha y una exposición de los ahorros de miles de ciudadanos.
La dimensión del problema es especialmente grave porque Ueno Bank había conseguido convertirse en uno de los principales actores financieros del país, con una enorme presencia en el mercado de tarjetas de crédito y una estrategia comercial que le permitió llegar a sectores populares, trabajadores de bajos ingresos, jubilados y personas con empleos precarios.
Su crecimiento se apoyó en una banca digital sin necesidad de desplegar una extensa red de sucursales, con una presencia comercial muy visible en el deporte y otros espacios de consumo popular, pero detrás de esa modernización tecnológica aparece una cuestión mucho más profunda: la expansión del crédito en una sociedad donde amplios sectores de la población tienen ingresos insuficientes para sostener sus necesidades básicas.
Según los datos mencionados en el debate económico paraguayo, alrededor del 60% de la población ocupada se encontraría en condiciones de precariedad laboral. También se han señalado enormes déficits sociales, desigualdades estructurales y dificultades de acceso a servicios esenciales.
Es decir, podía crecer el negocio financiero, aumentar la capitalización bancaria y expandirse el consumo mediante tarjetas de crédito, pero eso no significaba necesariamente que estuviera mejorando la vida de la mayoría de la población.
Una economía puede mostrar buenos indicadores macroeconómicos mientras deteriora las condiciones materiales de vida de una parte importante de sus ciudadanos. El crecimiento del crédito no equivale al crecimiento de los salarios. La expansión bancaria no significa necesariamente desarrollo productivo. Y una inflación baja no garantiza que una familia tenga ingresos suficientes para vivir dignamente.

UENO BANK Y MERCADO LIBRE: DOS NEGOCIOS DIFERENTES, UNA MISMA DISCUSIÓN SOBRE EL MODELO FINANCIERO
La comparación entre Ueno Bank y Mercado Libre merece especial atención porque permite observar cómo determinadas transformaciones económicas están modificando la relación entre el consumo, el crédito y el sistema financiero.
No se trata de afirmar que ambas empresas sean iguales, ni de establecer una equivalencia entre sus operaciones o responsabilidades. Son compañías diferentes, con estructuras, dimensiones y mercados distintos, pero sí existen elementos que permiten establecer un paralelismo económico.
Ueno Bank desarrolló una estrategia de expansión mediante servicios financieros digitales, tarjetas de crédito y financiación del consumo. Su crecimiento estuvo vinculado a la incorporación de sectores sociales que tradicionalmente tenían dificultades para acceder al sistema bancario.
Mercado Libre, por su parte, dejó hace tiempo de ser solamente una plataforma de compraventa por internet. Con Mercado Pago y sus diferentes instrumentos financieros, el grupo de Marcos Galperin se convirtió en un actor relevante del crédito, los pagos digitales, las inversiones y los servicios financieros en América Latina.
La cuestión central es que ambos modelos muestran hasta qué punto las plataformas digitales pueden convertirse en intermediarios fundamentales de la economía cotidiana. El teléfono móvil sustituye a la sucursal bancaria. La tarjeta sustituye al salario que no alcanza. El crédito permite mantener el consumo cuando los ingresos pierden capacidad adquisitiva.
Y aquí aparece un problema estructural: cuando el poder de compra de los trabajadores se deteriora, el endeudamiento puede convertirse en un mecanismo para sostener artificialmente el consumo.
La pregunta es cuánto tiempo puede mantenerse ese mecanismo sin que aparezcan problemas de morosidad, insolvencia y deterioro de la capacidad de pago.
En Paraguay, la crisis de Ueno Bank ha puesto esta discusión sobre la mesa de manera dramática, mientras en Argentina, el crecimiento de la morosidad de los hogares y las dificultades para afrontar las deudas muestran que el endeudamiento también se ha convertido en una preocupación social.
La diferencia es que Mercado Libre opera en un mercado regional mucho más amplio, con una presencia especialmente importante en Brasil y México, donde el consumo interno mantiene una dinámica diferente a la argentina.
Pero eso no elimina la cuestión de fondo: una economía que necesita financiar permanentemente el consumo de una población cuyos ingresos se deterioran termina trasladando una parte creciente del ajuste a los propios consumidores.

MILEI Y GALPERIN: LA ALIANZA ENTRE EL PODER POLÍTICO Y EL CAPITALISMO DE PLATAFORMAS
Marcos Galperin es uno de los empresarios más identificados con el proyecto político de Javier Milei, su respaldo al presidente argentino no es un detalle secundario. Representa la identificación de una parte del gran empresariado tecnológico y financiero con un programa económico que promete desregulación, reducción de impuestos, flexibilización de las relaciones económicas y apertura de mercados.
El problema aparece cuando se analiza la distancia entre el discurso ideológico y el funcionamiento real de estas grandes compañías. Mercado Libre necesita consumidores. Necesita mercados dinámicos, circulación de mercancías, infraestructura, conectividad, sistemas de pago y estabilidad económica.
También necesita trabajadores, logística, proveedores y un marco institucional que permita desarrollar sus operaciones.Es decir, necesita una economía funcionando y esa economía no puede sostenerse exclusivamente mediante la reducción del gasto público, la caída de los salarios y la contracción del mercado interno.
La experiencia paraguaya sirve precisamente para advertir sobre los riesgos de confundir expansión financiera con desarrollo económico.
La crisis de Ueno Bank no demuestra que Mercado Libre esté reproduciendo las mismas prácticas, ni permite anticipar una crisis semejante en la compañía argentina. Pero sí obliga a discutir el modelo de capitalismo digital que coloca a las plataformas financieras en el centro de la vida económica de millones de personas.
Cuando las empresas tecnológicas dejan de ser simples intermediarias y pasan a gestionar pagos, crédito, ahorro y financiación, su responsabilidad económica y la necesidad de supervisión pública adquieren otra dimensión, la modernización tecnológica no puede convertirse en una excusa para debilitar los controles financieros.
Las acciones de Mercado Libre (MELI) se desplomaron casi un 14% en la Bolsa de Nueva York tras la presentación de su balance financiero correspondiente al tercer trimestre de 2026. A pesar de que el gigante del comercio electrónico reportó un récord histórico de ingresos de u$s10.750 millones (un crecimiento interanual del 45%), Wall Street castigó con dureza el papel debido a una marcada reducción en su rentabilidad y una fuerte presión sobre sus márgenes operativos.

EL ESPEJISMO DE LA ESTABILIDAD: MILEI Y PEÑA FRENTE A LA REALIDAD SOCIAL
La alianza política entre Milei y Peña se construyó sobre una misma interpretación ideológica: el Estado es presentado como el principal obstáculo para el desarrollo y el mercado como el mecanismo capaz de resolver los problemas económicos, pero la realidad demuestra que no basta con reducir el déficit fiscal para construir una sociedad próspera.
Paraguay tiene crecimiento económico, pero también desigualdad, informalidad y carencias sociales. Argentina tiene sectores productivos importantes, recursos naturales, capacidad tecnológica y una estructura económica mucho más diversificada, pero atraviesa una crisis de consumo, empleo e ingresos que amenaza su tejido industrial.
En ambos casos, el problema consiste en determinar quién se queda con los beneficios del crecimiento y quién paga los costes del ajuste, en Argentina, la política económica de Caputo ha colocado el tipo de cambio como uno de los instrumentos centrales para contener la inflación, pero mantener artificialmente contenido el dólar tiene consecuencias sobre la competitividad de la producción nacional, las exportaciones y las empresas que necesitan competir con productos importados.
Mientras tanto, las dificultades del consumo interno, el cierre de establecimientos industriales y la pérdida de poder adquisitivo reflejan una economía que no encuentra todavía un mecanismo sostenible de recuperación. La dependencia de la financiación externa y de la confianza de los mercados añade otra vulnerabilidad.
La derrota electoral de Donald Trump en Estados Unidos, según el escenario político planteado en el debate, introduce incertidumbre sobre la capacidad de Washington para respaldar financieramente al Gobierno argentino, y eso es especialmente delicado para un modelo que ha convertido el alineamiento político con Trump en uno de sus principales activos internacionales.
La pregunta es inevitable: ¿qué ocurre si el respaldo político estadounidense no se traduce en el salvavidas financiero que espera Milei?, una economía frágil, endeudada y con dificultades para generar divisas no puede depender indefinidamente de la confianza de un aliado político extranjero.
LA CLÁUSULA ANTICHINA: SOBERANÍA ECONÓMICA A CAMBIO DE ALINEAMIENTO CON WASHINGTON
Pero hay otra contradicción que merece un capítulo propio. Mientras Milei reivindica la libertad económica y la apertura comercial, el Gobierno argentino avanza en una política de restricciones tecnológicas que puede afectar directamente a las empresas chinas.
La disposición de ciberseguridad mencionada en el debate introduce un requisito de certificación para los equipos tecnológicos adquiridos por organismos públicos y solicita al ENACOM que evalúe la extensión de ese estándar al conjunto del sector.
El elemento polémico es que la certificación exigida corresponde a un estándar impulsado por una asociación privada de la industria estadounidense, en lugar de limitarse a normas internacionales de homologación, y si esa exigencia terminara extendiéndose al conjunto de las telecomunicaciones, podría afectar a fabricantes chinos como Huawei, ZTE y otras compañías tecnológicas.
Las consecuencias potenciales serían importantes para operadores de telefonía, proveedores de internet, sistemas de vigilancia, cámaras, routers, equipos de conectividad y tecnología aplicada al sector agropecuario, también podría afectar a DJI, uno de los principales fabricantes mundiales de drones, cuya tecnología tiene una presencia destacada en la agricultura de precisión.
La cuestión no es defender a una empresa china frente a una estadounidense. La cuestión es defender la capacidad de Argentina para decidir sus políticas tecnológicas sin quedar subordinada a los intereses geopolíticos de otra potencia.
Si un país establece que sus equipos deben cumplir determinadas normas de seguridad, debe hacerlo mediante criterios técnicos transparentes, verificables y aplicables a todos los fabricantes.
Lo contrario supone convertir la regulación tecnológica en una herramienta de discriminación comercial, y aquí aparece una contradicción especialmente llamativa.
Milei mantiene un alineamiento político y diplomático extraordinariamente estrecho con Trump, pero la economía argentina continúa dependiendo de una relación financiera y comercial con China que resulta difícil de sustituir.

¿POR QUÉ CHINA SIGUE SOSTENIENDO EL SWAP CON ARGENTINA?
Esta es una de las preguntas más interesantes de la política internacional argentina. ¿Por qué Pekín mantiene sus instrumentos de cooperación financiera con un Gobierno que mantiene un discurso de confrontación ideológica con China y que, al mismo tiempo, adopta decisiones que pueden perjudicar los intereses tecnológicos de las empresas del gigante asiático?
La explicación está en que China no construye sus relaciones internacionales exclusivamente sobre afinidades ideológicas o simpatías personales entre presidentes, su estrategia responde a intereses geopolíticos y económicos de largo plazo.
Para Pekín, los ciclos presidenciales de cuatro años representan períodos relativamente cortos dentro de una política internacional que busca consolidar posiciones comerciales, financieras y estratégicas durante décadas. El swap con Argentina no es solamente un instrumento financiero. También representa una herramienta de influencia económica y presencia internacional.
China tiene interés en que su moneda gane espacio en las transacciones internacionales, en ampliar sus relaciones comerciales y en mantener posiciones estratégicas en América Latina, además, el mercado argentino sigue siendo importante para sus exportaciones.
La paradoja es que el Gobierno de Milei puede mantener un discurso de alineamiento absoluto con Washington mientras la economía argentina continúa profundizando determinados vínculos comerciales con China. Los automóviles eléctricos chinos son un ejemplo evidente. Su presencia en el mercado argentino crece y representa una competencia directa para las marcas tradicionales.
La penetración de estas empresas demuestra que la relación comercial entre Argentina y China no puede resolverse mediante declaraciones ideológicas. China vende, invierte, financia y busca mercados. Y Argentina necesita proveedores, tecnología, financiación y divisas, el resultado es una contradicción entre la política exterior declarada y las necesidades materiales de la economía.
LA PARADOJA DE MERCADO LIBRE: ALINEAMIENTO CON TRUMP, NEGOCIOS EN UNA ECONOMÍA GLOBAL
En este escenario también aparece otra cuestión relacionada con Mercado Libre, dónde el grupo de Galperin es una empresa latinoamericana que necesita operar en mercados muy diferentes, con consumidores de distintas capacidades económicas y con cadenas comerciales que dependen de una economía global profundamente interconectada.
No puede sustraerse de las relaciones comerciales entre Estados Unidos, China, Brasil, México y el resto de América Latina, por eso, la discusión sobre las restricciones a la tecnología china no es un asunto menor para el conjunto del empresariado argentino.
Una política comercial subordinada a las tensiones entre Washington y Pekín puede terminar encareciendo productos, limitando proveedores y perjudicando a empresas y consumidores, la libertad de mercado que se reivindica desde el discurso oficial debe ser compatible con la libertad de elegir proveedores, competir y acceder a tecnología en condiciones razonables.
No se puede defender la competencia cuando beneficia a determinados sectores y restringirla cuando afecta a los intereses estratégicos de Estados Unidos, tampoco se puede exigir un Estado mínimo para proteger a los grandes grupos económicos y, al mismo tiempo, utilizar el aparato estatal para imponer barreras comerciales selectivas, esa es una de las grandes contradicciones del liberalismo económico contemporáneo.

LA LECCIÓN PARAGUAYA: LOS INDICADORES NO PUEDEN SUSTITUIR A LA JUSTICIA SOCIAL
La crisis de Ueno Bank debe servir como advertencia para toda América Latina, el crecimiento económico no puede medirse exclusivamente por el volumen de negocios de los bancos, la cotización de las empresas, la llegada de inversiones o la expansión del crédito.
Hay que mirar también los salarios, el empleo, la capacidad adquisitiva, el acceso a la vivienda, la protección social y la distribución de la riqueza, un país puede exhibir estabilidad monetaria y crecimiento del PIB mientras millones de personas viven con ingresos insuficientes.
Puede atraer capitales extranjeros mientras su estructura productiva sigue siendo débil. Puede multiplicar las tarjetas de crédito mientras sus trabajadores se endeudan para comprar alimentos y puede presumir de modernización financiera mientras sus instituciones de supervisión no consiguen evitar los riesgos que terminan pagando los ahorristas.
La caída de Ueno Bank coloca sobre la mesa una pregunta que también debería hacerse Argentina: ¿estamos construyendo una economía productiva, capaz de generar empleo, salarios dignos y bienestar, o estamos apostando a una expansión financiera que necesita mantener endeudados a los consumidores para sostener artificialmente la actividad?
No es una discusión entre modernidad y atraso. Tampoco entre capitalismo y tecnología, es una discusión sobre el tipo de sociedad que queremos construir.
UNA REFLEXIÓN FINAL: EL MERCADO NO PUEDE SER EL ÚNICO JUEZ DE LA ECONOMÍA
Javier Milei y Santiago Peña encontraron en su afinidad ideológica una plataforma para presentar un nuevo modelo de integración regional basado en la desregulación, la reducción del Estado y la confianza absoluta en los mercados.
Marcos Galperin representa una parte importante del empresariado tecnológico y financiero que encuentra en ese programa un entorno favorable para expandir sus negocios, pero la crisis paraguaya demuestra que detrás de los discursos sobre libertad económica pueden acumularse contradicciones que terminan saliendo a la superficie.
La expansión financiera no sustituye a la producción. El crédito no reemplaza a los salarios. La estabilidad cambiaria no garantiza el bienestar social. Y la llegada de inversiones no significa automáticamente que sus beneficios alcancen a la mayoría de la población.
Argentina no puede cometer el error de confundir el éxito de determinadas empresas con el éxito de todo un país.
Mercado Libre puede crecer, expandirse y convertirse en un gigante regional. Galperin puede defender legítimamente sus ideas económicas y políticas. Pero el destino de los trabajadores argentinos, de las pequeñas empresas, de la industria nacional y de los consumidores no puede quedar reducido a los resultados empresariales de un puñado de grandes corporaciones.
La crisis de Ueno Bank obliga a mirar con atención las consecuencias de un sistema financiero que puede crecer sobre el endeudamiento de los sectores populares, y la cláusula antichina plantea otro interrogante: ¿hasta dónde está dispuesto el Gobierno argentino a sacrificar autonomía económica y tecnológica para satisfacer las prioridades geopolíticas de Donald Trump?
El verdadero desarrollo no consiste en construir una economía donde los bancos, las plataformas digitales y los grandes inversores sean cada vez más poderosos, mientras los trabajadores pierden ingresos y capacidad de consumo. Consiste en construir una economía donde el crecimiento se traduzca en derechos, salarios, empleo, producción y bienestar colectivo.
Paraguay fue presentado como el espejo en el que Argentina debía mirarse, pero la crisis de Ueno Bank demuestra que también hay espejos que sirven para advertir sobre los errores que no debemos repetir.
Y quizá la mayor paradoja de Milei sea esta: mientras promete convertir a Argentina en un ejemplo de libertad económica, sus políticas pueden terminar profundizando la dependencia financiera, debilitando la industria y subordinando decisiones estratégicas a los intereses de Washington, porque una cosa es la libertad de los mercados y otra muy diferente es la libertad de un pueblo para decidir su propio futuro económico.
Artículo de opinión y análisis político-económico. Las responsabilidades individuales y las eventuales irregularidades financieras mencionadas deben establecerse mediante las correspondientes investigaciones y procedimientos judiciales.