Miguel Fadrique, secretario general de la CGT: «El 11N tenemos que paralizar el país y llenar las calles para conquistar derechos»

El dirigente del tercer sindicato de implantación nacional en España defiende la huelga general del 11 de noviembre, reivindica el protagonismo de los movimientos sociales y del Sindicato de Inquilinas y advierte de que la crisis de la vivienda, la precariedad laboral y el deterioro de los servicios públicos exigen una respuesta colectiva.

Entrevista realizada por Miguel Ángel Ferris desde París para Radio del Pueblo AM 830, Argentina.

La huelga general convocada para el próximo 11 de noviembre en España se perfila como una jornada de movilización que pretende ir mucho más allá de una protesta sindical. La crisis de acceso a la vivienda, el encarecimiento del coste de vida, la precariedad laboral y el deterioro de los servicios públicos han situado en el centro del debate la necesidad de una respuesta social amplia.

En este contexto, Miguel Fadrique, secretario general de la Confederación General del Trabajo (CGT) en el Estado español desde 2022, analiza el significado político y sindical de esta convocatoria, responde a las críticas del Partido Popular y defiende la autonomía de los movimientos sociales frente a cualquier intento de apropiación partidista de la protesta.

La CGT, tercer sindicato en implantación nacional e intersectorial, mantiene una tradición de sindicalismo de clase y combativo, heredera del anarcosindicalismo ibérico. Su participación en las huelgas feministas, las movilizaciones por Palestina y los conflictos laborales en sectores estratégicos como el ferrocarril, la educación pública y la automoción forma parte de una concepción del sindicalismo que entiende que la defensa de los trabajadores no puede limitarse exclusivamente al ámbito de las empresas.

La huelga del 11N: una respuesta social frente a la crisis de la vivienda

Ante las críticas de Alberto Núñez Feijóo y el intento del Partido Popular de cuestionar la legitimidad de la convocatoria, Fadrique considera que la derecha está desconectada de los problemas cotidianos de la sociedad española.

El secretario general de CGT aclara que la huelga no pertenece exclusivamente a Comisiones Obreras y UGT, sino que cuenta con la participación de otras 16 o 17 organizaciones sindicales y, especialmente, con el protagonismo de los movimientos sociales y del Sindicato de Inquilinas.

«El principal protagonismo es del Sindicato de Inquilinas, en el que participan muchísimas compañeras y compañeros de CGT y de otras organizaciones. Comisiones Obreras y UGT están trabajando en un segundo plano», explica.

Para Fadrique, las declaraciones de Feijóo demuestran que el dirigente popular desconoce la realidad social del país que aspira a gobernar.

«No sabe lo que sucede en la calle, lo que sucede en las familias para llegar a fin de mes. Está totalmente desubicado de la realidad de un país que pretende gobernar».

El dirigente sindical considera especialmente grave que se cuestione una huelga convocada para defender un derecho universal como la vivienda. A su juicio, no puede entenderse la crisis habitacional sin analizar también el deterioro de las condiciones de vida de la clase trabajadora.

La vivienda se ha convertido en uno de los principales problemas estructurales de España. Los precios del alquiler, la especulación inmobiliaria y las dificultades para acceder a una vivienda digna están condicionando la vida de millones de personas, especialmente de jóvenes y familias trabajadoras.

«Si no tiene sentido hacer una huelga por algo tan necesario como es la vivienda y por un derecho universal, yo no sé para qué vamos a hacer una huelga general en el Estado español», sostiene.

Contra la apropiación electoralista de la movilización

Preguntado por el posible aprovechamiento electoral de la huelga, Fadrique reconoce que algunas organizaciones políticas y sindicales podrían intentar obtener réditos de la movilización, pero advierte de que su verdadero sentido no debe quedar subordinado a los intereses partidistas.

«Esta es una huelga que protagoniza la gente, que protagonizan el Sindicato de Inquilinas y los movimientos sociales. Quienes quieran tener el protagonismo absoluto y sacar rédito sindical o político se están equivocando».

El secretario general de CGT insiste en que el éxito de la convocatoria no debe medirse por la rentabilidad electoral de ninguna formación, sino por su capacidad para abrir un nuevo ciclo de movilizaciones que obligue a adoptar medidas concretas.

En ese sentido, considera que el 11N no puede convertirse en una jornada aislada. Debe ser el comienzo de un proceso de organización y lucha sostenido hasta conseguir soluciones reales al problema de la vivienda y a las condiciones de vida de la población trabajadora.

La convergencia entre estudiantes, jóvenes, trabajadores y pensionistas

Uno de los aspectos más interesantes de la entrevista es la reflexión sobre la necesidad de unir las distintas luchas sociales. Fadrique considera que el sindicalismo debe superar una visión estrictamente laboral y comprender que los derechos sociales también forman parte de los derechos de los trabajadores.

«Prácticamente, el 50 % de los derechos de los trabajadores se defienden en el puesto de trabajo y el otro 50 % en la defensa de los derechos sociales», señala.

Para el dirigente sindical, la confluencia entre estudiantes, jóvenes, trabajadores y pensionistas resulta imprescindible para construir una respuesta colectiva frente a los problemas que afectan a distintas generaciones.

«Los que hoy son estudiantes mañana serán trabajadores; los que hoy son trabajadores mañana serán pensionistas. Y los pensionistas quieren que sus hijos y sus nietos tengan una vida mejor y mejores derechos laborales y sociales».

En este sentido, destaca las recientes movilizaciones de pensionistas en Madrid, que, según su valoración, reunieron a más de 50.000 personas procedentes de distintos puntos del Estado.

Fadrique interpreta esta participación como una señal positiva: cada vez son más las personas que, sin ser pensionistas, comprenden que la defensa de las pensiones públicas también afecta a su propio futuro.

La misma lógica debe aplicarse a la educación, la sanidad, la vivienda y el empleo. Ninguna reivindicación puede quedar encerrada en un sector cuando sus consecuencias afectan al conjunto de la sociedad.

El secretario general de CGT recupera, además, una referencia histórica del movimiento libertario y del anarcosindicalismo español, evocando la conocida frase atribuida a Buenaventura Durruti: «Llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones».

El ferrocarril español: liberalización, privatización y falta de mantenimiento

La conversación también abordó el grave debate sobre la seguridad ferroviaria en España, especialmente después del accidente de Urda y de otros siniestros que han vuelto a poner sobre la mesa las responsabilidades políticas, las inversiones y el modelo de gestión del transporte público.

Fadrique defiende un modelo de ferrocarril público y social, y señala que la liberalización del sector ha contribuido a debilitar su estructura.

A su juicio, España ha destinado enormes cantidades de dinero público a construir miles de kilómetros de alta velocidad, pero no ha garantizado un mantenimiento adecuado de las infraestructuras ni una inversión equilibrada en los servicios que utiliza diariamente la mayoría de la población.

«Tenemos miles y miles de kilómetros de alta velocidad, que supusieron una inversión escandalosa de dinero público, pero esa inversión luego hay que mantenerla. Y esos kilómetros de vía hay que mantenerlos. Es lo que falta».

El dirigente sindical cuestiona las externalizaciones de servicios, la reducción de costes y la precarización de las plantillas, factores que, desde su perspectiva, pueden comprometer la calidad y la seguridad del sistema.

Frente a un modelo centrado en la rentabilidad empresarial, reclama una mayor inversión pública, más personal y una apuesta decidida por los servicios de cercanías y el transporte ferroviario cotidiano.

«Hay que pensar más en un ferrocarril cercano a la gente, con más inversión en cercanías que en alta velocidad».

No se trata, aclara, de sostener que todos los accidentes puedan evitarse, sino de exigir que las infraestructuras y los sistemas de seguridad cuenten con los recursos y controles necesarios para reducir los riesgos.

No convertir a los trabajadores en cabezas de turco

Uno de los momentos más contundentes de la entrevista llega cuando Miguel Ángel Ferris pregunta por la tendencia a responsabilizar a trabajadores concretos después de los grandes accidentes ferroviarios.

Fadrique considera que existe un patrón recurrente: cuando se produce una tragedia, la investigación y el debate público pueden concentrarse excesivamente en la responsabilidad individual de un trabajador, dejando en un segundo plano las decisiones empresariales, las condiciones de trabajo y las responsabilidades políticas.

«Siempre se busca un trabajador como cabeza de turco y se echa absolutamente toda la responsabilidad sobre él».

El dirigente sindical plantea una cuestión fundamental: ¿por qué la seguridad de cientos de pasajeros puede depender de un único sistema de verificación o de una sola persona?

«Estamos hablando de que la seguridad de 300, 400 o 200 personas que puedan ir en un tren está dependiendo solamente de una persona. No me puedes vender esa moto».

Para CGT, la seguridad ferroviaria debe apoyarse en sistemas de control redundantes, protocolos de verificación, mantenimiento adecuado y plantillas suficientes.

La cuestión, por tanto, no puede reducirse a encontrar un responsable individual después de cada tragedia. Es necesario investigar por qué se produjo el accidente y determinar todas las responsabilidades, incluidas las de quienes diseñan, gestionan y supervisan el sistema.

Fadrique advierte de que la confianza ciudadana en el ferrocarril también se está resintiendo. Un transporte considerado tradicionalmente seguro no puede convertirse en una fuente de incertidumbre para quienes lo utilizan diariamente.

Óscar Puente y las responsabilidades políticas

Durante la entrevista, Miguel Ángel Ferris pregunta al secretario general de CGT por la posición del ministro de Transportes, Óscar Puente, también de Valladolid, ciudad de origen de Fadrique.

Su respuesta introduce un matiz político. Aunque reconoce los errores y las responsabilidades que pueden existir en la gestión del Ministerio y en las políticas de inversión, destaca la actitud del ministro frente a las críticas de la derecha.

«Tiene coraje enfrentándose a la derecha. En todos los años que he vivido la Transición, poca gente les ha plantado cara».

Fadrique considera que Puente ha asumido una posición de confrontación política que, en su opinión, habría sido deseable encontrar con mayor frecuencia en otros representantes de la izquierda.

No obstante, sus críticas al modelo ferroviario y a la falta de inversión no desaparecen. La defensa de un ferrocarril público, seguro y social debe estar por encima de las disputas partidistas y de las valoraciones personales sobre quienes ocupan los ministerios.

El llamamiento a la diáspora y a la clase trabajadora

En el tramo final de la entrevista, Miguel Ángel Ferris plantea una cuestión especialmente relevante para la audiencia de Radio del Pueblo AM 830: cómo pueden participar quienes viven fuera de España, las familias emigrantes y las personas que mantienen vínculos laborales, familiares y sociales con el país.

Fadrique hace un llamamiento a participar activamente en la huelga y en las actividades preparatorias, desde las asambleas de barrio hasta las charlas, talleres y puntos informativos.

También advierte de que la participación en una huelga general no debe limitarse a quienes sufren directamente el problema de la vivienda.

«Toda la sociedad puede tener el problema. A lo mejor hay una parte que actualmente no tiene problemas de vivienda o de salarios, pero los va a tener su hijo, su nieto, su pareja o su hermano».

El dirigente sindical insiste en que la convocatoria es una respuesta colectiva y que su legitimidad no depende de qué organización aparezca en primer plano.

«Esto no lo convoca Comisiones Obreras, ni UGT, ni CGT, ni CNT. Esto lo convoca la gente».

Según explica, los movimientos sociales han impulsado durante meses la necesidad de una respuesta sindical generalizada y han contribuido a que organizaciones con diferentes trayectorias coincidan en esta convocatoria.

Por eso considera que el 11 de noviembre debe ser una jornada de participación masiva, tanto en los centros de trabajo como en las calles.

«El día 11 tiene que ser un éxito. Tenemos que paralizar el país, ya no solamente con las movilizaciones, que entendemos que van a ser históricas, sino también paralizando el país».

Fadrique señala especialmente la importancia de sectores como el transporte, la limpieza y los servicios públicos para expresar la dimensión real de una huelga general.

Una huelga que pretende abrir un nuevo ciclo de movilización social

La entrevista con Miguel Fadrique deja una idea central: la huelga general del 11N pretende convertirse en algo más que una protesta contra los precios de la vivienda o las dificultades para llegar a fin de mes.

Representa también una discusión sobre el modelo económico y social de España, sobre el papel de los servicios públicos, la liberalización de sectores estratégicos y la capacidad de los movimientos sociales para condicionar las decisiones políticas.

La defensa de la vivienda, las pensiones, el ferrocarril público, la educación y unas condiciones laborales dignas forman parte de una misma reivindicación: que las necesidades de la mayoría social estén por encima de los intereses económicos de unos pocos.

Desde la perspectiva de CGT, la movilización debe mantener su independencia respecto de los partidos y evitar que cualquier organización intente apropiarse de sus resultados.

El mensaje final del secretario general es una invitación a la participación y a la organización colectiva. No basta con expresar indignación ante los problemas cotidianos: es necesario convertir esa indignación en movilización, solidaridad y capacidad de presión social.

El 11 de noviembre será, por tanto, una prueba para el sindicalismo, los movimientos sociales y la capacidad de la sociedad española de defender derechos que afectan al presente, pero también al futuro de las próximas generaciones.

Como concluye Fadrique, el verdadero éxito de la huelga no estará en quién consiga más protagonismo político o sindical, sino en que las reivindicaciones se traduzcan en conquistas concretas para la mayoría trabajadora.

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