ISRAEL: GADI EISENKOT SE PERFILA COMO NUEVO PRIMER MINISTRO Y LA OPOSICIÓN BUSCA CERRAR EL PASO AL REGRESO DE NETANYAHU

Por Juan Carlos Alí Torres

El Bloque del Cambio acuerda respaldar al líder de Yashar para formar un gobierno de emergencia nacional. Los partidos árabes, con una representación histórica, pueden resultar decisivos, mientras Netanyahu intenta conservar el poder pese a no contar con una mayoría parlamentaria suficiente.

Jerusalén, 3 de noviembre de 2026.

La política israelí atraviesa una de sus semanas más decisivas. Tras las elecciones parlamentarias del pasado 27 de octubre, la oposición ha comenzado a articular una estrategia común para poner fin al Gobierno de Benjamín Netanyahu y abrir una nueva etapa política bajo el liderazgo de Gadi Eisenkot, dirigente del partido Yashar y antiguo jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel.

Los principales líderes del denominado Bloque del Cambio acordaron respaldar a Eisenkot como candidato a primer ministro y promover su designación ante el presidente israelí, Isaac Herzog. El objetivo es constituir un gobierno de emergencia nacional que reúna a las fuerzas opositoras y evite la continuidad de Netanyahu al frente del Ejecutivo.

La iniciativa representa un movimiento de enorme trascendencia política: por primera vez en esta negociación poselectoral, las principales fuerzas contrarias al actual primer ministro buscan concentrar sus apoyos en una candidatura común capaz de disputar efectivamente el poder.

Una mayoría alternativa para desplazar a Netanyahu

Los resultados electorales han dejado un Parlamento fragmentado y un escenario de difícil resolución. El bloque favorable a Netanyahu cuenta con 53 escaños en la Knéset, lejos de los 61 necesarios para alcanzar la mayoría absoluta. El Likud, su formación política, obtuvo 27 bancas y continúa siendo la principal fuerza individual, pero su posición no garantiza la formación de un nuevo Gobierno.

Frente a esta situación, los partidos del Bloque del Cambio intentan transformar la suma de sus apoyos en una alternativa parlamentaria viable. Su estrategia consiste en cerrar filas en torno a Eisenkot y negociar los respaldos necesarios para impedir que Netanyahu vuelva a reunir una mayoría de Gobierno.

Tras el acuerdo anunciado este martes, los dirigentes opositores expresaron su intención de actuar inmediatamente para sustituir al Ejecutivo surgido de la etapa política marcada por los acontecimientos del 7 de octubre y constituir un Gobierno de emergencia nacional.

La decisión supone un paso importante, aunque todavía no equivale a una mayoría parlamentaria asegurada. La candidatura de Eisenkot deberá superar las diferencias ideológicas entre los partidos que pretenden poner fin al liderazgo de Netanyahu.

El voto árabe, la pieza decisiva de la negociación

Uno de los elementos más relevantes del nuevo escenario es el peso adquirido por los partidos árabes, que obtuvieron conjuntamente 19 escaños, según los resultados citados en el escenario electoral descrito.

Su representación puede convertirse en un factor determinante para la formación del próximo Gobierno. Los legisladores árabes han manifestado su disposición a recomendar a Eisenkot ante el presidente Herzog con el propósito de impedir la continuidad de Netanyahu.

Sin embargo, es necesario distinguir entre respaldar a un candidato en las consultas presidenciales, facilitar su investidura y formar parte de una coalición gubernamental. Son decisiones políticas diferentes y, hasta el momento, no se ha anunciado un acuerdo definitivo que resuelva todas esas cuestiones.

La posibilidad de una cooperación parlamentaria con los partidos árabes también abre una profunda discusión dentro del propio campo opositor. Algunas de sus formaciones consideran imprescindible sumar todos los apoyos posibles para terminar con el ciclo político de Netanyahu, mientras que sectores de la derecha nacionalista rechazan depender de partidos árabes para gobernar.

La negociación, por tanto, no se limita a una disputa entre dos candidatos. También pone a prueba los límites de la cooperación entre fuerzas políticas con posiciones muy diferentes sobre la identidad del Estado, la seguridad, los derechos de la minoría árabe y el futuro de la política israelí.

Eisenkot ante el desafío de unir a una oposición heterogénea

Gadi Eisenkot aparece como la figura elegida para intentar superar la fragmentación opositora. Su trayectoria militar y su perfil de seguridad pueden facilitar el acercamiento a sectores del electorado que no se identifican con la izquierda, pero que cuestionan la continuidad de Netanyahu.

No obstante, su candidatura deberá afrontar importantes contradicciones internas. Avigdor Lieberman, dirigente de Yisrael Beytenu, y Naftali Bennett, vinculado a la formación Together en el escenario descrito, han rechazado la posibilidad de integrar un Gobierno que dependa formalmente de los partidos árabes.

Eisenkot también ha establecido condiciones para cualquier entendimiento, entre ellas el reconocimiento de Israel como Estado judío y la implantación de un servicio nacional obligatorio.

Estas exigencias podrían complicar las conversaciones con los representantes árabes y con otros sectores que reclaman cambios políticos y sociales. La oposición comparte el objetivo inmediato de desplazar a Netanyahu, pero eso no significa que exista un consenso completo sobre el programa del futuro Ejecutivo.

El gran interrogante es si Eisenkot podrá convertir una alianza electoral contra Netanyahu en una coalición de Gobierno con estabilidad suficiente para aprobar presupuestos, afrontar los desafíos de seguridad y responder a las demandas sociales.

Netanyahu no renuncia a la batalla

A pesar de las dificultades, Benjamín Netanyahu no ha abandonado su aspiración de continuar en el poder. El primer ministro defiende su derecho a encabezar un nuevo Ejecutivo por la posición del Likud como principal partido individual y reclama la formación de un Gobierno nacional amplio.

También ha criticado duramente la posibilidad de que la oposición dependa de las formaciones árabes, presentando ese eventual entendimiento como un riesgo para el Estado israelí.

Sin embargo, el sistema parlamentario israelí no concede automáticamente el Gobierno al dirigente de la formación más votada. La cuestión decisiva es quién puede reunir los apoyos necesarios para formar una mayoría en la Knéset.

En ese sentido, los 53 escaños del bloque favorable a Netanyahu representan una dificultad sustancial. Si Eisenkot logra articular una alternativa viable, el actual primer ministro podría quedar fuera del poder incluso aunque el Likud conserve la condición de principal partido individual.

La derrota política de Netanyahu, sin embargo, todavía no puede darse por consumada. Las negociaciones están abiertas y las diferencias entre los partidos opositores podrían frustrar el intento de construir una mayoría alternativa.

Herzog abre una nueva fase institucional

El siguiente paso corresponde al presidente Isaac Herzog, que tiene previsto iniciar el miércoles 4 de noviembre las consultas con las distintas fuerzas parlamentarias.

Tras escuchar a los partidos, Herzog deberá decidir a quién encarga la formación del Gobierno, atendiendo a las posibilidades de cada candidato para conseguir los apoyos necesarios.

El candidato designado dispondrá de un plazo de hasta seis semanas para intentar cerrar los acuerdos y presentar una fórmula de Gobierno viable, de acuerdo con el calendario descrito para este proceso.

La designación presidencial será importante, pero no resolverá por sí misma la crisis. El verdadero desafío consistirá en transformar las recomendaciones de los partidos en compromisos parlamentarios concretos.

Una elección que puede cambiar el ciclo político israelí

La candidatura de Gadi Eisenkot representa mucho más que una renovación de nombres. Expresa el intento de construir una mayoría transversal alrededor de un objetivo compartido: impedir que Benjamín Netanyahu prolongue su permanencia en el poder.

La participación de los partidos árabes añade una dimensión histórica a la negociación, al situar su representación parlamentaria en el centro de la disputa por la formación del Gobierno. Al mismo tiempo, las resistencias de sectores de la derecha opositora muestran hasta qué punto resulta complicado establecer una alianza que reúna a fuerzas con diferencias profundas.

Si Eisenkot consigue superar esos obstáculos, Israel podría entrar en una nueva etapa política, con un Ejecutivo que intente recomponer la confianza institucional y revisar las prioridades del país tras años de polarización y crisis.

Pero el desenlace todavía está abierto. Una candidatura común no garantiza una mayoría, y el rechazo a Netanyahu no constituye, por sí solo, un programa de Gobierno compartido.

La clave de los próximos días será comprobar si la oposición está dispuesta a convertir su rechazo a Netanyahu en un acuerdo político duradero. Si lo consigue, el actual primer ministro podría afrontar el final de su ciclo de poder. Si fracasa, la fragmentación parlamentaria podría ofrecerle una nueva oportunidad.

Por ahora, Eisenkot se perfila como el principal aspirante de la oposición, mientras Netanyahu intenta resistir una ofensiva política que amenaza con cerrar definitivamente su regreso al frente del Gobierno. El resultado dependerá de las negociaciones, de la posición final de los partidos árabes y de la capacidad de los distintos bloques para reunir una mayoría efectiva en la Knéset.

Nota editorial: este artículo se basa en los datos y acontecimientos facilitados para el 3 de noviembre de 2026 por agencias de información.

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