REVILLA pronostica la victoria de SÁNCHEZ; RUFIÁN revela las tensiones de la izquierda y PODEMOS se juega su futuro el 29-N

Por Adriana F. Gómez.

La crisis del Frente Amplio, el fracaso de las negociaciones entre Podemos y las fuerzas progresistas, las encuestas del CIS y la amenaza de la extrema derecha dibujan una campaña decisiva para el futuro político de España.

MADRID.– La precampaña de las elecciones generales del próximo 29 de noviembre se desarrolla entre pronósticos electorales, enfrentamientos políticos y una profunda crisis de coordinación en la izquierda situada a la izquierda del PSOE. En las últimas horas, dos intervenciones televisivas han concentrado la atención: la de Miguel Ángel Revilla en La Sexta Xplica, donde, según las informaciones difundidas, pronosticó una victoria de Pedro Sánchez, y la de Gabriel Rufián en una entrevista con José Yélamo, en la que abordó las negociaciones fallidas para articular una candidatura unitaria de las fuerzas progresistas.

Las declaraciones llegan en un momento especialmente delicado para Podemos, que se enfrenta a una disyuntiva: conservar su identidad política y sus estructuras propias o arriesgarse a perder representación parlamentaria por la fragmentación electoral y la falta de acuerdos con otras organizaciones.

Revilla carga contra Ayuso, la corrupción del PP y la estrategia de la derecha

Miguel Ángel Revilla volvió a situarse en el centro del debate político con unas declaraciones que han generado repercusión en las redes sociales. Durante su intervención televisiva, el expresidente de Cantabria habría anticipado que Pedro Sánchez ganará las elecciones del 29 de noviembre.

Su pronóstico introduce un elemento de interés en una campaña en la que el Partido Popular pretende convertir los comicios en un plebiscito sobre el Gobierno, mientras el PSOE busca movilizar al electorado progresista y presentar la estabilidad política y la protección social como argumentos centrales.

Revilla también habría criticado duramente a Isabel Díaz Ayuso por su actuación ante las movilizaciones y la acampada en la Puerta del Sol relacionadas con la crisis de la vivienda. La dureza de sus expresiones refleja el enfrentamiento entre dos modelos políticos: uno que reivindica la intervención pública para proteger a los ciudadanos y otro que defiende una mayor confianza en el mercado y una menor regulación.

En materia de corrupción, el dirigente cántabro habría dirigido sus críticas hacia figuras vinculadas al Partido Popular, entre ellas antiguos responsables ministeriales de los gobiernos de José María Aznar y la expresidenta madrileña Esperanza Aguirre. Estas declaraciones debe entenderse como valoraciones políticas, y tal vez  como una prueba de responsabilidades penales en la mayoría de los casos, atendiendo a sus resoluciones judiciales y a las responsabilidades acreditadas.

Revilla también habría arremetido contra las declaraciones de José María Figaredo, de Vox, sobre la necesidad de aplicar la motosierra al Estado, y contra Alberto Núñez Feijóo y Miguel Tellado.

La cuestión de fondo es si la derecha española plantea una reforma del Estado dentro de los límites constitucionales o si algunos de sus discursos contribuyen a desacreditar instituciones y servicios públicos esenciales. En una democracia, la crítica al funcionamiento de la Administración es legítima; la destrucción de garantías fundamentales, en cambio, no puede presentarse como una simple medida de ahorro.

expresidente de Cantabria Miguel A?ngel Revilla en LaSexta Xplica

Gabriel Rufián y el fracaso de la unidad: ¿qué ocurrió realmente?

La otra gran noticia política gira en torno a Gabriel Rufián y sus declaraciones sobre las conversaciones entre Podemos y las organizaciones que trabajan en la construcción del denominado Frente Amplio.

La entrevista con José Yélamo ha vuelto a colocar sobre la mesa una pregunta que lleva meses dividiendo al espacio progresista: ¿por qué no se ha conseguido construir una candidatura común capaz de competir en mejores condiciones frente al PP y Vox?

Rufián ha defendido en distintas ocasiones la necesidad de articular alianzas entre las izquierdas y de evitar que la fragmentación favorezca a la derecha. Sin embargo, una cosa es defender públicamente la unidad y otra conseguir que los partidos acepten un acuerdo electoral con reglas compartidas, candidaturas equilibradas y garantías de representación.

Para determinar si Rufián fracaso políticamente al no conseguir unificar a los partidos a la izquierda del PSOE de cara a las elecciones generales del 29 de noviembre, es ya una evidencia, y eso lo hace menos determinante o menos simpático en cualquier acto electoral , podríamos decir que estamos ante un fiasco o verde humos, qué llegó para dinamitar cualquier acuerdo, teledirigido por ERC y sus luchas territoriales con En Comun en Barcelona, dónde Podemos entro sin medir las consecuencias.

Durante una entrevista emitida en directo en el programa La hora de la 1 de TVE conducido por Silvia Intxaurrondo, el portavoz de ERC se mostró sumamente autocrítico y mencionó las claves en sus declaraciones en televisión e intervenciones paralelas que fueron las siguientes:

• Asunción del fracaso en primera persona: Rufián declaró textualmente: «Sinceramente no he podido, hemos fracasado y concretamente yo he fracasado o estamos muy cerca de fracasar».

• Disculpas por el «espectáculo dantesco»: Pidió perdón a la ciudadanía por la incapacidad de las cúpulas de partidos como Podemos, Frente Amplio, Más Madrid o Sumar para simplificar la oferta electoral, tildando las negociaciones de «vodevil» y de «espectáculo dantesco» provocado por una guerra de egos.

• Exceso de optimismo: Reconoció haber sobrestimado su propia capacidad de influencia. Pensó que, utilizando el clamor de la calle y su peso electoral, lograría «torcer el brazo a los aparatos de los partidos», algo que finalmente no ocurrió.

• Intención de dimitir: Confesó tanto en TVE como en la emisora RAC1 que el golpe moral fue tan duro que estuvo a punto de «marcharse» y dejar la política, aunque decidió continuar por responsabilidad elec

Lo que sí resulta evidente en el escenario descrito es que las negociaciones no han conseguido resolver las diferencias estratégicas entre Podemos, Esquerra Republicana de Catalunya y las organizaciones que participan en el Frente Amplio.

Aquí aparece una de las principales contradicciones de la izquierda: mientras sus dirigentes apelan a la unidad para frenar a la extrema derecha, las organizaciones continúan compitiendo por el liderazgo, los puestos de salida y la conservación de sus estructuras.

La crítica política mas contundente, precisa. pruebas suficientes para calificar a Rufián de «caballo de Troya» de la derecha, expresión para sostener que su estrategia ha contribuido a debilitar una alianza, con consecuencias electorales, y decisiones o acuerdos que finalmente se han frustrado y desalientan al votante

Podemos: cinco escaños posibles, pero ninguna garantía

Uno de los aspectos más relevantes de esta crisis es el futuro parlamentario de Podemos, dónde la organización podría mantener representación si consigue colocar a candidatas con posibilidades reales de resultar elegidos en listas de otras fuerzas políticas.

Entre las posibilidades que se han planteado figuran las siguientes si se postulan los ganadores de las primarias:

  • Barcelona: Alejandra Sandoval Villalobos, en el puesto número seis, y María Pozuelo Castro, en el número diez, dentro de las listas de Esquerra Republicana de Catalunya.
  • Alicante: María Teresa Pérez Díaz, mediante el acuerdo con el espacio valenciano.
  • Madrid: Irene Montero y, eventualmente, Jacinto Morano González, dependiendo de la configuración definitiva de las candidaturas y de las posibilidades electorales.

Estas posiciones no deben confundirse con escaños asegurados, ya que luego a la hora de votar se puedendar sorpresas. La elección dependerá de las listas oficialmente registradas, los resultados de cada candidatura y el reparto de diputados en cada circunscripción.

Si Podemos lograra cinco representantes, podría conservar una parte importante de su presencia institucional y de su capacidad para sostener su organización, sin embargo, el resultado también tendría una lectura política que puedan hacer las y los españoles, aunque su capacidad para competir electoralmente con una marca propia queda muy reducida.

La diferencia es fundamental. Una cosa es conservar representación parlamentaria y otra disponer de una base electoral suficiente para liderar un proyecto político autónomo.

El riesgo de un voto de castigo

La estrategia de Podemos puede tener costes electorales, ya que una parte de sus votantes podría considerar que la dirección ha priorizado la supervivencia del aparato y los puestos de sus principales dirigentes frente a la construcción de una alternativa más amplia, otros electores, por el contrario, podrían respaldar los acuerdos con ERC o con las fuerzas valencianas como una fórmula pragmática para evitar la pérdida de representación.

El resultado dependerá de qué sentimiento prevalezca: la voluntad de conservar una voz propia en el Congreso o el rechazo a unas negociaciones fracasadas percibidas como una disputa entre partidos, y los egos por los puestos de salida.

Tampoco puede darse por hecho que todos los votantes de Podemos rechacen o no, un pacto con ERC. para ir a votarlo, esa valoración dependerá del territorio y la percepción de cada elector.

Existe, no obstante, una contradicción política en éste circo y que pasara factura ya que merece atención, especial , si el Frente Amplio incorpora en Catalunya a En Comú y Podemos busca simultáneamente acuerdos con ERC, las diferencias entre las organizaciones catalanas estaba claro que complicarian una estrategia estatal coordinada. ¿ Por qué lo hicieron? Ese pacto significo que un entendimiento fuera imposible, no resolviendo rivalidades electorales y establecer compromisos políticos claros.

¿Puede el Frente Amplio dejar a Podemos como una fuerza testimonial?

La posibilidad existe, aunque todavía no puede presentarse como un resultado inevitable. Podemos ha sufrido dificultades para mantener su influencia desde la ruptura con Sumar y la pérdida de capacidad para articular una alternativa estatal amplia. Las diferencias con Izquierda Unida, Movimiento Sumar, En Comun y otras organizaciones han dificultado la construcción de una estructura común que combine implantación territorial, liderazgo reconocible y un programa compartido.

La dirección de Pablo Iglesias, (que es quien manda en PODEMOS) y su influencia política, así como la estrategia desarrollada por el instrumentalizada en su mujer (Irene Montero) e Ione Belarra en los últimos años forman parte del debate sobre las causas de esta situación. También lo hacen las decisiones de la actual dirección, de Podemos subordinada al jefe, encabezada por Ione Belarra, y el papel de Irene Montero.

La crítica más importante no debería centrarse en cuestiones personales o familiares, sino en los resultados políticos y si las decisiones adoptadas han contribuido a reducir la base electoral, debilitar las alianzas y limitar la capacidad de influir en las políticas públicas, la responsabilidad es evidente y sus dimisiones necesarias.

La historia y los resultados autonómicos de Galicia, Castilla y León y Aragón, deben servir de base para suponer un fracaso a nivel nacional y el fin de un ciclo de dirigentes convertidos en casta, podríamos afirmar de manera general que Podemos quedó por debajo del 1 % en todas esas comunidades pasando a ser testimoniales.

La pregunta central podríaser: ¿puede un partido sostener una estrategia estatal si su implantación territorial se debilita y depende cada vez más de acuerdos con organizaciones que tienen sus propios intereses?

Si la respuesta electoral del 29-N es negativa, Podemos podría conservar algunos escaños y, al mismo tiempo, perder buena parte de su capacidad para condicionar el rumbo de la izquierda. Esa sería una derrota estratégica incluso si sus dirigentes lograran mantener representación.

Las encuestas del CIS: el PSOE parte con ventaja, pero el resultado no está decidido

La demoscopia añade otro elemento de presión a las negociaciones. Según las cifras del CIS correspondientes a octubre de 2026 que se han difundido en este contexto, el PSOE alcanzaría el 34 % de la estimación de voto, el PP obtendría el 22,2 %, Vox llegaría al 17,1 %, el espacio de Frente Amplio/Sumar se situaría en el 6,1 % y Podemos superaría ligeramente el 3 %. <MemoryCite />

La fotografía dibuja un PSOE claramente por delante del PP, una derecha fragmentada entre populares y Vox y un espacio progresista situado a la izquierda de los socialistas que todavía no ha resuelto sus problemas de coordinación.

Formación o espacioEstimación atribuida al CIS
PSOE34 %
PP22,2 %
Vox17,1 %
Frente Amplio/Sumar6,1 %
PodemosAlgo más del 3 %

Estas cifras se reproducen como datos facilitados para este análisis; antes de publicarlas como resultados oficiales conviene contrastarlas con el barómetro original del CIS, su ficha técnica y la estimación de voto publicada.

Si estas estimaciones se confirmaran, el PSOE tendría una ventaja de 11,8 puntos sobre el PP. No obstante, una encuesta no determina por sí sola quién podrá formar Gobierno.

El sistema electoral español distribuye los escaños por circunscripciones provinciales. Por ello, el porcentaje nacional de una formación no se traduce automáticamente en una cantidad proporcional de diputados. La concentración territorial del voto, el número de escaños que reparte cada provincia y la competencia entre candidaturas pueden alterar sustancialmente el resultado.

En ese contexto, la fragmentación de la izquierda puede tener consecuencias especialmente importantes en las provincias que eligen pocos diputados. Una candidatura progresista que no alcance suficiente apoyo puede quedarse sin representación, mientras otra formación obtiene el escaño con una diferencia relativamente pequeña.

Pero tampoco debe afirmarse que todas las coaliciones son necesariamente mejores que las candidaturas separadas. El efecto de una alianza depende de la transferencia efectiva de votos, de la movilización, de los conflictos internos y de cómo reaccionen los electorados de cada partido.

La unidad hubiera sido una ventaja, pero únicamente existiendo un acuerdo capaz de sumar apoyos y no de provocar nuevas fugas de votantes y desilusión.

PSOE, PP y Vox: tres estrategias ante el 29-N

El PSOE afronta las elecciones con la oportunidad de movilizar a los votantes progresistas que consideran que un cambio de Gobierno podría poner en peligro las políticas sociales, laborales y de vivienda. La previsión de Revilla de una victoria de Pedro Sánchez encaja en ese escenario, aunque no sustituye a los datos electorales ni constituye una predicción verificable por sí misma.

El PP de Alberto Núñez Feijóo necesita convertir su oposición al Gobierno en una alternativa mayoritaria. La presencia de Vox, con una estimación de voto elevada, complica esa tarea: una parte del electorado de derechas puede optar por la formación de Santiago Abascal, mientras que las diferencias entre ambos partidos pueden dificultar una estrategia compartida.

Vox, por su parte, busca capitalizar el descontento político mediante un discurso de confrontación con el Gobierno y las instituciones que considera responsables de la situación del país. Las declaraciones de Figaredo sobre la motosierra y el Estado de derecho ilustran el tipo de debate que puede marcar la campaña, aunque su alcance debe evaluarse a partir de las palabras exactas pronunciadas.

La incógnita consiste en saber si el voto de derechas se concentrará en el PP, si Vox continuará creciendo o si la competencia entre ambas formaciones acabará perjudicando sus posibilidades de alcanzar una mayoría parlamentaria.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, besa a su mujer durante su mitin de proclamación como candidato en Fuenlabrada (Madrid) este 17 de octubre de 2026. | FLICKR PSOE / EVA ERCOLANESE

La vivienda puede convertirse en uno de los grandes ejes electorales

La crisis de la vivienda amenaza con convertirse en uno de los asuntos más decisivos del 29-N.

Los problemas de acceso al alquiler, la subida de precios, la inseguridad residencial y los conflictos entre propietarios e inquilinos afectan tanto a jóvenes como a pensionistas y familias trabajadoras. La polémica en torno a la acampada de Sol y el caso de Mari Carmen, la mujer de 87 años cuyo desahucio ha provocado protestas, han situado esta cuestión en el centro del debate público.

La disputa política enfrenta dos planteamientos: reforzar la regulación para proteger a los inquilinos y ampliar la intervención pública, o priorizar medidas de mercado y otras fórmulas para incrementar la oferta de viviendas.

El fracaso de acuerdos parlamentarios sobre medidas de protección residencial puede convertirse en un argumento de campaña para el PSOE y las fuerzas situadas a su izquierda. Sin embargo, su eficacia electoral dependerá de que los ciudadanos perciban resultados concretos en los precios, la disponibilidad de vivienda y la seguridad de sus contratos.

Para Podemos, la vivienda representa también una oportunidad de recuperar protagonismo político. Pero esa oportunidad puede perderse si el debate sobre las soluciones sociales queda eclipsado por los enfrentamientos internos de la izquierda.

La diáspora española y el voto exterior: una cuestión democrática pendiente

El escenario electoral tiene otra dimensión que no debería quedar fuera del debate: la participación de los españoles residentes en el extranjero.

La controversia sobre el voto CERA de ciudadanos nacionalizados al amparo de la Ley de Memoria Democrática ha abierto una discusión sobre la igualdad política, la seguridad jurídica y el alcance de los derechos electorales de quienes viven fuera de España.

La exclusión de electores del censo o la imposibilidad de ejercer el voto deben analizarse con rigor jurídico, distinguiendo las decisiones judiciales, los procedimientos electorales y las demandas de las organizaciones de la diáspora.

Para una parte de la ciudadanía exterior, el problema no se limita a una elección concreta. Incluye las dificultades consulares, las políticas de retorno, el acceso a la nacionalidad, la atención administrativa y la representación efectiva en las instituciones.

Las fuerzas progresistas que reclaman la movilización frente a la derecha deben explicar también qué medidas concretas proponen para garantizar la participación política de los españoles residentes en el exterior. La defensa de los derechos democráticos pierde credibilidad cuando determinados colectivos sienten que sus problemas solo aparecen en campaña.

Conclusión: la unidad no se proclama, se construye

El 29 de noviembre puede convertirse en una prueba decisiva para el conjunto de la izquierda española. El PSOE parece partir con ventaja en las estimaciones atribuidas al CIS, pero el reparto de escaños dependerá de los resultados provinciales y de la capacidad de cada bloque para movilizar a sus votantes.

Podemos se enfrenta a una contradicción difícil de resolver, sin alianzas podra mantener representación, ya que su supervivencia como organización autónoma depende de demostrar que conserva una base electoral propia. Los acuerdos con ERC y con las fuerzas valencianas pueden ofrecerle una salida parlamentaria, aunque no garantizan una recuperación política.

Gabriel Rufián puso sobre la mesa la necesidad de unir a las izquierdas, pero fracaso y esa voluntad no se pudo traducir en acuerdos duraderos, mecanismos transparentes y una distribución de responsabilidades ya wue esa negociación fue una batalla colectiva dectofas las partes implicadas por los puestos de salida o malas estrategias como la de Podemos.

Pero la responsabilidad tampoco corresponde exclusivamente a Podemos. Las organizaciones del Frente Amplio, Izquierda Unida, Movimiento Sumar. En Comun y las demás fuerzas implicadas deben explicar qué estaban dispuestas a ceder, qué líneas rojas impidieron el acuerdo y qué alternativas ofrecen ahora a sus electores.

El peligro es que los ciudadanos que reclaman una alternativa social a la derecha , han terminado contemplando una disputa interna que no responde a sus preocupaciones cotidianas.

Porque la unidad de la izquierda no puede consistir únicamente en compartir un cartel electoral o pronunciar discursos contra la extrema derecha. Debe construirse alrededor de un programa reconocible, reglas democráticas, respeto entre las organizaciones y un compromiso real con la ciudadanía.

Si los partidos anteponen sus intereses organizativos a ese objetivo, el precio no lo pagarán únicamente sus dirigentes. También lo pagarán los votantes que buscan una alternativa, los trabajadores que reclaman mejores condiciones de vida, los inquilinos que necesitan una vivienda y los españoles residentes en el extranjero que exigen ejercer sus derechos.

El 29-N no decidirá solamente cuántos diputados consigue cada partido. También pondrá a prueba si la izquierda española es capaz de superar sus divisiones y transformar sus promesas de unidad en una alternativa política creíble.

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