El PSOE resiste, la derecha se fragmenta y la diáspora vuelve a quedar fuera del radar electoral.

Por Francisco López

El PSOE resiste, la izquierda se concentra, mientras la derecha del Partido Popular se etanca sin crecimiento, VOX se radicaliza y la España exterior vuelve a quedar olvidada.

El CIS sitúa al PSOE en el 31%, por delante del PP, mientras Vox avanza y Podemos y Sumar quedan relegados a un espacio minoritario pero potencialmente decisivo para una mayoría progresista.

El avance de resultados del estudio 3577, Barómetro de septiembre de 2026 del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) vuelve a dibujar un mapa político marcado por una realidad: el PSOE continúa siendo la primera fuerza política española, aunque pierde dos puntos respecto al barómetro de julio.

Los socialistas obtienen una estimación de voto del 31%, frente al 25,5% del Partido Popular se estanca y Vox mantiene una trayectoria ascendente en un escenario político en el que la inmigración y, particularmente, la crisis de Ceuta, han adquirido una notable presencia en el discurso de la derecha, pero solo les funciona como relato.

En el espacio progresista situado a la izquierda del PSOE, los datos muestran una situación mucho más complicada. Podemos alcanza el 3,7%, mientras Sumar y otras formaciones se mantienen en porcentajes reducidos. SALF obtiene el 1,8%.

La fotografía electoral es, por tanto, aparentemente paradójica: el PSOE pierde apoyo, pero continúa siendo claramente la primera fuerza; mientras la izquierda alternativa pierde peso electoral sin dejar necesariamente de tener importancia parlamentaria.

El voto útil vuelve a aparecer en el horizonte.

Los datos del CIS permiten plantear una hipótesis que puede resultar fundamental para comprender el comportamiento electoral de la izquierda. Una parte del electorado progresista podría estar apostando por concentrar su voto en el PSOE ante el temor a una eventual llegada al Gobierno de una alianza entre PP y Vox.

No se trata de una conclusión que pueda atribuirse directamente al CIS, sino de una interpretación política de la fotografía electoral, pero la dinámica es conocida: cuando existe una percepción de riesgo de victoria de la derecha, una parte del electorado puede abandonar opciones minoritarias para concentrar su voto en aquella formación con mayores posibilidades de disputar el primer puesto.

En ese escenario, el PSOE se convierte en receptor del denominado voto útil de la izquierda, y aquí aparece la gran contradicción. Podemos y Sumar pueden ser electoralmente pequeños y, al mismo tiempo, políticamente imprescindibles. Si las elecciones terminan produciendo un Parlamento fragmentado, los votos y escaños de las fuerzas situadas a la izquierda del PSOE podrían ser determinantes para construir una mayoría progresista.

Por eso, hablar de partidos “testimoniales” puede resultar engañoso, ya que su porcentaje puede ser pequeño, pero su capacidad para decidir quién gobierna puede ser enorme.

Vivienda antes que inmigración.

El propio CIS ofrece otro dato especialmente significativo. La vivienda continúa siendo el principal problema de España, con un 37,5% de menciones, aunque registra un descenso de 5,5 puntos. La crisis económica ocupa el segundo lugar, con un 21,6%, mientras la inmigración aparece en tercera posición, con un 19,7%.

El dato desmonta parcialmente la idea de que la inmigración constituye necesariamente el principal motor de la decisión electoral.Puede ser uno de los asuntos más utilizados en la confrontación política, especialmente por la derecha y la extrema derecha, pero no necesariamente es el problema que más determina el voto ciudadano.

La vivienda afecta directamente a jóvenes, familias trabajadoras, pensionistas, personas que viven de alquiler y ciudadanos que no pueden acceder a una vivienda propia, y también afecta especialmente a quienes quieren regresar a España después de años viviendo en el extranjero.

Sánchez, Feijóo, Díaz y Abascal: la fotografía de los liderazgos.

En valoración de líderes, Pedro Sánchez vuelve a situarse en primera posición, con una nota media de 4,18 puntos, le sigue Yolanda Díaz, con 3,99; Alberto Núñez Feijóo obtiene 3,65 y Santiago Abascal 3,01.

Ninguno consigue el aprobado, pero la clasificación muestra que el presidente del Gobierno mantiene una valoración superior a sus principales adversarios. Mientras tanto, la derecha continúa intentando convertir determinados asuntos —inmigración, seguridad, identidad nacional o conflicto territorial— en elementos centrales de la agenda electoral.

El problema es que las preocupaciones cotidianas de una parte importante de la población siguen estando vinculadas a cuestiones mucho más materiales, vivienda, salarios, empleo, pensiones, servicios públicos y coste de la vida.

La gran ausente: la España que vive fuera

Pero existe una ausencia mucho más profunda en esta fotografía electoral «La diáspora española», dónde illones de personas con ciudadanía española viven fuera de España. Y, sin embargo, su realidad política continúa siendo prácticamente invisible en las grandes encuestas nacionales.

Resulta especialmente llamativo en un momento en el que el voto exterior está sometido a un intenso debate político y jurídico. La cuestión del CERA, la participación electoral de los residentes en el extranjero y los procedimientos relacionados con quienes adquirieron la nacionalidad española mediante la Ley de Memoria Democrática han situado a la ciudadanía exterior en el centro de una discusión que, paradójicamente, se produce sin preguntarle directamente qué piensa. ¿Dónde están las encuestas específicas sobre la diáspora?¿Dónde están los estudios que analicen sus prioridades?¿Quién pregunta a esos ciudadanos si su principal preocupación es la vivienda, el retorno, la sanidad, el empleo, la nacionalidad, los derechos electorales o la situación de los consulados? La respuesta es incómoda: muy poco.

Nacionalidad no significa automáticamente una determinada ideología.

Existe además un peligro político en el debate actual. La ampliación de la nacionalidad española mediante la Ley de Memoria Democrática ha generado millones de nuevos vínculos jurídicos con España y ha alimentado determinadas especulaciones sobre la orientación política de esos ciudadanos.

Pero una cosa debe quedar clara: tener derecho a la nacionalidad española no determina el voto de nadie. Un ciudadano español residente en Argentina, Cuba, México, Venezuela, Estados Unidos o cualquier otro país no debería ser clasificado electoralmente antes siquiera de haber sido consultado.

Precisamente por eso hacen falta datos, no prejuicios, especulaciones o etiquetas políticas. Encuestas. Estudios. Participación. Escucha

El argumento del 6% tampoco puede servir para invisibilizar al exterior

En las elecciones generales de 2023 la participación del electorado residente en el extranjero fue extraordinariamente baja en relación con el tamaño del CERA, que solamente una pequeña parte del censo exterior terminara participando no debería llevar a la conclusión de que la diáspora carece de importancia.

Debería provocar exactamente la pregunta contraria:¿Por qué no votaron?. Porque si millones de españoles tienen derecho a participar y solo una pequeña parte lo hace, existe un problema democrático que debe ser analizado. La solución no puede consistir en ignorarlos, ya qué hay que estudiar las causas: procedimientos electorales, información, dificultades administrativas, distancia de los consulados, inscripción censal, desafección, confianza en las instituciones y percepción de que la política española realmente escucha a quienes viven fuera.

La diáspora también puede decidir elecciones.

El debate adquiere todavía mayor importancia cuando se habla de mayorías parlamentarias ajustadas, en un sistema fragmentado, unos pocos escaños pueden determinar quién gobierna. Por eso resulta contradictorio que los partidos políticos se preocupen por cada décima de voto dentro de España mientras apenas desarrollan investigaciones electorales específicas sobre millones de españoles residentes en el exterior.

Si el voto exterior puede ser decisivo, la ciudadanía exterior debe ser tratada como un actor político y no como una cuestión administrativa.Y eso implica algo tan sencillo como preguntarle.

Una izquierda que debe mirar también hacia fuera.

El barómetro de septiembre deja una advertencia para la izquierda, y no es otro qué el PSOE mantiene el liderazgo, pero pierde dos puntos. Podemos y Sumar tienen un espacio electoral reducido; Vox continúa creciendo y la posibilidad de una concentración del voto progresista alrededor del PSOE puede aumentar a medida que se acerquen unas elecciones generales.

Pero existe otra cuestión que la izquierda debería incorporar a su agenda: la representación política de la diáspora española en sus propias listas como candidatos y candidatas. Las personas españolas que viven fuera necesitan políticas específicas de retorno, reconocimiento de derechos, acceso a la sanidad y educación cuando regresan, vivienda, empleo, nacionalidad y una verdadera participación política.

No necesitan que nadie decida por ellos cómo van a votar, sino qué necesitan que alguien les pregunte.

Podrrmos terminar este artículo con una reflexión final que se puede definir en una sola frase «España termina donde termina su ciudadanía» .

El problema no es solamente que el CIS no ofrezca una fotografía suficientemente detallada de la diáspora, el problema es más profundo ya que durante demasiado tiempo, la política española ha contemplado a los españoles residentes en el exterior como un colectivo administrativo que aparece cada cuatro años en las estadísticas electorales, pero no como una parte permanente de la sociedad española. Eso tiene que cambiar.

La España del siglo XXI no termina en los Pirineos ni en sus fronteras marítimas, sino que está también en Buenos Aires, Ciudad de México, Montevideo, París, Londres, Berlín, Bruselas, Nueva York y en cientos de ciudades donde viven personas de ciudadanía española, y si se debate sobre ellos, sobre su nacionalidad, sobre su CERA, sobre su voto y sobre su supuesta orientación política, existe una obligación democrática elemental que no es otra que escucharlas.

Porque la pregunta no debería ser qué votará la diáspora, sino qué la pregunta debería ser mucho más sencilla:¿Por qué nadie le está preguntando qué quiere?

Enlace del CIS

Avance de resultados del estudio 3577 ‘Barómetro de septiembre 2026’ https://share.google/kqsxdVP2ETBzhMWWJ

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