España ganó con buen juego y Argentina perdió con honor, «Rivales por un día, familia para siempre».

España se consagró campeona del mundo tras vencer a Argentina 1 a 0 en una final inolvidable del Mundial 2026, podríamos destacar detalles clave de este histórico partido donde España se llevó el título, desplegando un fútbol de altísimo nivel técnico y juego colectivo, mientras que por otro lado Argentina compitió hasta el último segundo con el carácter, la entrega y el honor que caracterizan a la Selección, dejando todo en la cancha.

Pero termino el mundial y con una España justa campeona del pasado domingo 19 de julio en la gran final de la Copa del Mundo. No sólo es fútbol y tenemos que recordar el puente humano qué siempre las unió, a España y Argentina, naciones hermanas que se dieron cobijo en tiempos difíciles. La final enfrento a dos selecciones contrincantes en el campo, pero unidas en su historia , (esto es algo que ninguna otra final puede exhibir) donde se han salvado la vida mutuamente. Cuando el hambre golpeó a España, Argentina abrió sus puertas. Cuando el terror golpeó a Argentina, España se las abrió de par en par. Esta es la historia del vínculo más íntimo entre ambos países, el de la sangre, el idioma y la hospitalidad recíproca.

Hay una palabra que resume mejor que ninguna la relación entre España y Argentina y no es otra que «hermanamiento». No es una figura retórica. A lo largo de siglo y medio, cada vez que uno de los dos países tocó fondo, el otro estaba al otro lado del océano con la puerta abierta. Primero fue Argentina quien recibió a millones de españoles; después fue España quien acogió a los argentinos que huían. El resultado es un pueblo repartido entre dos orillas, con los mismos apellidos y un solo corazón dividido el futbolero.

La primera gran acogida donde Argentina abre el continente fue entre 1857 y 1930, donde más de dos millones de españoles desembarcaron en el puerto de Buenos Aires. Huían de la miseria, de las guerras carlistas y de un país que no tenía trabajo para todos. Argentina, que necesitaba brazos para poblar la pampa y levantar sus ciudades, los recibió con una consigna escrita en su propia Constitución «fomentar la inmigración europea». Para muchos, fue literalmente el país que les dio de comer.

Aquella marea tuvo un fuerte acento del norte peninsular. Gallegos —tantos que en Argentina “gallego” se volvió sinónimo de español—, vascos y asturianos formaron comunidades enormes. Los emigrantes reconstruyeron su tierra en el exilio a través de sociedades de socorro mutuo: el Centro Gallego de Buenos Aires llegó a ser una de las mayores instituciones gallegas del mundo, y el Centro Asturiano de Buenos Aires se convirtió en refugio, hospital y casa de cultura para miles de familias de Asturias al otro lado del Atlántico.

Un país construido con manos españolas.

Aquellos inmigrantes no solo trabajaron si no que fundaron comercios, periódicos, clubes de fútbol y hasta instituciones. Su huella quedó grabada para siempre en el habla, la cocina y la cultura porteñas. Hoy se calcula que más de la mitad de los argentinos tiene algún antepasado español. Argentina y España no es solo son países hermanos, si no que en buena medida, Argrntina es un país hecho muy a semejanza España y de Europa.

Cuando España cayó, Argentina la sostuvo.

La Guerra Civil (1936–1939) y la victoria de Franco lanzaron al exilio a decenas de miles de españoles. Muchos encontraron en Argentina una segunda patria. No eran ya campesinos en busca de trabajo, sino médicos, científicos, maestros, editores y escritores que huían de la represión.

Con ellos cruzó el Atlántico buena parte de la mejor cultura española del siglo XX , donde el impacto fue extraordinario. Editoriales fundadas o impulsadas por exiliados —como Losada o Sudamericana— convirtieron a Buenos Aires en la gran capital del libro en español. Mientras la censura franquista ahogaba a los lectores peninsulares, era Argentina quien imprimía y difundía la literatura en castellano que en España estaba prohibida. Durante décadas, el idioma de Cervantes respiró más libre en el Río de la Plata que en una España fascista represiva y asesina.

El puente en sentido inverso, España devuelve el abrazo.

El siglo XX invirtió los papeles. Durante la dictadura militar argentina (1976–1983), miles de perseguidos —intelectuales, periodistas, artistas, militantes— tuvieron que salir del país para salvar la vida. España, que salía a su vez del franquismo, se convirtió en uno de sus principales destinos de acogida. La misma lengua que había viajado al sur volvía ahora al norte en boca de exiliados.

La segunda gran ola llegó con el estallido económico de 2001. El corralito, el default y el desempleo empujaron a centenares de miles de argentinos a buscar futuro en Europa, y muchos lo hicieron rescatando su origen español o italiano. Se formaron largas colas nocturnas ante el consulado de España en Buenos Aires. La antigua metrópoli se convertía en tabla de salvación de los descendientes de sus propios emigrantes.

Un ciclo perfecto de reciprocidad donde el que había sido puerto de acogida se convirtió en puerto de partida, y viceversa. Lo que Argentina hizo por España cuando España sufría, España lo hizo por Argentina cuando le tocó sufrir a ella. Pocas relaciones entre países pueden presumir de una simetría tan humana.

Una cultura de ida y vuelta.

El puente no solo movió personas, si no que fundió culturas. El idioma común se enriqueció en las dos direcciones, el tango cruzó el océano, y hasta el fútbol —lo que el domingo los enfrento— es un producto de ese mestizaje.

El fútbol como símbolo donde dos argentinos encarnan el puente mejor que nadie: Alfredo Di Stéfano, leyenda del Real Madrid que también vistió la camiseta de España, y Lionel Messi, que se hizo hombre y jugador en Barcelona desde los 13 años.

Que una estrella de este mundial (que participo en la final) como Messi se formara en Barcelona, junto a la gran cantidad de jugadores Argentinos que juegan en España y son idolos en sus Club de Fútbol de la liga española, o su entrenador Scaloni reside en Mallorca , unido a que uno de los mayores ídolos del fútbol español como Alfredo Di Stéfano, fuera argentino, dice más sobre estos dos países que cualquier estadística. En el fondo, comparten hasta a sus héroes.

Tambien el “che” y el habla porteña llevan ecos peninsulares; el castellano de Borges y Cortázar dialoga con el de Cervantes. Durante el franquismo, Buenos Aires fue el faro editorial del idioma reflejo de la lengua y las letras.

El puente sigue vivo: la “Ley de Nietos” (Ley de Memoria Democrática).

La reciprocidad no es historia antigua, si no que late hoy más fuerte que nunca. La Ley de Memoria Democrática de 2022, conocida popularmente como “Ley de Nietos”, ha permitido a los hijos y nietos de españoles exiliados por la Guerra Civil y la dictadura reclamar la nacionalidad y ha desatado en Argentina un fenómeno sin precedentes, donde «un millónde argentinos tendrán nacionalidad española» ( si el triunfo de la derecha derecha del Partido Popular de FEIJÓO, junto con la ultraderecha de VOX no lo impide), reflejando que el 40% de todas las solicitudes del mundo salen de Argentina, convirtiendo al consulado de Buenos Aires como el que mas trámites a recogido del planeta.

Argentina alberga la mayor comunidad española fuera de España, y la demanda es tal que, según las proyecciones, la circunscripción de Buenos Aires podría llegar a ser el tercer núcleo de españoles del mundo, solo por detrás de Madrid y Barcelona. Un siglo después de que los abuelos cruzaran el mar hacia el sur, sus nietos recuperan por ley el vínculo con la tierra de origen. El puente, lejos de cerrarse, se ha vuelto de doble sentido y de doble pasaporte.

Podríamos decir «Rivales por un día, familia para siempre» en la grada del MetLife había aficionados que llevaron las dos banderas cosidas en el mismo corazón, nietos de asturianos nacidos en Buenos Aires, argentinos con pasaporte español, familias que no sabrían a quién animar del todo. Porque más allá del resultado, esta final no enfrento a dos extraños, sino a dos ramas del mismo árbol, terminado el partido, España alzó la copa con un juego excelente y su pueblo se llenó de felicidad y Argentina perdio con honor y su pueblo se lleno de orgullo, pero terminado el mundial ambos países seguirán siendo, como lo han sido durante siglo y medio, la misma gente repartida entre dos orillas.

Fuentes: Wikipedia y Ekectromania.

Messi y sus compañeros, al dejar la cancha post final. REUTERS/Jeenah Moon

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