VOTO EN BLANCO: ¿A QUIÉN BENEFICIA? Por qué la izquierda debe movilizarse el 29-N para frenar al PP de Feijóo y a la ultraderecha de Abascal

Por Francisco López

El voto en blanco no se suma directamente a ningún partido, pero puede tener consecuencias en el reparto de escaños. En unas elecciones ajustadas, la abstención y la fragmentación del voto progresista pueden facilitar que la derecha y la ultraderecha obtengan representación. El 29 de noviembre, cada voto cuenta.

Ante las elecciones generales del próximo 29 de noviembre, vuelve una pregunta fundamental: ¿qué ocurre cuando un ciudadano decide votar en blanco, emitir un voto nulo o quedarse en casa? Aunque las tres opciones son diferentes, sus consecuencias políticas no son las mismas. Y comprenderlas resulta especialmente importante en una convocatoria electoral en la que está en juego el futuro de los derechos sociales, los servicios públicos y las políticas de vivienda.

En un escenario marcado por la confrontación entre los proyectos progresistas y las propuestas del Partido Popular de Alberto Núñez Feijóo y Vox, liderado por Santiago Abascal, conviene tener claro qué significa cada decisión ante las urnas.

Voto en blanco, voto nulo y abstención: no son lo mismo , el voto en blanco se produce, en las elecciones al Congreso, cuando se introduce en la urna un sobre oficial sin papeleta. Es un voto válido, pero no se atribuye a ninguna candidatura.

El voto nulo, por el contrario, es aquel que incumple los requisitos legales de validez. Puede producirse, por ejemplo, al introducir papeletas de candidaturas diferentes en un mismo sobre o utilizar papeletas que no cumplen las condiciones establecidas. El voto nulo se contabiliza por separado y no se incluye en el total de votos válidos que sirve para calcular la barrera electoral.

La abstención consiste en no acudir a votar. No se registra como voto emitido, aunque su efecto político puede ser importante: cuando un sector del electorado deja de participar, los partidos cuyos votantes sí acuden a las urnas pueden mejorar su posición relativa. Por tanto, ninguna de estas opciones debe confundirse con las demás.

¿Cómo puede perjudicar el voto en blanco a las candidaturas pequeñas? La clave está en la barrera electoral del Congreso. En cada circunscripción, las candidaturas deben alcanzar al menos el 3 % de los votos válidos emitidos para participar en el reparto de escaños.

Como el voto en blanco se considera válido, entra en el cálculo de ese porcentaje y puede elevar el número de votos necesarios para superar el umbral.

Imaginemos una provincia en la que se emiten 100.000 votos válidos. La barrera del 3 % se sitúa en 3.000 votos. Si una candidatura obtiene 3.100, supera el mínimo legal.

Pero si, manteniendo esos mismos apoyos a las candidaturas, se añaden 10.000 votos en blanco, el total asciende a 110.000 y la barrera aumenta a 3.300 votos. La candidatura que tenía 3.100 quedaría fuera del reparto.

Este ejemplo muestra cómo el voto en blanco puede perjudicar indirectamente a una formación que se encuentre cerca del mínimo legal, mientras que otras candidaturas pueden beneficiarse de su exclusión.

Ahora bien, hay que precisar algo importante: el voto en blanco no se entrega a Vox, al PP ni a ningún otro partido. Tampoco beneficia automáticamente a la tercera fuerza política en las encuestas. Su efecto depende de los resultados de cada provincia, del número de escaños que se reparten y de las candidaturas que superan la barrera electoral.

Por eso, afirmar que votar en blanco equivale jurídicamente a votar a Vox sería incorrecto. Pero advertir de que, en determinadas circunstancias, puede favorecer indirectamente a las candidaturas de la derecha es una cuestión política legítima.

La importancia del voto útil progresista, que se desarrolla en España es importante, los escaños del Congreso se distribuyen por circunscripciones provinciales mediante el sistema D’Hondt, después de excluir a las candidaturas que no alcanzan el mínimo legal. El tamaño de cada circunscripción también influye decisivamente: en las provincias que eligen pocos diputados, una diferencia relativamente pequeña de votos puede resultar determinante.

Por eso, la izquierda necesita combinar dos objetivos: movilizar a todo su electorado y evitar una fragmentación que termine dejando votos progresistas sin representación.

Cuando varias candidaturas de izquierda compiten por los mismos escaños, pero ninguna consigue suficientes apoyos, la división puede facilitar que el PP o Vox obtengan diputados con una proporción de votos menor de la que necesitarían en un escenario de mayor concentración del voto progresista.

Esto no significa que la solución sea siempre votar a una única formación en todas las provincias. Significa que hay que analizar los resultados, las encuestas, los escaños en juego y las posibilidades reales de cada candidatura en cada circunscripción.

El voto útil no se decide únicamente por las siglas: se decide también por la aritmética electoral de cada provincia.

¿Dónde puede ser decisivo concentrar el voto progresista? desde una estrategia orientada a impedir una mayoría de la derecha y la ultraderecha, conviene prestar especial atención a las provincias donde la división del voto progresista podría facilitar la obtención de escaños por el PP o Vox.

En el planteamiento electoral que se propone para el 29-N, se defiende priorizar el voto al PSOE en provincias que integran Castilla y León y Castilla-La Mancha, Cantabria, La Rioja, Teruel, Huesca, Extremadura, Lugo y Ourense, así como en Cádiz, Málaga, Almería, Huelva y Jaén.

En otros territorios, la estrategia planteada pasa por respaldar candidaturas de confluencia de izquierdas, el Frente Amplio o las formaciones de la izquierda confederal, según las posibilidades de representación de cada circunscripción. Entre los territorios señalados figuran la Comunidad Valenciana, Cataluña, A Coruña y Pontevedra, Sevilla, Córdoba y Granada, además de Baleares, Canarias y Madrid.

Esta distribución debe entenderse como una propuesta política de voto estratégico, no como una conclusión matemática definitiva. Para recomendar una papeleta concreta en cada provincia es necesario comprobar las candidaturas registradas, las encuestas provinciales disponibles y los últimos resultados electorales. Tampoco puede garantizarse que una determinada opción sea siempre la más eficaz sin ese análisis.

Lo esencial es que la ciudadanía progresista no decida a ciegas ni permita que las diferencias entre partidos terminen convirtiéndose en escaños para sus adversarios.

Lo que está en juego: vivienda, pensiones, sanidad y derechos sociales, este 29 de noviembre no se trata solamente de elegir unas siglas. También se decide qué modelo de país tendrá posibilidades de gobernar España.

Desde una perspectiva progresista, el debate afecta a cuestiones fundamentales: la ampliación de la vivienda pública, la protección de los inquilinos, el fortalecimiento de la sanidad y la educación públicas, el mantenimiento de unas pensiones dignas, los derechos laborales, las becas y la reducción de las desigualdades.

El PP de Feijóo y Vox de Abascal representan alternativas políticas que la izquierda considera necesario frenar para impedir retrocesos en estas materias. Sus propuestas deben evaluarse por sus medidas concretas y sus consecuencias, pero la preocupación central es evidente: una mayoría de derechas podría cambiar las prioridades presupuestarias y sociales del país.

Frente a ello, las fuerzas progresistas tienen una responsabilidad: presentar propuestas creíbles, llegar a acuerdos cuando sea posible y explicar a los electores por qué su participación puede marcar la diferencia.

La unidad electoral no exige que todos piensen igual ni que renuncien a sus principios. Exige comprender que, cuando se disputa cada diputado, la desunión puede tener un coste colectivo.

No votar también tiene consecuencias ya que quien decide abstenerse conserva su libertad de no participar. Quien vota en blanco expresa que ninguna candidatura le convence. Y quien vota nulo puede estar manifestando protesta o cometer un error al emitir su papeleta.

Pero ninguna de esas decisiones permite controlar a quién terminará beneficiando el resultado.

Por eso, quienes desean impedir una mayoría del PP y Vox deben valorar no solo su rechazo a determinadas candidaturas, sino también las consecuencias prácticas de su decisión electoral de votar en blanco favoreciendo a la ultraderecha de VOX, tercera opción política en la mayoría de las provincias. La protesta puede expresar descontento, pero no garantizar que cambie el resultado en la dirección deseada.

El voto en blanco se transfiere a VOX ya que si una candidatura progresista queda fuera del reparto por la barrera electoral, o si la división de la izquierda impide conseguir un diputado, los escaños pueden terminar en manos de otras fuerzas. El riesgo es especialmente relevante en provincias pequeñas y disputadas.

El 29-N, cada escaño cuenta y por eso España necesita una ciudadanía informada, crítica y consciente de que la democracia no termina en la expresión del descontento. También consiste en decidir qué representantes queremos y qué políticas deseamos que se apliquen.

Si el objetivo es defender los servicios públicos, ampliar el acceso a la vivienda, proteger las pensiones, mejorar los derechos laborales y evitar un Gobierno de PP y Vox, la respuesta debe pasar por la participación, el análisis electoral y la responsabilidad colectiva.

La izquierda tiene que resolver sus diferencias, evitar que la competencia interna destruya sus posibilidades de representación y ofrecer alternativas que convenzan a quienes hoy están desencantados.

El 29 de noviembre, votar progresista puede ser decisivo. La papeleta concreta dependerá de la provincia y de las opciones reales disponibles, pero hay una conclusión política que merece subrayarse: no basta con rechazar a la derecha; también hay que impedir que los desacuerdos dentro de la izquierda le regalen escaños.

Porque el voto en blanco no se convierte automáticamente en un voto para Vox, pero tampoco es una herramienta que garantice frenar a la ultraderecha. Si lo que se quiere es cambiar el resultado, hay que participar, informarse y votar con conciencia de las consecuencias.

Frente a Feijóo y Abascal, movilización democrática, derechos sociales y responsabilidad electoral. El 29-N, que la división y el voto en blanco no decida por nosotros.

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