Entrevista a MARIBEL NÚÑEZ, desde República Dominicana
Dirigente Movimiento Ciudadano y Social Solidaridad con Haití; Feminista decolonial, activista afro, integrante de Acción Afro-Dominicana, de la Cumbre Internacional Anti-Imperialista Africano y Afro-Descendiente, Participante de la Asamblea de los Pueblos del Caribe, periodista y artista del lente y poeta, integra Podemos República Dominicana y Comite Dominicano solidaridad con Venezuela.
La activista dominicana advierte que la crisis haitiana no puede resolverse mediante nuevas intervenciones militares y denuncia el papel de Estados Unidos, el uso del territorio dominicano y la vulneración de los derechos humanos de la población haitiana.
La situación de Haití vuelve a situar al Caribe en el centro de las tensiones geopolíticas. En una entrevista concedida al programa Cenizas de Babilonia, Maribel Núñez, activista social de República Dominicana, ofreció una contundente reflexión sobre la crisis haitiana, la presencia de tropas salvadoreñas bajo el liderazgo de Nayib Bukele y la responsabilidad que atribuye a Estados Unidos en la desestabilización del país.
Para Núñez, lo que está sucediendo en Haití no puede entenderse como una operación aislada de seguridad. A su juicio, forma parte de una estrategia de intervención que lleva años debilitando las instituciones, las organizaciones populares y la capacidad del pueblo haitiano para decidir su propio futuro.
Estados Unidos y la desestabilización de Haití
La activista sitúa uno de los antecedentes fundamentales de la crisis en las movilizaciones populares de 2018 y 2019 contra las políticas de los gobiernos haitianos. Según su interpretación, la respuesta de los sectores de poder fue favorecer la expansión de grupos armados y paramilitares que terminaron sembrando el terror en los barrios populares.
También denuncia la circulación de armas procedentes de Estados Unidos y República Dominicana, y sostiene que las bandas armadas han golpeado especialmente a los sectores más empobrecidos, provocando desplazamientos, asesinatos y una profunda destrucción del tejido social.
Núñez recuerda, además, el asesinato del presidente Jovenel Moïse en 2021, en el que participaron mercenarios colombianos, como un acontecimiento que profundizó la crisis institucional y la desestabilización del país.
Su principal cuestionamiento es que quienes contribuyeron, según su denuncia, a generar las condiciones de la crisis se presenten posteriormente como quienes vienen a solucionarla.

Bukele y la intervención militar: ¿ayuda o nueva ocupación?
Uno de los puntos más contundentes de la entrevista fue la presencia de fuerzas salvadoreñas vinculadas al Gobierno de Nayib Bukele en Haití.
Para Maribel Núñez, esta operación constituye una intervención encubierta que no garantiza una solución política ni una paz duradera. Considera especialmente preocupante que se desarrolle al margen de los mecanismos y acuerdos internacionales que deberían regular cualquier despliegue militar.
La activista cuestiona que la población haitiana termine recibiendo como salvación una presencia militar extranjera después de años de violencia, abandono institucional y destrucción de sus comunidades.
También recoge denuncias de organizaciones vinculadas a la diáspora haitiana sobre bombardeos y ataques que habrían afectado a población civil, incluidos niños y familias desplazadas. Reclama que Naciones Unidas investigue estos hechos y que no se otorgue legitimidad internacional a operaciones que puedan vulnerar los derechos humanos.
Su conclusión es clara: Haití necesita una salida construida por los propios haitianos, no una nueva intervención extranjera.

República Dominicana, una responsabilidad que trasciende sus fronteras
Otro de los aspectos centrales de la conversación fue el papel del Gobierno dominicano de Luis Abinader.
Núñez denuncia la utilización del territorio y de instalaciones dominicanas para operaciones militares relacionadas con Venezuela y Haití, y considera que estas decisiones comprometen la soberanía del país y pueden vulnerar sus obligaciones constitucionales e internacionales.
Pero también pone el foco en la relación histórica entre los pueblos dominicano y haitiano.
Recuerda que ambas naciones comparten una isla y que las élites políticas y económicas han alimentado durante décadas una rivalidad que dificulta la solidaridad entre sus poblaciones.
La activista denuncia las deportaciones masivas de ciudadanos haitianos, los malos tratos y las expulsiones de mujeres embarazadas o recién paridas, situaciones que considera una grave vulneración de los derechos humanos.
Frente a ese discurso de enfrentamiento, reivindica la contribución de los trabajadores haitianos a la economía dominicana. Su presencia resulta fundamental en sectores como la agricultura, la construcción, la ganadería y otros ámbitos productivos.
Sin embargo, advierte de que esa realidad laboral y económica apenas aparece en el debate público, donde se presenta con frecuencia a la población haitiana como una carga para República Dominicana.
La solidaridad con Haití frente al discurso del odio
Maribel Núñez destaca el trabajo del movimiento social dominicano de solidaridad con Haití, que intenta construir puentes entre ambos pueblos y denunciar la intervención extranjera.
Advierte, no obstante, de que las organizaciones solidarias también sufren ataques de grupos ultraderechistas que alimentan el racismo, la xenofobia y la confrontación entre las dos comunidades.
Para la activista, el objetivo de esa estrategia es impedir que dominicanos y haitianos comprendan que comparten problemas sociales y económicos, y que sus intereses como pueblos trabajadores no son necesariamente contrapuestos.
Una advertencia para toda América Latina
Durante la entrevista, Núñez expresó una preocupación que va más allá de Haití: que el modelo de desestabilización mediante bandas armadas, violencia y posterior intervención extranjera pueda reproducirse en otros países de América Latina.
A su entender, Haití se ha convertido en un escenario donde se combinan el debilitamiento de las instituciones, la proliferación de grupos armados y la pérdida de confianza de la población en su propia capacidad para recuperar la estabilidad.
También advierte de que la desesperación de una ciudadanía sometida durante años a la violencia puede llevarla a recibir inicialmente a las tropas extranjeras como una esperanza, sin advertir que esa presencia militar puede formar parte del mismo problema.
La pregunta que deja abierta es fundamental: ¿puede una intervención militar extranjera resolver una crisis política y social que necesita, ante todo, una solución construida desde el propio pueblo haitiano?
Reflexión final: cuando quienes provocan el incendio se presentan como bomberos
Después de escuchar a Maribel Núñez, queda una reflexión que merece ser compartida: existe el peligro de que quienes contribuyen a generar una crisis terminen presentándose como los únicos capaces de resolverla.
El asesinato de Jovenel Moïse, la expansión de las bandas armadas, el tráfico de armas y la destrucción de las estructuras sociales haitianas forman parte de una historia que necesita ser investigada y comprendida en toda su dimensión. No se puede aceptar sin cuestionamientos que la respuesta sea otra intervención militar extranjera.
La presencia de Bukele en Haití abre interrogantes sobre los verdaderos objetivos de esta operación y sobre el papel de Estados Unidos en la región. También obliga a preguntarse por la responsabilidad del Gobierno dominicano al permitir que su territorio participe en operaciones que afectan a países vecinos.
La reciente derrota electoral de Donald Trump en Estados Unidos, que refleja un creciente desgaste político de su proyecto, añade otro elemento al escenario continental: los pueblos empiezan a expresar su rechazo a determinadas políticas de confrontación, intervencionismo y autoritarismo.
El Caribe no puede convertirse en un territorio de experimentación geopolítica ni Haití en un laboratorio de intervenciones militares.
La solución no llegará imponiendo gobiernos, desplegando tropas o alimentando enfrentamientos entre pueblos hermanos. Llegará cuando se respete la soberanía haitiana, se desarme a los grupos violentos, se reconstruyan las instituciones y se permita que la sociedad haitiana decida libremente su futuro.
La solidaridad con Haití es también una defensa de la soberanía de toda América Latina y el Caribe. Porque ningún pueblo puede ser verdaderamente libre si otros deciden por él.
Entrevista realizada en el programa Cenizas de Babilonia a Maribel Núñez, activista social de República Dominicana.