El pobre de derecha se fabrica en la Iglesia evangelista y se reflejara en el voto, en el balotaje de Brasil.

Por Francisco López.

Las elecciones presidenciales de octubre de 2026 evidenciaron de forma empírica este control biopolítico y discursivo. En una contienda sumamente polarizada, los resultados de la primera vuelta dejaron a Flávio Bolsonaro con un 47% de los votos frente al 45% del actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva, obligando a definir todo en una segunda vuelta. 

El voto evangélico, que representa aproximadamente al 27% del padrón electoral en Brasil, consolidó su rol como el actor clave y estructurante del panorama político por los siguientes factores: 

El bloque anti-Lula y el sesgo de las encuestas

A diferencia de los pronósticos de diversas encuestas, el bolsonarismo logró un fuerte impulso electoral («batacazo») cimentado de forma decisiva en los templos. El Instituto de Estudios de la Religión (ISER) y Quaest reportaron que el rechazo al gobierno de Lula entre los evangélicos llegó al 39%. Institutos como Datafolha registraron una intención de voto donde Flávio Bolsonaro capitalizaba más del 60% del apoyo evangélico, dejando a Lula relegado a menos del 30% dentro de ese credo. 

La polarización cristiana y el territorio

Mientras el electorado católico tradicional (donde Lula retiene mayor fuerza) va en declive, las iglesias neopentecostales continúan expandiéndose de forma acelerada en las periferias y favelas. Los analistas de campo señalan una cruda realidad territorial: en los municipios donde los evangélicos superan el 40% de la población, el bolsonarismo promedia casi el 60% de los votos. En contraste, en las regiones con menos del 15% de presencia evangélica, la centroizquierda domina holgadamente. 

Discursos de verdad: El pastor como correa de transmisión

Foucault explicaba que los discursos institucionales configuran lo que la gente asume como «la verdad». Durante la campaña, los templos funcionaron abiertamente como cámaras de eco político. El peso de la fe direccionó voluntades bajo consignas de protección de la familia tradicional y la agenda conservadora (como la férrea oposición al aborto). El impacto subjetivo fue tal que muchos votantes de sectores populares, beneficiarios directos de los programas sociales de Lula, declaran abiertamente: «Gracias, Lula, pero voto a Bolsonaro porque mi pastor me lo pide». 

Aunque el voto evangélico no es totalmente homogéneo y existen sectores progresistas minoritarios, la maquinaria discursiva de la derecha logró alinear la fe individual con el comportamiento en las urnas. El resultado de la primera vuelta de 2026 confirmó que en Brasil el poder político no se disputa únicamente en los medios de comunicación o en los debates económicos, sino en la administración íntima de las conciencias y las subjetividades populares.

Según Michel Foucault, el poder más efectivo no el que te reprime desde afuera, es el que hace que te controles a vos mismo desde adentro. ¿Y sabes cuál es el ejemplo perfecto de esto? Que en plena crisis económica, con salarios miserables y desempleo masivo, millones de personas entregan voluntariamente el 10% de sus ingresos a iglesias que les prometen prosperidad. Foucault demostró cómo las instituciones modernas no sólo te obligan a obedecer, principalmente te enseñan a gobernarte a vos mismo según las reglas del sistema.

Pero identificó algo más sofisticado todavía, el poder pastoral, donde un pastor conduce tu conducta para que desees exactamente lo que el sistema necesita que desees. ¿Te das cuenta de esta sofisticación? La iglesia evangélica, te impone una mentalidad capitalista, te hace confesar tus fracasos económicos, te entrena para pensar como empresario de tu propia fe, te convierte en gestor de tu capital espiritual, te voy a mostrar cómo la teoría de Michel Foucault  permite explicar el funcionamiento de la teología de la prosperidad.

Paul-Michel Foucault ; Poitiers, 15 de octubre de 1926-París, 25 de junio de 1984), conocido como Michel Foucault, fue un filósofo, historiador, sociólogo y psicólogo francés. Fue profesor en varias universidades francesas y estadounidenses y catedrático de Historia de los sistemas de pensamiento en el Collège de France (1970-1984), en reemplazo de la cátedra de Historia del pensamiento filosófico, que ocupó hasta su muerte Jean Hyppolite. El 12 de abril de 1970, la asamblea general de profesores del Collége de France eligió a Michel Foucault, que por entonces tenía 43 años, como titular de la nueva cátedra. Su trabajo ha influido en importantes personalidades de las ciencias sociales y las humanidades

Como estas iglesias evangélicas no reprimen a los pobres, los producen. Porque, según Michel Foucault , el poder perfecto es el que te hace desear tu propia dominación. Bienvenidos a Sociología para entender la Sociedad.

Empecemos por entender qué descubrió Foucault que cambia completamente cómo pensamos el poder. Durante siglos pensamos el poder como algo que reprime, que prohíbe, que dice no. El rey que ordena, el policía que arresta, el padre que castiga.

Pero Foucault identificó algo mucho más sofisticado operando en las sociedades modernas. Un poder que no reprime, produce. Un poder que no te dice que no hacer, sino que te enseña quién ser, y la teología de la prosperidad es el laboratorio perfecto para ver este poder productivo en acción. Estas megaiglesias no están reprimiendo a nadie. No te obligan a dar el diezmo con amenazas físicas, lo que hacen es algo mucho más sofisticado. Te producen como un tipo específico de sujeto que desea dar el diezmo. Que necesita dar el diezmo, que siente que darlo es la expresión más auténtica de su fe. Foucault llamó a esto tecnologías del yo. Técnicas y prácticas que transforman cómo piensas sobre ti mismo.

Cómo te relacionas con tu propio comportamiento. Cómo te gobiernas a ti mismo. Y estas iglesias han desarrollado un arsenal completo de tecnologías del yo, diseñadas específicamente para producir sujetos neoliberales.

La primera tecnología es la confesión ritualizada. Cada semana, en estas megaiglesias, escuchas testimonios públicos, como este «María se para frente a mil personas y confiesa: estuve en la pobreza porque tenía mentalidad de escasez, pero cuando aprendí a sembrar con fe, Dios multiplicó mis finanzas. Otro podría ser Juan qué testifica: «estaba desempleado porque había bloqueos espirituales en mi vida», Te venden que con tu ofrenda, te llegaron las oportunidades. ¿Qué está pasando acá? Foucault explicó que la confesión no es simplemente contar la verdad sobre ti mismo. Es una práctica que te obliga a construir una narrativa específica sobre quién eres.

María no puede decir, «estaba en la pobreza porque el salario mínimo no alcanza para vivir«. Esa narrativa no es aceptable en el régimen de verdad de la iglesia. Tiene que confesarse como alguien con mentalidad de escasez. La confesión produce un sujeto específico. Alguien que interpreta todos sus fracasos económicos como fallas espirituales personales. Y lo brillante es que no se siente como imposición externa.

María experimenta esta confesión como liberadora. Como el momento en que finalmente entendió la verdad sobre sí misma. La segunda tecnología del yo es lo que podríamos llamar el autoexamen económico permanente.

En estas iglesias te enseñan a monitorear constantemente tu nivel de fe a través de indicadores económicos. Cómo sabes si tu fe está creciendo por tus finanzas. Cómo detectas bloqueos espirituales por tu cuenta bancaria.

Esto transforma tu relación contigo mismo. Ya no eres simplemente un trabajador que recibe un salario insuficiente. Eres un gerente de tu propia vida espiritual constantemente evaluando tu performance identificando áreas de mejora e implementando estrategias de crecimiento.

Foucault llamaría esto gubernamentalidad, el arte de conducir conductas, de gobernar sin gobernar directamente. La iglesia no necesita obligarte a dar más dinero. Te ha entrenado para que tú mismo te examines, identifiques tus áreas de falta de fe y decidas voluntariamente a aumentar tu siembra.

El poder más efectivo es el que logra que te controles a ti mismo. La tercera tecnología es la producción del empresario de sí mismo. Foucault explicó que el neoliberalismo necesita un tipo específico de sujeto, alguien que se piense a sí mismo como una empresa, que vea su vida como un proyecto de inversión, que gestione su existencia según lógicas de mercado.

Las megaiglesias producen exactamente este sujeto, pero en versión espiritual. Te enseñan a pensar tu fe como capital que debe invertirse. Tus diezmos son siembra que genera cosecha. Tu vida espiritual tiene activos y pasivos. Debes maximizar tu retorno espiritual mediante estrategias adecuadas de inversión de fe. Escucha cómo hablan los pastores.

Dios quiere socios, no empleados. Tu fe debe ser emprendedora, no asalariada. Tienes que invertir en el reino para recibir dividendos celestiales. No es una metáfora casual, es la producción sistemática de una subjetividad empresarial aplicada a lo divino y de crear pobres que se consideran ricos, y lo más sofisticado, esta lógica empresarial se siente como libertad. El fiel no experimenta esta lógica como imposición del capitalismo, la vive como despertar espiritual. Como finalmente entender su verdadero potencial. Como liberarse de la mentalidad empleado que lo limitaba.

La cuarta tecnología del yo es lo que Foucault llamaba pastoral, una forma de poder donde un pastor conduce tu conducta guiando tu alma. Pero acá el pastor no solo guía hacia la salvación eterna, te guía para que desees exactamente lo que el capitalismo necesita que desees.

Éxito individual, competencia, acumulación, responsabilidad personal por tu situación económica. El pastor te dice, Dios tiene un plan de prosperidad para tu vida, y esto no es simplemente una promesa, es una instrucción sobre cómo debes relacionarte con tu pobreza actual. Ya no es injusticia del sistema. Es desviación de tu plan divino.

Ya no requiere lucha colectiva, sino ajuste individual de tu conducta espiritual. Y lo genial es que el pastor no impone esta interpretación por la fuerza, la propone como verdad revelada, como secreto espiritual y conocimiento liberador, y  el fiel la adopta voluntariamente, la internaliza, la convierte en la lente a través de la cual interpreta toda su experiencia económica.

Foucault explicó que el poder pastoral opera mediante una economía de méritos y desméritos espirituales. Y estas iglesias han perfeccionado este mecanismo, cada éxito económico confirma tu nivel de fe y cada fracaso revela áreas donde necesitas crecer espiritualmente.

Es un sistema cerrado perfecto donde toda evidencia confirma la doctrina. ¿Ves la sofisticación de este dispositivo? No estamos hablando de simple engaño o manipulación burda. Estamos ante un sistema completo de producción de subjetividad que articula técnicas de confesión, autoexamen, gestión empresarial de sí y guía pastoral para crear un tipo específico de sujeto. Alguien que vive su explotación económica como oportunidad espiritual de crecimiento.

Y este sujeto no se siente oprimido, se siente empoderado, despierto, en control de su destino. Porque el poder más efectivo, como nos enseñó Foucault, es el que te hace desear tu propia dominación.

Podríamos decir que la teoría de Michel Foucault sobre el poder, conocida en gran parte como gubernamentalidad, biopolítica y poder disciplinario, explica con precisión cómo actúa en las sociedades modernas, que  no opera principalmente a través de la violencia física o la coerción del Estado (lo que él llama el «poder soberano»), sino que se fragmenta y se vuelve invisible, logrando que los propios individuos internalicen la norma y se autocontrolan. 

Al cruzar esta teoría con la entrega voluntaria del diezmo en crisis económicas y la influencia política evangélica en las elecciones de Brasil (donde figuras y candidatas como Cláudia Oliveira se apoyan fuertemente en su fe en plena campaña), se pueden identificar tres formas claras en que interviene este concepto:

1. La creación de la «Subjetividad»: El diezmo como autogestión y deseo

Desde la perspectiva de Foucault, el acto de dar el 10% del salario en plena miseria no se entiende como una imposición externa bajo amenaza de cárcel, sino como una tecnología del yo. El poder es efectivo porque produce un deseo: el fiel no siente que lo están robando, sino que realiza una inversión espiritual y moral.

  • En contextos de desempleo masivo y abandono estatal, las iglesias evangélicas funcionan como un dispositivo de seguridad y contención.
  • Entregar el dinero se convierte en un mecanismo de autodisciplina. Al cumplir con el ritual, el individuo siente que recupera el control de su destino (bajo la promesa de la Teología de la Prosperidad: «si doy, Dios me multiplicará») en un mundo económico totalmente caótico. 

2. La Iglesia como «Dispositivo» de Saber-Poder

Foucault sostenía que el saber y el poder están indisolublemente unidos. Las iglesias evangélicas en Brasil operan como potentes estructuras que configuran discursos verdaderos sobre la familia, la economía, el éxito y el orden. 

  • Cuando la política y la religión se mezclan en las elecciones de Brasil, las iglesias actúan con la eficacia de un partido político. No necesitan obligar al ciudadano a votar por una opción conservadora, como la representada por el bloque de Flávio Bolsonaro. 
  • El control se ejerce a través de la institucionalización del sentido común. Si el pastor o la candidata discursan sobre defender «los valores y la fe», el votante asume orgánicamente esa postura como propia. Su voto y su diezmo son decisiones libres en apariencia, pero moldeadas por una red invisible de discursos religiosos.

3. La «Biopolítica» y el reemplazo del Estado

Cuando el Estado falla en proveer bienestar económico, la red evangélica asume la gestión de los cuerpos y las poblaciones (biopolítica). En las favelas y periferias de Brasil, la iglesia suele ser la que ofrece red de empleo, rehabilitación de adicciones y asistencia social.

Este nivel de penetración territorial genera una legitimidad tan profunda que el control «desde adentro» se vuelve absoluto. La obediencia electoral no nace del miedo al fusil, sino del agradecimiento, la fe organizada y la convicción íntima de que la salvación (tanto económica como espiritual) se gestiona de rodillas y en el templo, y no mediante la protesta social.

En resumen, la combinación de crisis económica, entrega voluntaria de recursos y comportamiento electoral en Brasil demuestra la tesis foucaultiana: el poder moderno no destruye al sujeto, lo construye. Nos convierte en guardianes de nuestra propia sumisión a través de la fe, la culpa y la esperanza. 

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