Por Juan Carlos Ali Torres, Internacionales
Energía, BRICS y poder económico sitúan a Nueva Delhi en el centro de la transformación del orden mundial.
India ha respondido con firmeza a la amenaza arancelaria procedente de Estados Unidos. Ante el proyecto legislativo estadounidense que contempla imponer aranceles de hasta el 100% a los países que compren petróleo y gas rusos, Nueva Delhi ha dejado claro que sus decisiones energéticas responden a sus propios intereses nacionales.
El portavoz del Ministerio de Exteriores indio, Randhir Jaiswal, resumió la posición del Gobierno: garantizar las necesidades energéticas de sus aproximadamente 1.400 millones de habitantes es un imperativo y, por ello, India continuará diversificando sus fuentes de abastecimiento.
La declaración va mucho más allá de una disputa comercial. Pone sobre la mesa la creciente capacidad de India para actuar como potencia autónoma en un mundo cada vez más multipolar.
Una potencia de casi 1.500 millones de habitantes.
India es actualmente el país más poblado del mundo, con una población cercana a los 1.500 millones de personas. Su dimensión demográfica constituye también una enorme fuerza económica: representa uno de los mayores mercados de consumo del planeta y cuenta con una creciente capacidad industrial, tecnológica y científica
.Su economía se encuentra entre las mayores del mundo y mantiene tasas de crecimiento superiores a las de buena parte de las grandes economías desarrolladas.
Tecnologías de la información, industria farmacéutica, automoción, electrónica, telecomunicaciones, defensa, industria espacial y servicios forman parte de una estructura económica cada vez más diversificada.
El programa Make in India y otras iniciativas de industrialización pretenden convertir al país en uno de los grandes centros manufactureros mundiales, pero todo ese proceso necesita un elemento fundamental: energía.
El petróleo, una cuestión de seguridad nacional.
India es uno de los mayores consumidores de petróleo del planeta y depende en gran medida de las importaciones para cubrir su demanda.
En este contexto, el petróleo ruso se convirtió en una pieza importante del abastecimiento energético indio después del inicio de la guerra de Ucrania. Los descuentos ofrecidos por Rusia permitieron a las refinerías indias aumentar sus compras de crudo ruso.
Nueva Delhi ha defendido que esas operaciones son legales y responden a sus necesidades nacionales.
La posición india es sencilla: un país con casi 1.500 millones de habitantes y una economía en plena expansión necesita garantizar suministros energéticos suficientes y competitivos, por eso, cualquier intento de Washington de decidir qué proveedores puede utilizar India afecta directamente a una cuestión que Nueva Delhi considera estratégica.
Y aquí aparece uno de los principales límites de la presión estadounidense, India no es un pequeño consumidor dependiente de una única potencia. Es uno de los principales actores del mercado energético mundial y posee una enorme capacidad de refinación.

El gigante asiático y los BRICS.
La posición india adquiere todavía mayor relevancia por su pertenencia a los BRICS, el bloque, inicialmente integrado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, se ha ampliado con nuevos miembros y representa una parte extraordinariamente importante de la población, la producción económica y los recursos naturales del planeta.
En la cumbre de los BRICS celebrada en Nueva Delhi los días 12 y 13 de septiembre de 2026, los países miembros volvieron a debatir mecanismos destinados a facilitar el comercio, los sistemas de pagos y una mayor utilización de monedas nacionales.
El objetivo no es necesariamente sustituir de inmediato al dólar, sino reducir la dependencia de un único sistema financiero y aumentar la capacidad de decisión de las economías emergentes. India ocupa una posición especialmente relevante dentro de este proceso.
Mantiene una relación estratégica con Rusia, una enorme relación económica con China, vínculos históricos con numerosos países del Sur Global y, al mismo tiempo, importantes relaciones comerciales, tecnológicas y estratégicas con Estados Unidos y Europa.
Esta capacidad para relacionarse con diferentes bloques constituye uno de los principales instrumentos de poder de Nueva Delhi.
India no quiere elegir entre Washington y Moscú
La política exterior india se basa desde hace años en el concepto de autonomía estratégica.
Nueva Delhi coopera con Estados Unidos en cuestiones de seguridad y participa junto a Washington, Japón y Australia en el Quad, especialmente en asuntos relacionados con el Indo-Pacífico.
Pero simultáneamente mantiene una relación militar y energética histórica con Rusia y participa activamente en los BRICS y en la Organización de Cooperación de Shanghái.India tampoco pretende quedar atrapada en una nueva Guerra Fría.
Su estrategia consiste en comerciar con todos aquellos países que considere beneficiosos para sus intereses nacionales.Por eso, la presión estadounidense sobre las compras de hidrocarburos rusos plantea un dilema particularmente complejo para Washington.
Estados Unidos considera a India un socio estratégico fundamental para equilibrar el poder de China en Asia. Al mismo tiempo, pretende utilizar los instrumentos comerciales y financieros estadounidenses para limitar la relación económica de Nueva Delhi con Moscú.Ambos objetivos pueden entrar en contradicción.
El poder de un mercado de 1.500 millones.
La dimensión del mercado indio constituye también un elemento de negociación.Las grandes empresas internacionales buscan acceder a India por su tamaño demográfico, su crecimiento económico y sus perspectivas de expansión.
Estados Unidos mantiene importantes intereses empresariales y tecnológicos en el país, mientras que India necesita inversiones, tecnología y acceso a mercados occidentales y una guerra comercial de gran intensidad, por tanto, tendría consecuencias para ambas partes.
La cuestión no es únicamente cuánto puede perjudicar Washington a India mediante aranceles, sino también qué costes económicos y estratégicos tendría para Estados Unidos deteriorar su relación con una de las grandes potencias del siglo XXI.
La energía como instrumento de soberanía
India está intentando reducir progresivamente su vulnerabilidad energética mediante una estrategia de diversificación.
Rusia, los países del Golfo, Estados Unidos y otros productores forman parte de un mapa energético cada vez más amplio, al mismo tiempo, India está incrementando su capacidad de generación renovable, especialmente solar y eólica.
Sin embargo, durante las próximas décadas los combustibles fósiles seguirán teniendo un peso considerable en su economía, ya que la industrialización de un país de semejante tamaño exige enormes cantidades de electricidad, transporte, combustibles y materias primas. Por eso, para Nueva Delhi, la seguridad energética es inseparable de la seguridad nacional.

El verdadero desafío: un orden internacional diferente.
La disputa entre India y Estados Unidos alrededor del petróleo ruso es solamente una expresión de una transformación mucho más profunda. Durante décadas, el peso económico, financiero, tecnológico y militar de Estados Unidos permitió a Washington ejercer una influencia extraordinaria sobre el comercio internacional.
Pero el crecimiento de China, India, Brasil y otras economías emergentes está modificando ese equilibrio.
India representa especialmente bien esa transformación, y no está planteando necesariamente una ruptura con Occidente, al contrario, mantiene una intensa relación económica y estratégica con Estados Unidos y Europa, lo que rechaza es que esa relación implique renunciar a sus propios intereses.
Nueva Delhi quiere comerciar con Washington sin dejar de comerciar con Moscú; mantener relaciones con Occidente sin abandonar los BRICS; y participar en la economía global sin quedar subordinada a una única potencia.
Una potencia con capacidad de decisión.
La respuesta del Gobierno de Narendra Modi muestra que India considera que su dimensión económica, demográfica y estratégica le permite defender un margen propio de actuación.
Cerca de 1.500 millones de habitantes, una de las mayores economías del mundo, una creciente capacidad tecnológica e industrial, una posición central en los BRICS y un papel decisivo en Asia convierten a India en un actor que Washington necesita tener en cuenta.
La amenaza arancelaria puede generar costes para Nueva Delhi, pero también puede producir un efecto contrario al buscado si acelera la diversificación de proveedores, mercados y mecanismos financieros.
La cuestión de fondo ya no es solamente quién compra petróleo ruso, sino quién tiene capacidad para decidir sus propias relaciones económicas y estratégicas en el nuevo escenario internacional, y la respuesta de India es inequívoca: sus necesidades energéticas y sus intereses nacionales no pueden quedar subordinados a las decisiones de otra potencia.
El ascenso de India representa así uno de los elementos centrales del nuevo equilibrio mundial. No se trata simplemente de una potencia emergente que reclama un lugar en la mesa.
India ya ocupa esa mesa y está utilizando su peso demográfico, económico, energético y diplomático para defender una autonomía estratégica propia, dónde la presión de Washington, lejos de producir automáticamente alineamientos, puede terminar evidenciando una realidad cada vez más difícil de ignorar: el mundo del siglo XXI es demasiado grande y demasiado diverso para quedar organizado alrededor de una sola potencia.
Foto portada; La multipolaridad y la diversificación de alianzas son ejes de la política exterior india actual. REUTERS/Kevin Lamarque/File Photo