CUBA & EEUU David contra Goliat.

La estrategia de David contra Goliat podrianis desarrollarla contemplandolo frente el aparente fracaso del proceso de paz en torno a Irán, que propicia se vuelva a reanudar las insinuaciones sobre un posible ataque de EEUU contra Cuba, sobre todo teniendo en cuenta las próximas elecciones de medio término, en las que el Partido Republicano, liderado por Trump, podría perder posiciones. Ya hemos hablado sobre el memorable pasado militar de Cuba, curiosidades sobre su principal arma de mano e incluso cómo su guardia costera pasó la prueba de fuego contra traficantes de armas desde Florida.

Ahora tocaría hablar más en profundidad sobre las capacidades bélicas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) de Cuba y su estrategia militar para contrarrestar una posible invasión estadounidense. No es un secreto para nadie, ni para los propios cubanos, que las FAR cuentan con un reducido número de tropas regulares y un equipamiento muy obsoleto respecto a EEUU. Es por eso que los mandos militares cubanos han desarrollado el concepto de guerra popular —formaciones paramilitares masivas y armamento asimétrico— con el objetivo de compensar parcialmente la desventaja frente a un adversario potencial.

En otras palabras, se trata de la estrategia de guerrilla en masa, desde las montañas de la Sierra Maestra hasta las ciudades. La logística también constituye una debilidad sistémica de las FAR de Cuba. La isla ha estado sujeta a sanciones estadounidenses de larga data y sufre una escasez crónica de combustible y repuestos. Una parte significativa de sus reservas se mantiene mediante el desmantelamiento de algunas unidades de equipo para reparar otras. Esto limita el ritmo de cualquier ejercicio y no permite realizar operaciones de combate de alta intensidad a largo plazo.

Las FAR cuentan con una plantilla de aproximadamente 50.000 efectivos y hasta 1,5 millones de reservistas. Son una estructura multicomponente responsable de la protección de las fronteras marítimas y terrestres del país, así como del espacio aéreo. Las tropas fronterizas y las milicias territoriales también participan en misiones de defensa.

El Ejército Revolucionario (fuerzas terrestres): aprox. 38.000 personas; Marina de Guerra Revolucionaria: aprox. 3.000 personas; La Defensa Antiaérea y Fuerza Aérea Revolucionaria (DAAFAR): aprox. 8.000 personas. A esto se le puede sumar las tropas de: Tropas fronterizas del Ministerio del Interior: aprox. 6.500 personas; Ejército de jóvenes trabajadores: 70.000 personas en reserva; Fuerzas de Defensa Civil: 50.000 reservistas; La Milicia Territorial Popular (MTT) y las Brigadas de Producción y Defensa (BPD) suman, según cifras oficiales, más de 1,1 millones de personas.

Esta última cifra refleja el recurso de movilización disponible, no el número de combatientes entrenados y equipados. El verdadero valor bélico de estas formaciones se limita a operaciones guerrilleras y urbanas. Las FAR se reclutan principalmente mediante el servicio militar obligatorio. Los hombres mayores de 17 años deben prestar servicio militar durante dos años, tras lo cual se incorporan a la reserva. Las mujeres pueden alistarse voluntariamente en diversas especialidades.

El presupuesto de Defensa se ha estimado en unos $3.000 millones, lo que equivale a cerca del 3-4% del PIB anual, pero esta cifra es en gran medida arbitraria: el tipo de cambio real del peso cubano es significativamente inferior al oficial, y en términos de dólares, el gasto militar es considerablemente más modesto.

El nivel declarado del 3-4% del PIB permite mantener los indicadores generales, pero no garantiza la modernización del equipamiento: las capacidades se ven limitadas no tanto por el presupuesto oficial como por la escasez de divisas, las restricciones impuestas por las sanciones y la reducción de la oferta de proveedores.

Con estos datos podriamos afirmar que militarmente, Cuba no podría resistir una invasión convencional a gran escala de los Estados Unidos debido a la asimetría tecnológica y de recursos. Sin embargo, el gobierno cubano está preparado para infligir un costo humano y político sumamente alto mediante una resistencia prolongada de guerra de guerrillas, bajo su doctrina oficial de la «Guerra de Todo el Pueblo».

La asimetría en un combate convencional sería una realidad si Washington decidiera utilizar la fuerza, los analistas del Pentágono y exoficiales militares plantean que la isla es sumamente vulnerable en el corto plazo, con ataques de precisión y sigilo desarrollaria un escenario más probable que no sería una desembarco masivo al estilo del siglo XX, sino una campaña rápida de asaltos aéreos (con unidades como la 101.ª División Aerotransportada) y operaciones especiales.

Otra cuestion contemplada sería la desarticulación del mando donde la tecnología estadounidense anularía rápidamente las comunicaciones del ejército cubano, neutralizando sus defensas y apuntando de forma directa a la alta dirigencia del país. La proximidad geográfica con Estados Unidos a diferencia de otros conflictos lejanos, propiciaria una intervención directamente desde bases en territorio estadounidense, limitando la capacidad de preaviso de la isla.

A grandes problemas , grandes soluciones y la estrategia de resistencia con el lema «Guerra de Todo el Pueblo» que seria su fuerza frente a la debilidad de sus fuerzas regulares cubanas con respecto a las del imperio. Ya el mandatario Miguel Díaz-Canel lo ha reiterado, que el plan defensivo de Cuba se basa en la implicación de millones de civiles organizados en milicias territoriales donde el desgaste y guerra de guerrillas es primordial , donde la doctrina estipula que cada ciudadano se convierta en un combatiente armado.

No buscarían ganar batallas abiertas, sino desgastar al ejército ocupante mediante emboscadas urbanas y rurales, creando una inestabilidad post-invasión. Los expertos advierten en medios como El Nuevo Herald que el verdadero desafío comenzaría después de derrocar al gobierno. Se prevé un escenario caótico con un vacío de poder, insurgencia interna armada y altos niveles de violencia civil.

Una invasión de Estados Unidos a Cuba generaría un rechazo global masivo, impulsando condenas generalizadas en la ONU y manifestaciones antiimperialistas. Esto aislaría diplomáticamente a Washington, provocaría tensiones con potencias aliadas y crearía una grave crisis humanitaria con inmensos costos militares, dado el alto nivel de preparación defensiva de la isla.

El Rechazo diplomático y geopolítico de la comunidad internacional, liderada por organismos regionales y aliados de la Unión Europea, percibiría la acción como una violación flagrante del derecho internacional y la soberanía, esto provocaría que se activarían condenas diplomáticas masivas y posibles resoluciones en la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Potencias como China y Rusia utilizarían el conflicto para cuestionar la hegemonía estadounidense, aumentando la tensión global. El impacto en la opinión pública ciudadana de la población civil en América Latina, Europa y dentro del propio Estados Unidos, donde él sentimiento público se inclinaría hacia la protesta. La opinión pública mundial vería la intervención como una agresión desproporcionada, las encuestas ya muestran que la inmensa mayoría de la ciudadanía estadounidense se opone a una guerra con Cuba.

La generación masiva de movilizaciones de solidaridad internacional con el pueblo cubano, similar al rechazo que han generado otras intervenciones recientes seria otro inconveniente para el imperio. La crisis humanitaria y conflicto prolongado tras la invasión, desde un punto de vista táctico, resultaría sumamente costosa para ambas partes. El gobierno cubano ha estructurado una doctrina de defensa basada en la resistencia civil y la guerra de guerrillas que busca evitar la ocupación rápida, esto causaría una crisis humanitaria aguda con miles de bajas, lo que alimentaría aún más la indignación internacional y la ayuda incondicional a la revolución cubana como símbolo de resistencia al imperio estadounidense.

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