La verdadera razón detrás de las últimas guerras en Euroasia.

Las últimas guerras en Europa, principalmente la invasión de Rusia a Ucrania y los conflictos previos en los Balcanes en Europa o las guerras y conflictos en Asia, no se deben a una sola causa, sino a una combinación de tensiones geopolíticas, control de recursos y narrativas históricas.

El control sobre Euroasia ya pocos pueden negar que detrás de las declaraciones sobre seguridad nacional, democracia y derechos humanos, el objetivo real de las guerras de EEUU son los recursos, sobre todo los energéticos. Pero existe una tendencia aún más importante que EEUU debe torpedear a toda costa para mantener su hegemonía a nivel global.

Según la teoría geopolítica de Halford John Mackinder y James Fairgrieve, Eurasia es ‘La Isla del Mundo’ y Oriente Medio es su corazón.

La teoría establece que quien domine el paso entre Europa y Asia dominará el mayor flujo económico del planeta: cerca del 70% del PIB global se produce en este continente. Y si vemos al mapa, los países que inevitablemente controlan el puente terrestre euroasiático son Rusia e Irán.

Son estos mismos países los principales actores de otro proyecto euroasiático: el Corredor Norte-Sur. Curiosamente, en los últimos años, las mayores crisis y conflictos se han gestado en torno a Irán y Rusia. Afganistán e Irak, Siria, Karabaj, ahora Paquistán y Afganistán, y ni hablar de Ucrania y Georgia.

Cualquiera de estos conflictos ha estado inevitablemente acompañado de noticias sobre la Nueva Ruta de la Seda o Iniciativa de la Franja y la Ruta. Para quienes lo hayan olvidado, se trata de un proyecto de larga data, cuya idea se gestó tras la caída de la URSS y cuya implementación comenzó tras el impulso dado desde China.

La teoría establece que en esa zona el poder terrestre tendría una mayor ventaja frente al dominio marítimo (véase EEUU y Reino Unido) por su inaccesibilidad por mar, el aprovechamiento de los rápidos medios de comunicación terrestres y por la explotación de los recursos del área.

Una marcha de soldados yemeníes en solidaridad con Gaza, en Sanaa (Yemen), el pasado 2 de diciembre. MOHAMMED HUWAIS ( AFP )

Y es por eso por lo que entran en juego Washington y Londres. La única alternativa, ante la escalada militar en torno a Irán y las interrupciones en el transporte marítimo a través del estrecho de Ormuz han incrementado drásticamente la importancia del puente terrestre euroasiático.

Pero, dado que Irán y Rusia están sumidos en sus propios conflictos, la única vía segura que por ahora queda es la ruta media: que conecta China con Europa a través de Kazajistán, el mar Caspio, Azerbaiyán, Georgia y Turquía. De la noche a la mañana, esta ruta, que hasta hace poco se consideraba la peor alternativa al proyecto geopolítico, se convirtió casi en una necesidad estructural.

Tras las restricciones al comercio por medio del estrecho de Ormuz, la demanda de transporte a través de Asia Central aumentó entre un 450% y un 500%, y los puertos de Aktau (Kazajistán) y Bakú (Azerbaiyán) experimentaron un fuerte incremento en el tráfico de carga. Ahora es Azerbaiyán el que controla uno de los principales nudos de la ruta —el ferrocarril desde el puerto de Bakú a Turquía— y la ruta del Caspio, lo que convierte al país en un actor clave en el nuevo panorama logístico euroasiático.

Pero su implementación requerirá una inversión a gran escala. La infraestructura en Kazajistán, por ejemplo, necesita cambios significativos, modernización de los puertos y abordar el problema de la disminución de la profundidad del mar Caspio. Acá es donde potencialmente entran en juego las potencias occidentales: si logran sacar los recursos necesarios para invertir en esta ruta, dejarían la Iniciativa de la Franja y la Ruta china a través de Rusia e Irán fuera de juego.

Otro punto interesante es que Estados Unidos incluyó el puerto ucraniano de Odesa en esta ruta (mira el mapa). Teniendo en cuenta la ‘fluidez’ del transporte marítimo hacia Ucrania durante los últimos tres años, esto no sorprende. Esto demuestra, una vez más, su importancia para el abastecimiento occidental.

Conclusión: si EEUU y su apéndice europeo quieren mantener el control sobre la economía global, es de vital importancia para ellos mantener a Rusia e Irán en constante conflicto.

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