7 de Junio Perú decide entre la oscuridad del fascismo Fujimorista o la esperanza progresista de Roberto Sánchez.

Por Adriana F. Gomez, Redacción Uruguay.

En la segunda vuelta electoral de Perú, los candidatos Keiko Fujimori, del partido de ultraderecha Fuerza Popular, y Roberto Sánchez, de la coalición de izquierda Juntos por el Perú, representan modelos de país y visiones ideológicas completamente opuestas.

Entre las principales diferencias de sus programas de gobierno tenemos el Modelo Económico donde Keiko Fujimori promueve la inversión privada y los contratos privados así como políticas de achique del estado en inversión pública en educación, sanidad y ayudas sociales en la misma línea de Milei en Argentina, Novoa en Ecuador y ahora Kast en Chile donde la ausencia del estado nos ofrece caos, aumento de la corrupción , aumento del hambre y la pobreza , desempleo y lavado de dinero con el narcotráfico como pieza angular de sus políticas sobre todo en Ecuador esta última.

Por su parte, Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) propone superar el modelo primario extractivista. Su plan plantea una Nueva Matriz Productiva centrada en la industrialización, el fortalecimiento de la agricultura familiar y las micro y pequeñas empresas (MYPE).

En su programa de segunda vuelta, moderó su discurso comprometiéndose a preservar la autonomía del Banco Central de Reserva (BCR) y otorgar liquidez inmediata a las PYMES a través de un programa nacional con un estado presente.

En cuanto a la Reforma Constitucional y del Estado Keiko Fujimori Rechaza cualquier cambio radical a la Carta Magna proponiendo mantener la institucionalidad vigente bajo el nuevo esquema bicameral del Congreso mientras que Roberto Sánchez lleva una propuesta bandera que es una transformación estructural a través de una Asamblea Constituyente para redactar una nueva Constitución y fundar un Estado plurinacional.

En cuanto a Seguridad Ciudadana Keiko Fujimori plantea una política de «mano dura» y un shock de orden, el control estricto de fronteras con las Fuerzas Armadas y la deportación de extranjeros con antecedentes criminales, así como obligar a los presos a trabajar para pagar su propia alimentación pero al mismo tiempo ofrece blanqueamientos de capitales oscuros provenientes del narcotráfico o la estigmatización del pobre o lo popular como enemigos del estado con odio estructural oligarca al más puro estilo de gobiernos fascistas como el de Hitler, Mussolini o los actuales Bukele,Trump, Milei, Novoa, Kast o su propio padre el expresidente de Perú, Alberto Fujimori, que fue juzgado, hallado culpable y condenado por múltiples delitos graves relacionados con violaciones a los derechos humanos y corrupción institucional cometidos durante su gobierno (1990-2000) donde su hija promueve las mismas recetas.

Por su parte Roberto Sánchez enfoca la seguridad en la reforma interna y limpieza de la Policía Nacional con un plan basado en la inteligencia policial y en un sistema de seguridad comunitaria que integre a las juntas vecinales, rondas campesinas y sociedad civil. Propone además la «muerte civil» para los funcionarios corruptos.

En cuanto a Políticas Sociales y Trabajo Keiko Fujimori ofrece control de estado en la educación cívica, escolar y los valores familiares tradicionales, mientras en salud diagnostica la falta de infraestructura y promete aumentar el número de camas hospitalarias e inversión del PBI en el sector aunque esto es prácticamente mentira ya que las recetas propuestas son las mismas que la de gobiernos neoliberales fascistas con ausencia del estado y recorte en estas partidas presupuestarias con resultados palpables en Argentina, Ecuador, Chile, El Salvador o el propio EE UU , con desfinanciación de los programas de discapacidad o abandono de las personas mayores en la miseria y aumento jubilaciones bloqueadas desde la toma de posesión de sus presidentes.

Mientras Roberto Sánchez impulsa reformas laborales con aumentos progresivos del salario mínimo y la reducción de la informalidad laboral por debajo del 60% hacia el año 2031.

También propone reformas para garantizar condiciones dignas a trabajadores de sectores vulnerables y del ámbito cultural implantación de jubilaciones con remuneración económica digna protección de la educación y la sanidad pública con presupuestos acordes y un estado presente.

Las últimas encuestas para esta segunda vuelta presidencial en Perú muestran un escenario de empate técnico extremo entre los candidatos Keiko Fujimori (Fuerza Popular) y Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) algunas de las cifras de los estudios más recientes emitidos de cara a la votación publicados como el de IPSOS (Simulacro privado – 3 de junio) indica que Roberto Sánchez obtiene un 43,8% frente a un 43,2% de Keiko Fujimori.

El porcentaje restante se compone de un 13% entre votos blancos, nulos e indecisos. Al calcular únicamente los votos válidos, Sánchez alcanzaría el 50,3% y Fujimori el 49,7%IPSOS / Perú 21 de finales de mayo última medición abierta, Keiko Fujimori lideraba la intención de voto general con 38% frente a un 35% de Roberto Sánchez, registrando 12% de votos blanco/viciado y 15% de indecisos. Con la proyección de votos válidos de esa misma semana, la encuestadora otorgaba un 51,4% a Fujimori y un 48,6% a Sánchez.

DATUM de mediados de mayo ubicaba a Keiko Fujimori con 39.5% y a Roberto Sánchez con 36.1%, con un 15.9% de votos blanco/viciado y un 8.5% de indecisos.

En el comportamiento del electorado y fortalezas regionales Fujimori mantiene su principal bastión electoral en Lima y las regiones del norte del país, por el contrario que Roberto Sánchez que lidera ampliamente en el sur, centro y las zonas rurales.

En los debates los analistas locales señalan que el desempeño de Roberto Sánchez en el último debate presidencial le permitió recortar distancias y forzar el escenario de empate absoluto, aunque el porcentaje de indecisos y votos en blanco/viciado (que oscila entre el 13% y el 25% según la fecha del estudio) es el sector determinante que definirá la elección en las urnas.

Los argumentos para no votar por Keiko Fujimori en la segunda vuelta presidencial de Perú se centran principalmente en cuestionamientos a su trayectoria política, las investigaciones judiciales en su contra y el legado histórico de su partido.

El debate público y los detractores de Fuerza Popular señalan puntos críticos como las imputaciones por corrupción e investigaciones judiciales pendientes. Sus críticos enfatizan que la candidata ha enfrentado extensas investigaciones del Ministerio Público, particularmente el caso «Cócteles», relacionado con presuntos lavados de activos y recepción de aportes ilícitos de constructoras como Odebrecht para sus campañas anteriores.

También enfrenta cuestionamientos al entorno donde desde la oposición argumentan que el partido mantiene prácticas políticas cuestionables y alianzas orientadas a asegurar blindajes políticos o impunidad procesal. La concentración de poder e institucionalidad en el control del Congreso es determinante y provoca qué diversos analistas y figuras de peso en la política peruana estén sosteniendo que otorgarle el Poder Ejecutivo a Fuerza Popular generaría un riesgo de hiperconcentración de poder, dado que el partido y sus aliados ya poseen una presencia mayoritaria o una fuerte influencia en el nuevo Congreso bicameral, así como en entidades clave del sistema judicial y constitucional.

El debilitamiento institucional sería manifiesto ya que a Keiko Fujimori se le atribuye la responsabilidad política de la inestabilidad institucional vivida en los últimos años, acusando a sus bancadas parlamentarias previas de promover la censura y vacancia sistemática de presidentes y de socavar reformas clave, como la universitaria.

El legado del régimen de Alberto Fujimori vínculo con el gobierno de los años 90 produce un fuerte rechazo bajo la consigna histórica de «Fujimori Nunca Más» recalcan que Keiko Fujimori representa la continuidad del régimen de su padre, Alberto Fujimori. Se le asocia directamente con los antecedentes de autoritarismo, violaciones a los derechos humanos (como los casos La Cantuta y Barrios Altos) y la corrupción sistemática que caracterizaron a esa década.La resistencia ciudadana y polarización Anti-fujimorismo transversal representa una proporción importante del electorado, el voto en contra de Keiko Fujimori es una posición histórica de defensa democrática.

Consideran que su llegada a la presidencia polarizaría aún más al país y agravaría las tensiones sociales y políticas en las distintas regiones del interior, donde el rechazo a su figura es tradicionalmente más alto.

El candidato de la izquierda progresistas Roberto Sánchez llega con altas expectativas de victoria a la segunda vuelta presidencial del domingo 7 de junio con un fuerte arraigo en el Perú rural y andino al igual que ocurrió en los comicios pasados, Sánchez ha capitalizado masivamente el voto de las regiones del interior y el sur del país, canalizando el profundo descontento de los sectores tradicionalmente excluidos.

Heredero político de Pedro Castillo ha asumido la simbología del expresidente encarcelado, utilizando incluso su característico sombrero de campesino en mítines y debates. Este factor le ha permitido capturar el voto de los ciudadanos que sintieron que «les quitaron a su presidente» elegido democráticamente.

La moderación del discurso y alianzas de cara a esta segunda vuelta, donde Sánchez suavizó sus posturas económicas de izquierda, descartó la inclusión en su equipo de figuras radicales como Antauro Humala y sumó el respaldo de cuatro agrupaciones aliadas para captar el voto indeciso.

La nueva Constitución es su propuesta estrella para combatir la corrupción y la igualdad entre la ciudadanía por lo que propone convocar a una Asamblea Constituyente para redactar una nueva Carta Magna que reemplace el modelo actual.

En la Industrialización del Perú plantea superar el modelo extractivista mediante la diversificación productiva y el fortalecimiento de la agricultura familiar . En la seguridad ciudadana un enfoque basado en la participación comunitaria, además de la derogación de las llamadas «leyes pro crimen»; La justicia social y laboral con aumentos progresivos del salario mínimo y una visión plurinacional del Estado son piezas fundamentales del reclamo del electorado peruano.

RobertoSánchez se enfrenta a desafíos para la gobernabilidad si gana la presidencia, su margen de acción institucional estará severamente limitado por dos factores , la fragmentación parlamentaria (su coalición cuenta con una representación minoritaria en el nuevo Congreso bicameral 31 diputados y 14 senadores) que lo obligará a negociar constantemente para evitar mociones de vacancia presidencial, que ahora requieren dos tercios de los votos en ambas cámaras.

Y la presión judicial al igual que sufren todos los gobernantes o candidatos progresistas en la patria grande e incluso en el resto del mundo con ejemplos muy claros contra Lula en Brasil Cristina Fernández en Argentina, Petro en Colombia , Claudia en México o Pedro Sanchez en España el mismo modus operandi a nivel internacional ya que la Fiscalía de la Nación formalizó recientemente un pedido de más de 5 años de prisión e inhabilitación en su contra, inventándose una causa con pruebas falsas sobre presunto falseamiento de información en los aportes electorales de su partido indudablemente con el objetivo de enturbiar la campaña electoral del líder progresista , Roberto Sánchez ha calificado este proceso como una persecución política a las puertas de la votación.

Este 7 de Junio las mesas de votación en Perú gestionadas por la ONPE cerrarán a las 5:00 p. m., momento en el cual se iniciará un conteo que podría tardar varios días en oficializar al ganador definitivo y sabremos si la vida, los derechos y la esperanza promovidos por Roberto Sánchez se anteponen al pasado y el presente de oscuridad en políticas fascistas de Keiko Fujimori, la moneda está en el aire y en el voto de la ciudadanía peruana.

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