Por Carolina Valencia, periodista desde Colombia.
Los logros en materia social alcanzados durante el gobierno de Gustavo Petro están en serio peligro tras los resultados de la primera vuelta presidencial del pasado 31 de mayo, que dieron como ganador al abogado Abelardo De La Espriella, candidato que representa una corriente de derecha radical que ha venido ganando terreno en distintos países de la región, desde Argentina hasta El Salvador.
Alrededor de 23,9 millones de personas ejercieron su derecho al voto durante la jornada electoral. De ellas, 10.361.499 votaron por De La Espriella (43,7 %), mientras que 9.688.361 lo hicieron por Iván Cepeda (40,9 %), candidato de la izquierda.
La tercera en la contienda fue la senadora del Centro Democrático, Paloma Valencia, con un total de 1.639.685 votos, seguida por el candidato de centro Sergio Fajardo, quien obtuvo 1.006.870 sufragios.
Ante este panorama, la izquierda partidista, encabezada por el hoy senador y candidato Iván Cepeda Castro, debe replantear la estrategia de su campaña. El primer paso debería ser marcar una mayor independencia frente a la figura del presidente Petro, quien reaccionó a los resultados electorales cuestionando los escrutinios sin presentar pruebas. Horas después, el propio Cepeda terminó reconociendo oficialmente los resultados emitidos por la Registraduría Nacional del Estado Civil.
Tras conocerse las cifras definitivas, los colombianos escuchamos los discursos de ambos candidatos. Los casi diez millones de votantes de Cepeda quedamos con preocupación al escuchar a De La Espriella afirmar: «Vamos a defender la democracia por la razón o por la fuerza».
Iván Cepeda sostuvo que su rival representa «el regreso al pasado y a una extrema derecha con rasgos fascistas».La resaca electoral dejó un mensaje claro para la campaña de segunda vuelta: urge un cambio de estrategia, de asesores, de energía, de impronta y de narrativa.
Cepeda es un dirigente reconocido por su perfil discreto y reflexivo, pero la coyuntura exige una candidatura más visible, dinámica y cercana a la ciudadanía.La campaña debe desplegarse más allá de las plazas públicas.
Es necesario llegar a los barrios, a los jóvenes que se informan a través de las redes sociales y a los sectores indecisos. También es fundamental explicar de manera sencilla las propuestas de gobierno, generar confianza y ofrecer certezas a quienes aún no han tomado una decisión electoral, especialmente dentro del amplio porcentaje de ciudadanos que se abstuvo de votar.

¿Por qué desmarcarse del presidente Petro?
Porque iniciativas como la convocatoria a una Asamblea Constituyente generan incertidumbre política, económica y social. Más allá de sus intenciones, pueden profundizar la polarización y alimentar la percepción de que existe una amenaza al equilibrio institucional establecido por la Constitución de 1991.
En contraste, la campaña de Cepeda ha aclarado que su propuesta gira en torno a un Acuerdo Nacional, una invitación a las diferentes corrientes políticas, sociales y económicas para construir consensos alrededor del desarrollo del país. Y precisamente una de las principales fortalezas de Iván Cepeda ha sido históricamente su capacidad de diálogo.
Otro de los temas cruciales es el feminismo. El diálogo del gobierno Petro con el movimiento feminista no ha ocupado un lugar prioritario dentro de la agenda nacional. Además, el presidente ha sido cuestionado por no responder con suficiente contundencia a las denuncias formuladas por distintas mujeres contra algunos de sus colaboradores más cercanos que ocupan cargos de poder.
Entre ellos se encuentran Hollman Morris, gerente de RTVC; Armando Benedetti, ministro del Interior y señalado en distintos escenarios por presuntos hechos de violencia contra las mujeres; Diego Cancino, exviceministro del Interior, denunciado por presunto acoso sexual; y Alex Flórez, senador del Pacto Histórico involucrado en controversias relacionadas con violencia intrafamiliar, entre otros casos que han generado debate público.

El propio presidente Gustavo Petro ha sido cuestionado por algunas actitudes consideradas misóginas hacia periodistas, magistradas y mujeres que han ejercido cargos públicos. Asimismo, algunos comportamientos públicos hacia integrantes de su gabinete han sido objeto de críticas por parte de sectores feministas.
Por su parte, Cepeda no ha realizado hasta ahora un pronunciamiento específico sobre estos asuntos, más allá de expresar su rechazo a la violencia contra las mujeres. Sin embargo, para amplios sectores del movimiento feminista, aún no existe un compromiso político suficientemente claro y contundente con esta agenda.
Otro asunto ineludible son los casos de corrupción que han golpeado al actual gobierno. El más conocido es el escándalo de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), donde se denunciaron graves irregularidades en el manejo de recursos públicos. A ello se suma el proceso judicial que enfrenta Nicolás Petro por presuntos delitos relacionados con enriquecimiento ilícito, lavado de activos y presuntas irregularidades en la financiación de la campaña presidencial de su padre.
La izquierda continúa siendo, para muchos colombianos, una opción viable de transformación social. Sin embargo, enfrenta el enorme desafío de evitar que el descontento ciudadano frente a los errores del actual gobierno termine fortaleciendo a sectores políticos que consideran contrarios a los avances alcanzados en materia social, ambiental y de derechos humanos.
La derecha llega a la segunda vuelta con una ventaja importante, impulsada por la posibilidad de sumar apoyos provenientes de sectores conservadores y por el auge internacional de liderazgos de corte libertario o de derecha radical.Un eventual gobierno de Abelardo De La Espriella genera preocupación entre quienes consideran prioritarias las políticas sociales, la protección ambiental y la ampliación de derechos para grupos históricamente discriminados. Temen retrocesos en asuntos como la protección de la Amazonía, los derechos reproductivos, las garantías para la población LGBTIQ+, la transición energética y la protección de los territorios campesinos e indígenas.
Iván Cepeda debe aprovechar estos veinte días previos al 21 de junio para tender puentes de diálogo y concertación con el centro político, con sectores liberales y con todos aquellos ciudadanos que consideran fundamental preservar las instituciones democráticas y profundizar los avances sociales alcanzados en los últimos años.La segunda vuelta no se definirá únicamente entre la derecha y la izquierda.
También será una disputa por la confianza de millones de colombianos que aún buscan una opción capaz de unir al país en medio de sus profundas diferencias.
