Por SASI ALEJANDRE periodista, analista y activista de México, con herencia vasca .
SASI ALEJANDRE periodista, analista y activista de México, con herencia vasca y una perspectiva de izquierda formada tras el golpe de estado en Bolivia, reconocida por su enfoque en periodismo de izquierda, política internacional y antiimperialismo. Colaboró con medios como Canal Red y Naiz. Es destacada por sus análisis de coyuntura en América Latina, la sección «La Base Comanche» y su labor en Operación Mamut, abordando temas de soberanía, guerra híbrida y medios. Fue productora y conductora en el Fondo de Cultura Económica y en Capital 21. Se especializa en desglosar las estrategias de Estados Unidos en América Latina, incluyendo críticas al bloqueo a Cuba y Venezuela, y analizando el «efecto Trump» en la geopolítica mundial. Conocida por la sección «titulares al banquillo» y por iniciar sus análisis con preámbulos históricos o filosóficos. Su labor periodística se caracteriza por investigar profundamente y buscar un análisis político riguroso, posicionándose como una voz crítica dentro del periodismo de izquierda contemporáneo.
Lo que se omite intentando combatir a la extrema derecha es que la extrema derecha no es un lente maligno, externo y solitario, un dictador en potencia que hace el saludo Hitleriano, porque la realidad es mucho más difícil de tragar. No hay extrema derecha sin pueblo.
El pueblo que se puede salvar a sí mismo, que es motor de la historia, que es el actor político por excelencia, puede ser el mismo pueblo que se deje llevar hacia el fascismo y no le ganaremos hasta que no entendamos esto.Incluso cuando se acepta este hecho, se mira con con descendencia.
En las últimas jornadas electorales en el mundo en donde ha triunfado esta fuerza, el propio trompe en Estados Unidos, en Chile, antes de eso Ecuador, Argentina, Italia, un gría o incluso la aceptación de Honduras a asumir la presidencia de Nágrias Fura impuesto por trompe. Y ahí el relato más común desde la izquierda es el desdén.
El reclamar la falta de memoria de esos pueblos, que deciden revivir a sus peores monstruos, su incompetencia o incluso su inutilidad para votar bien. Pero se nos olvida una cosa. Nuestros pueblos siempre han tenido pulsiones contradictorias, solidarias y egoístas, soberanas y entrelistas, incluso progresistas y conservadoras simultáneamente, y en el sentido más puro de esos conceptos.
Y no es que el pueblo se vuelva malo o bueno al pasar los años y los ciclos electorales, sino que gana la pulsión que sea reconocida por un poder político viable, la pulsión que esté encarnada en un proyecto político palpable, seductor y con horizonte. Si declaramos a nuestros pueblos como inerentemente fascistas porque hayan votado a la extrema derecha a Pagaybamonos.
La realidad es bastante mejor y también bastante más compleja que eso.Con el mismo pueblo como motor tenemos la misma capacidad de hacer hegemonía desde la izquierda que es la extrema derecha. En otras palabras, el mismo pueblo que hoy puede ser de extrema derecha, de haber escuchado sus demandas siendo representadas por una fuerza opuesta de izquierdas y revolucionaria hubiera votado como un pueblo revolucionario. Sólo hace falta ver a la historia.
Los primeros militantes del partido nacional fascista de Mussolini eran militantes transferidos del partido socialista. Ahí la definición más pura de construcción de hegemonía. Mussolini en su día fervoroso socialista militante y líder intelectual en su narrativa y en su descenso al fascismo nunca renunció a sus ideas socialistas, entretejéndolas con el fascismo que construía lentamente.
Así en un inicio mantuvo el apoyo de los socialistas, perfilándose como el líder radical y revolucionario que el partido socialista no tenía. Pero al mismo tiempo que era socialista para los socialistas, era un capitalista de mercado para los capitalistas de mercado y un nacionalista para los nacionalistas. El fascismo que apenas se construía como identidad y como proyecto político no apelaba al pueblo con la bandera del fascismo, sino con la bandera de ser la panacea multifacética para todos los malestaris existentes.
Para la clase trabajadora, el campesinado o primido y viviendo en la miseria, prometía ser el protector del trabajador frente a la tiranía del capital. Para los socialistas ansiosos por un liderazgo revolucionario y asciados de políticas reformistas y endebles, prometía ser ese liderazgo fuerte, valiente y inerentemente revolucionativo.
Y para la monarquía, la célite y el establishment liberal que veían su podería o tan valiar y necesitaban certeza de que esta nueva alternativa fascista contendría la senso de una revolución socialista conservando su poder intacto, Mussolini prometía preservar la estructura de poder real, de poderes fácticos existentes, dejarlos gobernar a través de él.
Y todas estas consignas y identidades, luchas, demandas o mojenizarlas en una sola palabra, proyecto, liderazgo, ideale, el fascismo. Eso da mas y caballeros es hegemonía. Construir una cadena de equivalencias en donde todas las demandas se vean reflejadas en ti, usando un símbolo homogenizador, en este caso el nacionalismo.
¿Qué tendría que ver un noble, un comerciante, un campesino y un revolucionario? Italia. El fascismo entonces entendió que en política, toda política, en todo momento de la historia, gana el que construya los bandos, ordenen las lealtades, no dando los bandos por constituirnos, no descubriéndolos, sino creándolos de cero. Construir es un puente de equivalencias entre clases y ideologías diversas, que, guiados por ti, deberían ser enfrentados ante el único enemigo común, todo quien amenace a Italia.
Por esto, el importante hoy no es estudiar al fascista que se sabe fascista y orgulloso, sino al que te soltaría un golpe mortal si lo acusas de ser fascista y, sin embargo, lo es, al que, como la rana en la olla, lentamente llegando al punto de guillición, no se la cuenta de dónde se metió hasta que ya es demasiado tarde, ¿ok? bajo rápida climatación al agua, primerotivia, luego caliente y luego ir viendo, nunca se percata del agua misma.
Un pueblo que apoye al fascismo en un momento determinado no es un pueblo fascista, es un pueblo con demandas no atendidas y en necesidad de un horizonte. Y sí, la panacea que promete ser el fascismo tarde o temprano de canten su significado real.
Mussolini entendió muy bien algo más, que toda construcción de un significante vacío, de un concepto como fascismo, nacionalismo, libertad, que en un inicio rellenaste con todos los significados de mandas luchas existentes, siempre, siempre llega al momento de tener que descantarse por un significado, una lealtad.
En ese sentido logró que todas las revoluciones socialistas han logrado desde la rusa hasta la cubana, solidificar alianzas, construyendo puentes entre las demandas heterogémias, armando un bloque contingente bajo la bandera del enemigo común, el sar, el dictador batista, y una vez logrado el triunfo, el derrocamiento del enemigo, hasta que la balanza en la correlación de fuerzas favoresca a la revolución, entonces declaras poder absoluto.
Así, Mussolini mantuvo viva esta ilusión de panacea de todas las luchas hasta que la correlación de fuerzas inclinó a su favor, ya en el poder.
Entonces, da el golpe en la mesa definitivo. Para los trabajadores y legalización de las huelgas, destrucción de los sindicatos, excepto los sindicatos fascistas, claro está, represión a las ligas campesinas y protección a los grandes terratenientes, mientras que la guerra de Mussolini contra los socialistas comunistas y revolucionarios está además, y legalizados todos los partidos, la prensa socialista para la que Mussolini alguna vez escribió destrozada y los líderes encarcelados, torturados, exiliados, asesinados o desaparecidos, mientras que la única lealtad que prevaleció fue a las elites, con su poder intacto, solo reorganizado y recibiendo beneficios del Estado.
Y como mantiene el fascismo el poder después de esta traición, habiendo sustituido con éxito las demandas iniciales de los grupos por una demanda máxima que preceda a todo lo demás, porque nunca se trató de satisfacer las demandas sino de absorberlas, redefinirlas para neutralizarlas, empezando por la identidad.
Si la clase trabajadora ya no se concibe como tal, entonces la disolución de los sindicatos, la prohibición de las huelgas, incluso la explotación no serían vistas como traiciones, al contrario, en marcados a los partidos socialistas, a los sindicatos y a las huelgas como amenazas a la patria, su prohibición no es traición, es protección, ante una clase trabajadora que ahora ante todo es Italia, y por tanto busca ante todo la grandeza de Italia.
Si antes los bloques estaban constituidos como trabajadores frente a la burguesía, el fascismo no llega a jugar dentro de ese tablero con esos bloques, sino a crear un nuevo tablero y reordenar los bloques. El trabajador como sujeto histórico se disciplaría, sus demandas pasando a ser quejas aisladas y no un proyecto colectivo.
Y lo mismo con el enemigo ya no sería esa élite, sino los enemigos de la nación, concepto en el que cabría todo desde socialistas y comunistas, primeramente naciones confrontadas y muy importantemente el caos, el gran susitador de miedo ante el cual el fascismo se auto define como garante del orden que lo habrá de prevenir. Entonces, ¿cómo se combate al fascismo en el poder? Y no, no es con antifacismo, al menos no en la narrativa explícita. No se trata de corregir el sentido común popular ganado ya por el fascismo, de argumentar por qué ser ronio y moral, sino de transformar.
No es una disputa por quién dice la verdad, sino de quién logra que su verdad sea el sentido común. Si sus significantes han sido aceptados sean ordeninación como en tiempos de Mussolini o libertad, patria y familia como los de la ultraderecha actual, ganaremos cuando nos apropiemos de estos conceptos, no para propagar sus ideales, sino para infusionar estos conceptos que creían suyos con nuestro sentido común.
Ya lo dijo Gramsci, el socialismo falló en Italia porque nunca fue un nacional popular, nunca pudo apropiarse de la nación como concepto.Hoy no ganaremos y renegamos de la nación, ganamos cuando nos la apropiemos desde la izquierda. Si ellos reclaman la historia nacional como suya, reclamemos la como nuestra, construyendo una épica de una nación que es inerentemente de izquierda. Lo hizo chaves.
Venezuela después de la revolución bolivariana ya no sería definida, ya no le pertenecería a las dictaduras militares al punto fijismo a los vendepatrias de siempre, sino al pueblo que es el legado del libertador simón boliva, al país de las guerrillas, de las comunas y de la milicia.
El socialismo no es opuesto a la patria, es la patria. La dichotomía, ellos y nosotros es necesaria, pero no como habíamos creído.No ganamos cuando construimos nuestra narrativa en forma de buenos ciudadanos versus extremistas. La democracia contra el odio, los ilustrados frente a los ignorantes. ¿Por qué tal y como cuando surgió una nueva amenaza contra cualquier orden, ese orden se repliga y se reafirmen su identidad? Lo que debemos hacer no es intentar fracturar esa identidad, sino reordenar los bandos enteramente.Si las palabras dignidad, libertad, pueblo y nación ya están sobre la mesa, ellos deben ser todos lo que se opongan a estos significantes. Los fascistas dicen que son los socialistas, reformulemos al enemigo como el imperialismo estadounidense, como las élites, aquellos que utilizan esas palabras para salvaguardar su privilegio. Si ellos ganan elecciones abandonándose del orden, no ganaremos desde la izquierda diciendo, el orden es malo, ganaremos diciendo, eso no es orden, orden es la dignidad nacional frente a los invasores, órdenes justicia social, órdenes combate a la pobreza.
Y finalmente, no ganamos descalificando al pueblo como fascista, porque no existe tal cosa como un pueblo inerentemente fascista, existe un pueblo que reacciona cuando cree que sus demandas serán cumplidas.
Por lo tanto, si queremos que pasen al nuestro lado, no es atacándolo, es entendiéndolo y convenciéndolo, porque así ganaron ellos, no por influjo psiqui con y por haber apelado un pueblo inerentemente fascista que no existe, sino entendiendo ese pueblo e instrumentalizando sus demandas reales y dolorosas como sus banderas políticas. Esta une guía para combatir a la extrema derecha en el poder, para no solo resistir si no vencer, porque la rueda de la historia sigue girando y hoy a la par de preocuparnos por la lucha anti imperialista en nuestros países amenazados, también tenemos países en América Latina ya tomados por esa extrema derecha y que deben llevar a cabo esta lucha a la par de la disputa contra hegemónica contra el fascismo que ya tienen en casa.
Y sobre todo como parte de una anatomía necesaria del monstruo que tenemos encima, el régimen cada vez más autoritario de Donald Trump en Estados Unidos. Pero también, porque se viene una nueva fase en esta era de disputa. En cuestión de meses, Colombia y Brasil y en dos años, elecciones intermedias en México, es decir, los tres bastiones que quedan del progresismo latinoamericano, se enfrentarán a procesos electorales.
Sabremos proteger el poder o lo entregarémos de lleno a la extrema derecha.
Articulo transcrito : https://youtu.be/RofbPncz0Lw?si=5v8eR6b9twJAvIV2