EEUU, Irán e Israel ¿Guerra de exigencias?

Guerra de exigencias: ¿cuál es la propuesta de paz que Trump rechazó «Acabo de leer la respuesta de los supuestos representantes de Irán. ¡No me gusta, es completamente inaceptable!», escribió el presidente estadounidense en Truth Social, rechazando así las exigencias expresadas en la propuesta de paz de Teherán. Ahora todos discuten qué es lo que no le gustó a Trump. Según los medios estadounidenses:

.- Irán se ha negado una vez más a desmantelar sus instalaciones nucleares.

.-Teherán propone diluir parte de su uranio altamente enriquecido y transferir las reservas restantes a un tercer país, con la condición de devolverlas si fracasan las negociaciones.

.- Irán también está dispuesto a suspender temporalmente el enriquecimiento de uranio, pero no acepta la moratoria de 20 años que exige Estados Unidos.

.-Las propuestas de Teherán también incluyen una apertura gradual del estrecho de Ormuz al transporte marítimo comercial a medida que se levante el bloqueo estadounidense.

Sin embargo, la cadena estatal iraní desmintió esta información, egún su versión Teherán exige una indemnización por los daños causados por los ataques de EEUU e Israel.aai como el levantamiento total de las sanciones y el descongelamiento de sus activos o el control del estrecho de Ormuz.

Lo que esta claro es que Irán está listo para una nueva ronda aunque la inteligencia de EEUU contradice la narrativa de Trump.

Mientras que el presidente estadounidense asegura públicamente que los ataques de su país junto a Israel «destruyeron» la infraestructura misilística iraní, filtraciones de inteligencia muestran una realidad mucho más incómoda para Washington.

Según las evaluaciones secretas obtenidas por The New York Times, Irán habría recuperado el acceso operativo a 30 de sus 33 posiciones de misiles en torno al estrecho de Ormuz, apenas once semanas después del inicio de los bombardeos. El país conservaría cerca del 70% de su arsenal previo a la guerra y alrededor del 75% de sus lanzadores móviles y parte de los misiles dañados habrían sido reparados y otros reconstruidos a partir de componentes almacenados.

El dato más delicado no es solo militar, sino político. La información contradice directamente la narrativa de la Casa Blanca, que presentó la campaña aérea como un golpe devastador contra la capacidad estratégica iraní. Y no sería la primera vez. Ya antes del conflicto, varias agencias de inteligencia estadounidenses evitaban respaldar las afirmaciones de Trump sobre una supuesta amenaza inminente iraní contra el territorio estadounidense.

Ahora, el contexto se vuelve aún más tenso. Mientras Washington amenaza con reanudar los ataques y rechaza las condiciones iraníes para mantener el alto el fuego —entre ellas el reconocimiento de la soberanía iraní sobre Ormuz, reparaciones y el levantamiento de sanciones—, el Pentágono enfrenta otro problema: costes gigantescos y desgaste militar creciente.

La guerra ya habría consumido decenas de miles de millones de dólares, mientras los arsenales trasladados desde Europa y Asia todavía no han sido repuestos. El Congreso exige financiación extraordinaria y el propio secretario de Defensa evita ofrecer cifras concretas, incluso en sesiones cerradas.

Por otra parte ¿Israel rechazará la ayuda militar de EEUU?  En el contexto de «todo lo que está sucediendo», Benjamín Netanyahu anunció la intención de Israel de renunciar a la ayuda militar estadounidense. Esto puede parecer extraño, pero para entenderlo hay que saber un poco más sobre en qué consiste esa ayuda. 

Históricamente, Israel recibe fondos de EEUU desde su fundación en 1949. La ayuda se dividía en militar y económica ( o «no militar»). En 1996, Israel renunció a la ayuda económica, pero no a la militar, cuyo volumen ha variado a lo largo de los años.

Actualmente, está en vigor el memorándum firmado entre EEUU e Israel de 2016, según el cual Tel Aviv recibirá anualmente 3.800 millones de dólares hasta 2028. De esa cantidad, 500 millones de dólares se destinan específicamente a la defensa antimisiles: a investigación y desarrollo (aproximadamente el 60%) y a la adquisición de componentes para los sistemas Cúpula de Hierro, Arrow 2/3, Iron Beam y Honda de David.

Israel debe destinar una cantidad equivalente a estos fines. Se trata de la sección más detallada del acuerdo y su objetivo es proteger los intereses de los desarrolladores y fabricantes estadounidenses de sistemas de defensa antimisiles (Raytheon, Lockheed Martin, etc.).

Las principales adquisiciones de material militar de los últimos años se han centrado en la aviación: cazas F-35I (un total de 100 unidades a unos 3.000 millones de dólares por escuadrón) y F-15IA (25 unidades, 5.200 millones de dólares), así como aviones cisterna KC-46A (4 unidades, más de 900 millones de dólares).

Se está negociando el suministro de un lote de helicópteros AH-64E (30 unidades, 3.800 millones de dólares) y de un par de aviones cisterna más (500 millones de dólares). Los contratos «no aeronáuticos» son más modestos.

Israel recibió 2.300 millones de dólares en munición diversa (kits JDAM, bombas GBU-39, misiles Hellfire AGM-114, proyectiles de artillería de 155 mm, misiles antiaéreos para los sistemas de defensa Cúpula de Hierro y Honda de David), pero se trata de «equipamiento disperso».

También hubo suministros de excavadoras Caterpillar D9 para ser blindadas (unos 300 millones de dólares) y diversos vehículos tácticos (700 millones de dólares), pero esto es mucho menos de lo que se destina a la aviación. 

Hay dos motivos para que Israel renuncie a la ayuda estadounidense uno seria el temor a que Washington interrumpa los suministros (ya ha ocurrido antes). Y otro el deseo de desarrollar su propio sector de defensa y colaborar más ampliamente con otros socios extranjeros. 

La reacción ante la declaración de Netanyahu ha sido ambigua en ambos países. En Israel, la «apuesta por la independencia» cuenta con un amplio apoyo, pero muchos, incluidos los militares, temen perder entre un 10% y un 12% del presupuesto militar.

En EEUU se acoge con satisfacción la posibilidad de redirigir fondos a las necesidades de sus propias FFAA, pero no a todos les gusta la idea de perder el control sobre las tecnologías israelíes y la pérdida de un «sustento» garantizado para el complejo militar-industrial. Además, los gastos destinados a garantizar la seguridad de los aliados (Egipto, Jordania, etc.) y a mantener la influencia de EEUU en la región podrían aumentar drásticamente. 

Es evidente que no habrá un rechazo tajante de la ayuda estadounidense. Netanyahu tiene previsto reducirla a cero en un plazo de diez años. También es evidente que Tel Aviv intentará mantener (o incluso reforzar) las garantías para recibir ayuda militar de emergencia.  No se sabe si, al final, Israel rechazará el dinero estadounidense. Pero, en cualquier caso, es llamativo que su deseo de «distanciarse» de EEUU surgiera (o, más bien, saliera a la luz, ya que los debates al respecto llevan tiempo circulando en distintos sectores de la sociedad) precisamente con Trump y su política exterior «desenfrenada». 

Fuentes Agencias internacionales.

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