{"id":11612,"date":"2025-12-26T17:46:04","date_gmt":"2025-12-26T20:46:04","guid":{"rendered":"https:\/\/xn--tuvozdiasporaespaola-k7b.com\/page\/2\/?p=11612"},"modified":"2025-12-26T17:46:05","modified_gmt":"2025-12-26T20:46:05","slug":"la-izquierda-tradicional-y-el-mundo-que-se-avecina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/xn--tuvozdiasporaespaola-k7b.com\/page\/2\/la-izquierda-tradicional-y-el-mundo-que-se-avecina\/","title":{"rendered":"LA IZQUIERDA TRADICIONAL Y EL MUNDO QUE SE AVECINA."},"content":{"rendered":"\n<p>Por Fernando Ortega, redaccion en el Bergued\u00e1,  Catalu\u00f1a .<\/p>\n\n\n\n<p>Vigencia anal\u00edtica, desajuste hist\u00f3rico y dilemas de supervivencia pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante d\u00e9cadas se dio por sentado que la izquierda tradicional hab\u00eda sido superada por la historia. Demasiado r\u00edgida, demasiado anclada en un mundo industrial desaparecido, incapaz de adaptarse a la democracia liberal y a la complejidad del capitalismo avanzado. <\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, el giro autoritario global, la concentraci\u00f3n del poder y la erosi\u00f3n democr\u00e1tica obligan a revisar esa certeza. La pregunta ya no es si aquella izquierda ten\u00eda raz\u00f3n, sino si el mundo que emerge puede prescindir de lo que supo ver antes que nadie.<\/p>\n\n\n\n<p>Un debate mal planteado.<\/p>\n\n\n\n<p>Buena parte del debate contempor\u00e1neo sobre la izquierda se formula desde un error de origen: se discute su vigencia en t\u00e9rminos morales o identitarios, cuando el problema es hist\u00f3rico y estrat\u00e9gico. No se trata de decidir si la izquierda tradicional \u2014la situada a la izquierda del revisionismo\u2014 era \u201cmejor\u201d o \u201cpeor\u201d que sus alternativas reformistas, sino de evaluar si las condiciones que la hicieron posible, y las que la dejaron al margen, siguen operando hoy.<\/p>\n\n\n\n<p>La tentaci\u00f3n habitual es doble. <\/p>\n\n\n\n<p>Por un lado, la nostalgia: presentar a la izquierda no revisionista como una v\u00edctima de la traici\u00f3n reformista o del paso del tiempo. Por otro, el desd\u00e9n: tratarla como un residuo ideol\u00f3gico incapaz de entender la complejidad del presente. Ambas posiciones evitan lo esencial. La primera congela el pasado; la segunda lo clausura sin entenderlo. Pero el mundo pol\u00edtico actual, marcado por el conflicto abierto, el debilitamiento institucional y la concentraci\u00f3n del poder, obliga a reabrir la cuesti\u00f3n con m\u00e1s rigor y menos comodidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Qu\u00e9 entendemos por izquierda tradicional<\/p>\n\n\n\n<p>Conviene delimitar el objeto con precisi\u00f3n. Por izquierda tradicional no hablamos de una est\u00e9tica, ni de una generaci\u00f3n, ni siquiera de un conjunto cerrado de organizaciones. <\/p>\n\n\n\n<p>Nos referimos a la izquierda que, hist\u00f3ricamente, se situ\u00f3 a la izquierda del revisionismo: aquella que rechaz\u00f3 la integraci\u00f3n plena en el capitalismo reformado y se neg\u00f3 a reducir la pol\u00edtica a la gesti\u00f3n de lo existente.<\/p>\n\n\n\n<p>Es la tradici\u00f3n que asumi\u00f3 el conflicto como estructural, no como anomal\u00eda; que entendi\u00f3 el poder como algo que se disputa, no como una instancia neutral; y que concibi\u00f3 la transformaci\u00f3n social como una tarea pol\u00edtica consciente, no como un subproducto autom\u00e1tico del progreso.<\/p>\n\n\n\n<p>Ah\u00ed conviven tradiciones diversas \u2014marxismo no reformista, Luxemburg, Lenin, comunismo hist\u00f3rico\u2014 con tensiones internas evidentes. No se trata de idealizarlas ni de ofrecerlas como modelo cerrado, sino de reconocer que compart\u00edan un marco com\u00fan: el rechazo a la neutralizaci\u00f3n del conflicto como condici\u00f3n de estabilidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Donde acert\u00f3 (y sigue acertando) La izquierda tradicional fue derrotada en el terreno pol\u00edtico, pero no en el anal\u00edtico. En algunos puntos fundamentales, su lectura del mundo ha resultado notablemente resistente al paso del tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>El primero es el conflicto. La promesa de un capitalismo capaz de integrar, redistribuir y estabilizarse indefinidamente se ha mostrado ilusoria. <\/p>\n\n\n\n<p>Las crisis no han sido accidentes, sino rasgos estructurales. La desigualdad no se ha corregido sola. El poder no se ha disuelto en redes horizontales; se ha concentrado.<\/p>\n\n\n\n<p>El segundo es la naturaleza del poder. Frente a la idea de instituciones neutrales y mercados autorregulados, la izquierda tradicional entendi\u00f3 que el poder econ\u00f3mico, pol\u00edtico y simb\u00f3lico tiende a acumularse y a protegerse. <\/p>\n\n\n\n<p>Esa intuici\u00f3n resulta hoy dif\u00edcil de discutir en un mundo dominado por grandes plataformas, finanzas desreguladas y Estados cada vez m\u00e1s ejecutivos.<\/p>\n\n\n\n<p>El tercero es la fragilidad de la democracia sin base material. La extensi\u00f3n de derechos formales no garantiza su permanencia si no se sostiene sobre condiciones de vida estables. Cuando la seguridad material se erosiona, la democracia se vuelve vulnerable. La historia reciente no ha hecho sino confirmarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>En estos puntos, la izquierda tradicional no solo no se equivoc\u00f3: fue ignorada cuando ten\u00eda raz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El desajuste hist\u00f3rico.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, acertar en el diagn\u00f3stico no basta para intervenir con eficacia. El problema central de la izquierda tradicional no fue su an\u00e1lisis, sino su desajuste progresivo respecto a las condiciones reales de acci\u00f3n pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>El sujeto que articulaba su estrategia \u2014la clase trabajadora industrial organizada\u2014 se fragment\u00f3, se precariz\u00f3 y perdi\u00f3 centralidad simb\u00f3lica. No desapareci\u00f3, pero dej\u00f3 de funcionar como bloque pol\u00edtico coherente. <\/p>\n\n\n\n<p>La explotaci\u00f3n continu\u00f3, pero ya no adopt\u00f3 formas f\u00e1cilmente reconocibles ni organizables desde los marcos cl\u00e1sicos. Al mismo tiempo, el poder dej\u00f3 de concentrarse exclusivamente en el Estado-naci\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n<p>Finanzas globales, cadenas de suministro, plataformas tecnol\u00f3gicas y flujos de datos desbordaron los espacios tradicionales de soberan\u00eda. Tomar el Estado sigui\u00f3 siendo relevante, pero dej\u00f3 de ser suficiente.<\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, las crisis dejaron de abrir ventanas emancipadoras claras. Lejos de generar conciencia y ruptura, produjeron miedo, repliegue y demanda de orden. La expectativa de que el colapso del sistema engendrar\u00eda autom\u00e1ticamente alternativas progresistas se revel\u00f3 err\u00f3nea.<\/p>\n\n\n\n<p>La izquierda tradicional no fue derrotada por un enemigo m\u00e1s fuerte, sino desbordada por un mundo que ya no respond\u00eda a sus supuestos operativos.<\/p>\n\n\n\n<p>El giro a la derecha como s\u00edntoma, no como refutaci\u00f3nEl actual giro a la derecha suele presentarse como la prueba definitiva del fracaso de la izquierda no revisionista. En realidad, es una confirmaci\u00f3n ambigua. <\/p>\n\n\n\n<p>El conflicto que esa izquierda nunca dej\u00f3 de se\u00f1alar ha regresado con fuerza. Lo que ha cambiado es qui\u00e9n lo organiza pol\u00edticamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Las derechas contempor\u00e1neas han entendido algo esencial: la pol\u00edtica no es consenso permanente, sino disputa. Ofrecen identidad, orden y protecci\u00f3n selectiva en un mundo percibido como hostil. Lo hacen de forma regresiva y excluyente, pero eficaz. La paradoja es evidente. <\/p>\n\n\n\n<p>Aquella izquierda que insisti\u00f3 en que el conflicto no desaparece dej\u00f3 de ser quien lo articulaba. Otros ocuparon ese espacio con menos complejos y menos l\u00edmites democr\u00e1ticos. Esto no invalida el n\u00facleo de su an\u00e1lisis, lo vuelve inc\u00f3modo porque obliga a reconocer que tener raz\u00f3n no garantiza capacidad de direcci\u00f3n hist\u00f3rica.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfDesaparecer o transformarse?<\/p>\n\n\n\n<p>Llegados a este punto, la pregunta es inevitable: \u00bfest\u00e1 la izquierda tradicional llamada a desaparecer? La respuesta exige matices, como proyecto hegem\u00f3nico tal como fue concebido, sus l\u00edmites son evidentes, no puede simplemente reaparecer, ni replicar sus formas organizativas, ni esperar que los sujetos y los tiempos del pasado regresen. <\/p>\n\n\n\n<p>Esa v\u00eda conduce al testimonialismo o a la pureza impotente, pero como matriz cr\u00edtica y estrat\u00e9gica, su desaparici\u00f3n ser\u00eda un empobrecimiento pol\u00edtico profundo, sin ella, el conflicto queda en manos de quienes lo explotan sin intenci\u00f3n emancipadora. <\/p>\n\n\n\n<p>La alternativa no es entre revoluci\u00f3n cl\u00e1sica y gesti\u00f3n reformista, sino entre conflicto democratizado y conflicto reaccionario. La cuesti\u00f3n, por tanto, no es conservar la forma, sino traducir el contenido. Mantener la centralidad del poder, del conflicto y de lo material, sin quedar atrapados en esquemas hist\u00f3ricos agotados.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que no debe hacer.<\/p>\n\n\n\n<p>Si quiere tener alg\u00fan papel en el mundo que se avecina, la izquierda tradicional debe evitar varias trampas recurrentes.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera es refugiarse en la pureza ideol\u00f3gica, convertirse en conciencia cr\u00edtica sin poder puede preservar la coherencia interna, pero renuncia a la intervenci\u00f3n real.<\/p>\n\n\n\n<p>La segunda es esperar condiciones \u201cobjetivas\u201d que ya no se presentan de forma clara. La historia no ofrece escenarios limpios; ofrece conflictos desordenados.<\/p>\n\n\n\n<p>La tercera es repetir formas organizativas que funcionaron en otro tiempo. La fidelidad a los m\u00e9todos no es garant\u00eda de eficacia.<\/p>\n\n\n\n<p>Y la cuarta es confundir radicalidad con marginalidad. <\/p>\n\n\n\n<p>La radicalidad pol\u00edtica se mide por la capacidad de alterar correlaciones de fuerza, no por la distancia respecto al centro.Una pregunta que no se puede esquivar.<\/p>\n\n\n\n<p>El mundo que se avecina no es m\u00e1s estable ni m\u00e1s justo, es m\u00e1s expl\u00edcito en sus conflictos y menos dispuesto a sostener consensos autom\u00e1ticos, en ese escenario, la izquierda tradicional ya no ocupa el centro del tablero. Pero tampoco ha sido refutada por la historia.<\/p>\n\n\n\n<p>La pregunta decisiva no es si esa izquierda tiene futuro tal como fue, probablemente no. La pregunta inc\u00f3moda es otra: si el futuro puede prescindir de todo lo que ella entendi\u00f3 antes que nadie, porque cuando el conflicto regresa y la democracia se vuelve fr\u00e1gil, no tener una teor\u00eda del poder no es neutral. Es dejar el terreno libre a quien s\u00ed est\u00e1 dispuesto a ejercerlo.No se trata de volver atr\u00e1s.Se trata, una vez m\u00e1s, de volver a pensar.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"640\" src=\"https:\/\/xn--tuvozdiasporaespaola-k7b.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/1000434546-10.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-11613\" srcset=\"https:\/\/xn--tuvozdiasporaespaola-k7b.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/1000434546-10.jpg 640w, https:\/\/xn--tuvozdiasporaespaola-k7b.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/1000434546-10-300x300.jpg 300w, https:\/\/xn--tuvozdiasporaespaola-k7b.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/1000434546-10-150x150.jpg 150w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Fernando Ortega, redaccion en el Bergued\u00e1, Catalu\u00f1a . 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