Ayer asistimos en los campamentos de refugiados de Tinduf —concretamente en la wilaya de Auserd— a los primeros compases del cincuenta aniversario de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD).
La conmemoración se adelantó a abril por su importancia y para no coincidir con el Ramadán. En el primer desfile, vimos el paso de combatientes y armamento del Ejército Popular de Liberación Saharaui.
El nacimiento bajo las bombasEl 27 de febrero de 1976, al día siguiente del abandono español del Sáhara Occidental, se proclamó la RASD. España se marchó sin cumplir sus obligaciones como potencia administradora (obligaciones aún vigentes).
Aquel fue un momento histórico.Marruecos y Mauritania invadieron el territorio. El Frente Polisario solo tenía unos pocos fusiles. Los invasores creyeron que los saharauis se rendirían en una semana. No entendieron nada.
Los saharauis no solo resistieron: vencieron. Lograron la rendición de Mauritania, que terminó reconociendo a la RASD. Derrotaron militarmente al ejército mauritano, capturaron a numerosos soldados enemigos y forzaron a Marruecos a sentarse en una mesa de negociaciones.
Pero en ese momento surgió el error: creer en los organismos internacionales. Durante casi 30 años, los saharauis esperaron un referéndum de autodeterminación para decidir el estatus de su territorio.Marruecos aceptó ese referéndum. Lo aceptó, lo negoció y pactó las condiciones.
La MINURSO realizó el censo de votantes en base a lo acordado entre el Frente Polisario y Marruecos. Sin embargo, al ver que el resultado del censo no le favorecía, Marruecos cambió de opinión: boicoteó sistemáticamente el proceso y negó el censo realizado en base a las condiciones pactadas.

Hoy resuena en nuestra cabeza la frase de Bujari Ahmed: «Aquellos que crean que los saharauis van a ser víctimas del paso del tiempo no conocen la naturaleza del desierto. Podemos morir, otros continuarán».
El presidente Brahim Gali lo recordaba así en su discurso: «Son cincuenta años de resistencia y lucha heroica; de entrega y sacrificio, de mártires, detenidos, desaparecidos, sufrimiento y dispersión».
El referéndum nunca llegó.
La tregua firmada en 1991 se mantuvo durante casi treinta años, mientras la diplomacia fracasaba una y otra vez. Pero en noviembre de 2020, Marruecos violó el alto el fuego al enviar tropas a Guerguerat.
El Frente Polisario respondió declarando el fin de la tregua. Desde entonces, las armas han vuelto a hablar en el Sáhara Occidental. Gali lo dijo sin ambages: «La guerra no ha terminado».
Mientras en Nueva York se redactan resoluciones con frialdad de cirujano, la memoria saharaui sigue marcada por el napalm y el fósforo blanco. Aquellas bombas cayeron sobre columnas de civiles que huían al exilio. Las quemaduras no solo marcaron la piel de una generación: forjaron un Estado que nació bajo las llamas y que, cincuenta años después, se niega a ser borrado.
La resolución 2797: un nudo de contradicciones.
El Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas aprobó la resolución 2797, que supone un punto de inflexión. Por primera vez, insta explícitamente a negociar «tomando como base» la propuesta marroquí. Pero el verdadero avance para Marruecos no es solo esa mención: el Consejo reconoce que «la genuina autonomía podría representar el resultado más viable».
Sin embargo, la fragilidad de esta resolución la confirmó el enviado personal del Secretario General, Staffan de Mistura, en su rueda de prensa del 7 de noviembre de 2025. De Mistura calificó la resolución como «significativa» por demostrar una «energía internacional renovada», pero añadió un mensaje explosivo: reveló que la propuesta marroquí de autonomía de 2007 está obsoleta y carece de credibilidad. De hecho, la ONU ha solicitado oficialmente a Marruecos una versión «actualizada y ampliada».
Sus palabras textuales: «Esperamos con interés conocer el contenido de un plan de autonomía ampliado y actualizado por parte de Marruecos, tal como se ha solicitado». Aquello supuso un revés para la diplomacia marroquí.La resolución 2797 contiene contradicciones insalvables:
.-Pide negociar «tomando como base» el plan marroquí, que niega explícitamente la autodeterminación. Al mismo tiempo, defiende la autodeterminación.
.-Exige una «solución política mutuamente aceptable» (algo político) y luego añade la autodeterminación (que es la elección del pueblo).
.-Introduce la frase «negociaciones sin condiciones previas» cuando el propio texto impone una condición previa: «tomando como base la propuesta marroquí».A todo esto se suma la renovación de la MINURSO. Una misión creada específicamente para implementar el Plan de Arreglo y el referéndum se mantiene ahora en un proceso de negociación que nada tiene que ver con dicho Plan.
El hambre como arma de presión.
Desde enero de 2026, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ha recortado un 56% la ayuda humanitaria a los campamentos de refugiados saharauis respecto al año anterior. Así lo confirmé a la Media Luna Roja Saharaui. El recorte responde a la decisión de la administración Trump de reducir la USAID. A nivel global, ACNUR recibía alrededor del 47 por ciento de sus fondos de la USAID. Los campamentos saharauis son una víctima más de esa política.
La voz de la RASD.
El presidente Brahim Gali dijo en su discurso: «La proclamación de la República Saharaui fue la expresión concreta de la voluntad de un pueblo soberano de vivir libre y dignamente en su territorio nacional, como todos los pueblos del mundo».

Esa realidad ha sido sistemáticamente ignorada por la comunidad internacional. Pero hay voces que la reconocen. Jamal Benomar afirmó: «Lo más importante es el grado de preparación de los saharauis mismos para vivir bajo la soberanía del reino».
Y añadió: «Si Rabat desea cerrar definitivamente la puerta al referéndum, quizás sea porque teme un resultado que no le sea favorable».
Quizás ese sea el problema: una comunidad internacional que no acepta que un pueblo quiera ser libre. Pero el destino del pueblo saharaui está en sus propias manos.Gali lo resumió así: «El cincuentenario del estado saharaui es un mensaje al mundo: un mensaje de resistencia, de unidad nacional y de fidelidad a los mártires.
Es también un rechazo a todas las maniobras que buscan negar al pueblo saharaui su derecho a la libertad y la existencia».
Por: Héctor Bujari Santorum articulo decla revista Real-Politik