Mark Carney de Canadá planta cara a Estados Unidos en el discurso de Davos.

Mark Joseph Carney (Fort Smith, Territorios del Noroeste; 16 de marzo de 1965) es un economista y político canadiense que se desempeña como primer ministro de Canadá desde el 14 de marzo de 2025 y líder del centroizquierdista Partido Liberal desde 2025 que ya marcó su propia personalidad política en el Foro Económico Mundial, de DAVOS.

Mark Carney habló de frente y sin tapujos en contra de las políticas de los Estados Unidos y las grandes potencias en general. Lo llamativo del discurso es que de una manera educada expuso las malas prácticas que se están llevando a cabo por cuenta de las superpotencias en contra de las potencias intermedias y los países pequeños. Además, respaldó a la OTAN, a Groenlandia y el orden internacional.

Y entre tantas cosas interesantes que mencionó dos de ellas llamaron la atención:

La primera es que fue claro en asegurar que ante las ambiciones de Trump frente a Canadá se vieron obligados a reaccionar en todos los frentes, incluyendo acercamientos con el rival directo de Estados Unidos, es decir, China, país con el que hace pocos días firmaron varios acuerdos.

La segunda cosa llamativa es que Canadá es el primer país en pararse de frente, una estrategia clara y organizada para no sucumbir a las pretensiones de su vecino, los Estados Unidos.

Este discurso se perfila como una receta para entender lo que viene para el mundo y cómo se puede optar por una tercera vía, que por lo menos sirva de opción diferente a la imposición de las potencias.

Primer ministro de Canadá, Mark Carney en Davos 2026 Foto: AFP

Estas fueron algunas partes de este discurso sobre un nuevo orden mundial de Mark Carney primer ministro de Canadá en DAVOS:

“Por otra parte, me gustaría decirles que lo demás países, especialmente las potencias intermedias como Canadá, no son impotentes, tienen la capacidad de construir un nuevo orden que abarque nuestros valores, como el respeto a los derechos humanos, el desarrollo sostenible en la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los distintos estados.

El poder de los que tienen menos poder comienza con la honestidad, parece que cada día se nos recuerda que vivimos en una era de gran rivalidad entre potencias, que el orden basado en reglas está desvaneciendo, que los fuertes pueden hacer lo que quieren y los débiles deben sufrir lo que deben. Y este aforismo se presenta como algo inevitable, como la lógica natural de las relaciones internacionales que se reafirma día a día, y frente a esta lógica, hay una fuerte tendencia de los países a acertar las cosas, adaptarse, a evitar problemas, a esperar que el cumplimiento compre su seguridad.

Continuando “Entonces, ¿cuáles son nuestras opciones? En 1978, el Diciente Checo Haslar Hab, más tarde presidente, escribió un ensayo titulado el poder de los impoder y en él hizo una pregunta sencilla. ¿Cómo se sostuvo el sistema comunista? La respuesta empezó con un cartel color verde. Cada mañana, el comerciante coloca un cartel en su escaparate, trabajadores del mundo unidos.

Él no lo cree, nadie lo hace, pero todos modos coloca el cartel para evitar problemas, para indicar conformidad, para llevarse bien, y como cada comerciante, en cada calle, hace lo mismo, el sistema persiste, no sólo a través de la violencia, sino a través de la participación de gente común en rituales, que en privados, saben que son falsos. Half calificó esto de vivir dentro de una mentira. El poder del sistema no proviene en su verdad, sino de la voluntad de todos de actuar, como si fuera verdad, y su fragilidad proviene de la misma fuente.

Cuando una sola persona deja de actuar, cuando el burro verde retira su cartel, la ilusión empieza a resquebrajarse. Amigos, es hora de que las empresas y los países retiren sus carteles. Durante décadas países como Canadá prosperaron bajo lo que llamamos el orden internacional basado en reglas.

Nos unimos a sus instituciones, elogiamos sus principios, nos beneficiamos de su previsibilidad, y gracias a eso pudimos llevar a cabo políticas exteriores basadas en la protección. Sabíamos que la historia del orden internacional basado en reglas era parcialmente falsa, que los más fuertes se imponen cuando les convenga que las reglas comerciales tengan una aplicación de manera asimétrica, y sabíamos que el derecho internacional se aplicaba con distinto rigor según la identidad del acusado o de la víctima.

Esta ficción fue útil y la hegemonía estadounidense en particular ayudó a proporcionar bienes públicos, rutas, marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a marcos para resolver disputas, así que colocamos el cartel en la ventana, participamos en los rituales y evitamos en gran media señalar las brechas entre la retórica y la realidad.

Este trato ya no funciona, permítame ser directo, estamos en medio de una ruptura, no de una transición. En las últimas dos décadas, una serie de crisis en los ámbitos financieros, sanitario, energético y geopolítico han puesto de manifiesto los riesgos de una integración global extrema, pero más recientemente las grandes potencias han comenzado a utilizar la integración económica como arma, los aranceles como palanca, la infraestructura como conversión, las cadenas de suministro como vulnerabilidades que pueden explotarse, no se puede vivir dentro de la mentira del beneficio mutuo a través de la integración cuando la integración se convierte en la fuente de sus coordinación.

Las instituciones multilaterales en las que han confiado las potencias medias como la OMC, la ONU, la COP, la arquitectura, la misma de la solución colectiva de problemas están bajo amenaza y como resultado muchos países están llegando a la misma conclusión de que deben desarrollar una mayor autonomía estratégica en energía, alimentos, minerales críticos, finanzas y cadenas de suministros, y este impulso es comprensible, un país que no puede alimentarse a abastecerse de combustible o defenderse, tiene pocas opciones, cuando las reglas ya no te protegen, debes protegerte tú mismo, pero seamos claros acerca de a dónde nos lleva esto, un mundo de fortalezas será más pobre, más fragile y menos sostenible y hay otra verdad, si las grandes potencias abandonan incluso la apariencia de reglas y valores en favor de la búsqueda sin trabas de su poder y sus intereses.

Los beneficios del transaccionalismo serán más difíciles de replicar, los hegemónicos no pueden monetizar continuamente sus relaciones, los aliados se diversificaron para protegerse contra la incertidumbre, comprarán mas seguros o aumentarán opciones para reconstruir la soberanía, una soberanía que antes se basaba en reglas, pero que cada vez más estará el ancla a la capacidad de resistir represiones.

Esta sala sabe que esto es un ejemplo clásico de gestión de riesgos, la gestión de riesgos tiene un precio, pero ese costo de autonomía estratégica de soberanía también puede ser compartido, las inversiones colectivas en residencias son más baratas que la construcción de cada uno de sus fortalezas, los estándares compartidos reducen las fragmentaciones, las complementariedades son suma positiva y la cuestión para las potencias medias como Canadá no es si adaptarse a la nueva realidad, debemos volver a la pregunta si nos adaptamos simplemente construyendo muros más altos o si podemos hacer algo más ambicioso.

Ahora bien, Canadá fue uno de los primeros en escuchar el llamado de atención que nos llevó a cambiar fundamentalmente nuestra postura estratégica. Los canadienses saben que nuestras viejas y cómodas suposiciones de que nuestra geografía y nuestra pertenencia alianzas conferían automáticamente prosperidad y seguridad, esa suposición ya no es válida y nuestro nuevo enfoque se basa en lo que Alexander Stopp, el presidente de Finlandia, ha denominado realismo basado en valores, o dicho de otro modo, nuestro objetivo es ser a la vez pragmáticos y basados en principios, basados en nuestros principios de compromiso con los valores fundamentales, la soberanía, la integridad territorial, la prohibición de usar la fuerza excepto cuando sea compatible con la carta de las naciones unidas y el respeto por los derechos humanos y pragmáticos al reconocer que el progreso es a menudo gradual, que los intereses divergen y que no todos los socios compartirán todos los valores.

Así que estamos participando de manera amplia, estratégica y con los ojos abiertos, afrontamos activamente el mundo tal como es, no esperamos a que el mundo que deseamos sea el que es, estamos calibrando nuestras relaciones para que su profundidad refleje nuestros valores y estamos priorizando una participación amplia para maximizar nuestra influencia, da la fluidez del mundo en este momento. Los riesgos que eso plantea y lo que está en juego para lo que viene a continuación.

Ya no, nos basamos solo en la fuerza de nuestros valores, sino también en el valor de nuestra fuerza. Estamos construyendo esa fuerza en Canadá , desde que mi gobierno asumió el cargo, hemos reducido los impuestos sobre la renta, las ganancias de capital y las inversiones empresariales, hemos eliminado todas las barreras federales al comercio interprovincial, estamos acelerando un billón de dólares de inversiones en energía, inteligencia artificial, minerales críticos, nuevos corredores comerciales, estamos duplicando nuestro gasto de defensa para el final de esta década y lo estamos haciendo de maneras que fortalezcan nuestra industria nacional y nos estamos diversificando rápidamente en el exterior, hemos acordado una asociación estratégica integral con la Unión Europea que incluye la adhesión a los acuerdos de adquisición de defensa europea, hemos firmado otros 12 acuerdos comerciales y de seguridad en cuatro continentes en seis meses, en los últimos días hemos concluido nuevas asociaciones estratégicas con China y Qatar.

Estamos negociando paquetes de libre comercio con India, Tailandia, Filipinas y Mercosur, estamos haciendo algo más para ayudar a resolver problemas globales, estamos buscando geometría variable “en otras palabras diferentes coaliciones para diferentes temas” basados en valores intereses comunes.

En lo que respecta a la soberanía del ártico apoyamos firmemente a Groenlandia y Dinamarca y apoyamos plenamente su derecho único a determinar el futuro de Groenlandia. Nuestro compromiso con el artículo 5 de la OTAN es inquebrantable, por lo tanto estamos trabajando con nuestros aliados de la OTAN incluyendo la puerta nórdica del Báltico para asegurar aún más los flancos norte y la alianza, incluso mediante inversiones sin precedentes de Canadá en radares de largo alcance, submarinos, aviones y tropas sobre el terreno.

Canadá se opone firmemente a los aranceles sobre Groenlandia y pide conversaciones centradas en lograr nuestros objetivos compartidos, de seguridad y prosperidad en los artículos decla OTAN.

En materia de comercio, plurilateral apoyamos los esfuerzos para construir un puente entre la Asociación Transpacífica y la Unión Europea, lo que crearía un nuevo bloque comercial de 1500 millones de personas. En lo que respecta a minerales críticos, estamos formando clubes de compradores anclados en el G7, para que el mundo pueda diversificar y alejarse de la oferta concentrada y en materia de IA.

Estamos cooperando con democracias que piensan como nosotros para garantizar que en última instancia, no nos veamos obligados a elegir, no se trata de un multilateralismo ingenuo ni a confiar en sus instituciones, se trata de construir coaliciones que trabajen tema por tema, con socios que compartan suficientes puntos en común para actuar juntos.

Argumentamos que las potencias medidas deben actuar juntas porque “si no estamos en la mesa, estamos en el menú». Pero yo también diría que las grandes potencias.pueden darse el lujo por ahora de actuar por su cuenta, tienen el tamaño en mercado, la capacidad militar y la influencia para dictar las condiciones, las potencias medias no lo hacen, pero cuando solo negociamos bilateralmente, negociamos desde la debilidad, aceptamos lo que se ofrece, competimos entre nosotros para hacerlos más complacientes, “esto no es soberanía, es el ejercicio de la soberanía aceptando la subordinación”.

En un mundo de gran rivalidad entre potencias, los países intermedios tienen una opción, competir entre sí por favores o combinarse para crear un tercer camino con impacto. No deberíamos permitir que el ascenso del poder duro permita al hecho de un falso poder de legitimidad.

Mark Carney, durante un mitin en la ciudad de Laval, en Quebec Carlos Osorio | REUTERS

La integralidad y las reglas seguirán siendo fuertes si elegimos ejercerlas juntas, lo que me lleva de nuevo afirmar, que significa para las potencias medias vivir la verdad, significa nombrar la realidad, dejen pensar en un orden internacional basado en reglas, como si todavía funcionara como se anuncia, llamémoslo por su nombre, un sistema de intensificación de la rivalidad entre grandes potencias, donde las más poderosas persiguen sus intereses, utilizando la integración económica como conversión, significa actuar consistentemente aplicando los mismos estándares aliados y rivales.

Las potencias medias critican esta intimidación económica desde una dirección prepotente pero permanecen en silencio y estamos manteniendo el cartel en la ventana. Significa construir aquello en lo que decimos creer, en lugar de esperar a que se restablezca el viejo orden, significa crear instituciones y acuerdos que funcionen y eso significa reducir la influencia que permite la conversión, esto es construir una economía interna fuerte, (debería ser la prioridad inmediata de todo gobierno) y la diversificación internacional, no es solo una cuestión de prudencia económica.

Es una base material para una política exterior honesta, porque los países ganan el derecho a adoptar posiciones basados en principios al reducir su vulnerabilidad a las represalias, así que Canadá tiene lo que el mundo quiere, somos una superpotencia energética, poseemos vastas reservas de minerales críticos, tenemos la población más educada del mundo, nuestros fondos de pensión se encuentran entre los inversores más grandes y sofisticados del planeta, en otras palabras tenemos capital, talento, también tenemos un gobierno con una inmensa capacidad fiscal para actuar con decisión, y tenemos los valores a los que muchos otros aspiran.

Canadá es una sociedad pluralista que funciona, nuestra plaza pública es ruidosa a diversa y libre, los canadienses siguen comprometidos con la sostenibilidad, somos un socio estable y confiable en el mundo, un socio que construye valor a relaciones a largo plazo y tenemos un reconocimiento de lo que está sucediendo y una determinación de actuar en consecuencia, entendemos que esta ruptura exige algo más que adaptación, exige una entidad sobre el mundo.

Estamos quitando el cartel de la ventana, sabemos que el antiguo orden no volverá, no deberíamos lamentarlo, la nostalgia no es una estrategia, pero creemos que desde la fractura podemos construir algo más grande, mejor, más fuerte, más justo, esta es la tarea para las potencias medias, los países que más tienen que perder en el mundo de fortalezas y más que ganar con una cooperación genuina, los poderosos tienen su poder, pero nosotros tenemos la capacidad de dejar definir, de nombrar la realidad, de construir nuestra fuerza en casa y actuar juntos, ese es el camino de Canadá, lo elegimos abiertamente y con confianza y es un camino abierto a cualquier país, dispuesto a recorrerlo con nosotros, muchas gracias”

Un discurso sin duda para la reflexión global frente al régimen absolutista de EEUU , hoy más que nunca el nuevo corsario de nuestro siglo.

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