¡Franco ha muerto!, ¡el franquismo no! a 50 años de su muerte.

Equipo Redacción de Revista TU VOZ.

El 20 de noviembre de 1975 murió en Madrid el que hasta la fecha es uno de los dictadores que más tiempo estuvo en el poder en Europa, Francisco Franco, una figura altamente controvertida en España y cuya sanguinaria dictadura sigue teniendo eco y resonancia en la política actual española. ¿Cómo llegó este militar al poder y, sobre todo, cómo logró afianzar su régimen hasta su muerte a pesar de que otros gobiernos fascistas fueron derrocados en Europa tras la Segunda Guerra Mundial?.

Hoy a 50 años de su muerte, el franquismo continúa presente en las instituciones herederas del último régimen fascista en Europa, en medios de comunicación con el blanqueamiento del dictador o en las instituciones judiciales con la persecución de políticos de izquierda o integrante de las instituciones públicas como es el caso lamentable del Tribunal Supremo español que inhabilitó al fiscal general por supuestamente filtrar datos del caso que afecta a la pareja de Díaz Ayuso presidenta de la comunidad de Madrid que integra una banda comandada por Alberto González Amador , su pareja , su hermano y familia de la presidenta.

Díaz Ayuso presidenta de la comunidad de Madrid que integra una banda comandada por Alberto González Amador , su pareja

La condena, adoptada por una ajustada mayoría es el resultado de la no depuración del partido judicial tras la muerte del dictador, obliga a Álvaro García Ortiz a dos años de inhabilitación, una multa de 7200 euros y una indemnización de 10.000 euros por un delito de revelación de secretos en relación con Alberto González Amador, empresario que reconoció el fraude fiscal y cobro de comisiones, ¡el mundo de al revés!, se condena a quien nada hace ) solo por ser la máxima autoridad de la Fiscales y se desvía la atención de quienes son los verdaderos delincuentes , Diaz Ayuso comprando mascarillas a su pareja , hermano o familia con sobreprecio y arrastrando el caso residencias que durante los meses más duros de la pandemia de Covid-19, entre marzo y mayo de 2020, las personas mayores de la Comunidad de Madrid se convirtieron en el epicentro del horror silencioso. En apenas unas semanas, 7.291 residentes murieron sin ser trasladados a hospitales, muchos de ellos sin recibir atención médica adecuada, en completa soledad y en condiciones precarias.

En esa situación, la Comunidad de Madrid, que ante la situación decidieron crear lo que ha terminado conociéndose como “protocolos de la vergüenza”. Firmados por la Consejería de Sanidad, donde se ordenaba que no se derivará a los hospitales a ancianos con dependencia severa o deterioro cognitivo, lo que llevó a que muchos de ellos fallecieron sin oxígeno, ni ninguna medida para controlar el dolor. En la primera ola de la pandemia, el 78% de las muertes en Madrid fueron en estas residencias.

Delito de denegación discriminatoria de las asistencias sanitarias que a fecha de hoy no avanza y está estancado por una justicia franquista afín a la memoria de hace 50 años. Más preocupada de de perseguir al gobierno progresista o a los representantes en instituciones que no comulgar con el cara al sol ( Falange) de la españa en blanco y negro.

Pero volvamos a la fecha conmemorativa del 20N y el ¡Franco ha muerto !Francisco Franco fue un militar de carrera que se desarrolló como general en las colonias españolas del norte de África durante los años 20 y 30 del siglo pasado. De convencida tradición católica y conservadora fue crítico con los gobiernos reformistas instaurados tras el inicio de la República Española en el año 1931, aunque juró fidelidad a este régimen democrático y siguió sirviendo como general.

Una fidelidad que terminaría con el golpe de estado del 17 de julio de 1936, cuando Franco se unió a un grupo de militares sublevados que se oponían a la victoria democrática del llamado Frente Popular.

Ese golpe no otorgó de forma inmediata el poder a los militares, sino que dejó a España fragmentada en dos. Por un lado, los sublevados apoyados por la cúpula del Ejército y la Iglesia Católica y, por el otro, el gobierno republicano de Manuel Azaña, apoyado por demócratas, comunistas y anarquistas. Los primeros se hicieron con ciudades como Sevilla, Valladolid o Zaragoza, mientras que los segundos retuvieron Cataluña, Madrid, Valencia y el País Vasco.

Los militares sublevados erigieron a Franco como generalísimo de los ejércitos y contaron con el fundamental apoyo de la Alemania de Adolf Hitler y de la Italia de Benito Mussolini. Por el contrario, los pedidos de auxilio de la República Española fueron ignorados por otras democracias como Reino Unido o Francia, y su gobierno sólo tuvo el apoyo puntual de la Unión Soviética de Stalin y de las brigadas internacionales. A lo largo de tres años de guerra civil, Franco consiguió aplastar al gobierno de la República, que se vio obligado a partir al exilio a principios de 1939, junto con otro medio millón de españoles.

Así es como el 1 de abril de 1939 comenzó el poder absoluto de Franco sobre España. El balance de la contienda fue devastador. España quedó completamente arrasada y se estima que unas 540.000 personas, en un país que tenía por entonces 24 millones, murieron.

Unas 200.000 de ellas en combate, pero el resto en fusilamientos extrajudiciales, llamados paseos o sacas. Su victoria supuso la creación de un régimen autoritario personalista basado en tres pilares. El ejército, la Iglesia Católica y Falange Española, el partido fascista que pasaría a ser el único legal por casi 40 años.

Durante los primeros años, la España de Franco fue aliada de la Alemania nazi y la Italia fascista en sus contiendas durante la Segunda Guerra Mundial, aunque el estado catastrófico del país hizo que Madrid nunca entrara a la guerra mundial. Su obsesión se centró en reprimir y perseguir a la oposición, matando y fusilando a otras 150.000 personas, llevando adelante la política de bebés robados, después de la guerra y afianzar su poder en un país en ruinas. Esta equidistancia y el desinterés de las potencias aliadas en invadir España en 1945 fue lo que hizo que Franco siguiera en el poder, a pesar de la caída de Hilder y de Mussolini.

Mantuvo su cargo, pero España se vio obligada a practicar la autarquía a causa del profundo aislamiento internacional que vivió desde 1945 a 1955. Estos son los conocidos como Años del Hambre, un periodo en el que las cartillas de racionamiento abundan en todo el país. Sin embargo, esta situación comenzó a cambiar con el Plan de Estabilización de 1957, que sacó del gobierno a los falangistas y llevó a tecnócratas católicos del Opus Dei, (donde hoy sus herederos continúan integrando las instituciones judiciales españolas denominandose corriente conservadora afines al Partido Popular y a VOX con mayoria en el Poder Judicial o el tribunal supremo con el consentimiento del PSOE que pacta reformas que nunca depuran las instituciones publicas), sobre todo, tras el acercamiento a Estados Unidos gracias al carácter anticomunista del régimen franquista.

En los 60 comenzó el supuesto milagro económico español (Europa crecía mientras España continuaba en la oscuridad del desarrollo y el crecimiento , siempre dependiendo de las ayudas económicas o rescate de Estado Unidos, pareciendo su colonia) y la apertura del país al mundo. El régimen volvió a sufrir una grave crisis tras la crisis del petróleo de 1973, que se juntó con la muerte del dictador el 20 de noviembre de 1975 y la designación de Juan Carlos I, como heredero del régimen franquista, nombrado como su sucesor del movimiento por Franco. Sin embargo, su muerte no significó el final del régimen.

Bajo el reinado de Juan Carlos, es nombrado Adolfo Suárez presidente, quien con su ley para la Reforma Política de 1976 permitió la legalización de todos los partidos. De hecho, no se considera que España entra en un periodo democrático hasta que se legalizó al Partido Comunista de España en 1977, el mayor enemigo del franquismo. Sin embargo, este periodo de transición sigue levantando críticas por varios motivos.

El PCE anuncia su aceptación de la Monarquía parlamentaria y sus símbolos, incluida la bandera rojigualda, tras su legalización.

Por un lado, la estructura del régimen siguió estando vigente y nunca se reformó en su totalidad solo en apariencia. Por el otro, nunca se hizo un referéndum sobre si los españoles querían volver al modelo republicano. Y la figura del rey simplemente se impuso tal y como quiso el dictador sin mayor oposición, controlando todas las instituciones con el pacto del 78 entre los partidos políticos de aquel entonces, con un PCE jurando fidelidad a la bandera nacional o un PSOE con un Felipe Gonzalez más cercano al centro derecha que a la izquierda qué dice representar (todo atado y bien atado como diría Franco).

Todo ello se suma a que durante el periodo democrático no hubo condenas a los miembros del régimen y durante décadas se olvidó a las más de 200.000 personas, en su mayoría militantes de izquierda, que fueron enterradas en fosas comunes por la represión franquista.

Los últimos gobiernos progresistas en España de José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez han intentado solventar esta situación con leyes de memoria democrática y la exhumación del cadáver de Franco de su mausoleo en el Valle de Cuelgamuros en el año 2019.

Pero en la calle, la división en torno al tema y su protagonismo en la política actual sigue presente y hoy con esta sentencia refuerza más que nunca que el franquismo continúa vivo como instrumento de persecución a este gobierno progresista del PSOE con Pedro Sanchez y su familia como principales objetivos o las personas que alguna vez formaron parte como ministros o ministras como fue el caso de Irene Montero de Podemos y sus leyes estrellas ( Ley Trans o la Ley solo Sí es Sí) denominadas polémicas por los medios de comunicación con capitales heredados de la dictadura franquista o políticos de partidos de izquierda qué sufren día a día el escarnio en tertulias o el.acoso de los Vito Quiles de turno.

Hace 50 años murió Franco, pero hoy su sombra y su legado inunda las instituciones democráticas, aunque solo creen en la dictadura sumado a que los dirigentes del Partido Popular son campeones de la corrupción.

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