China y su modelo economico bajo la orientacion del marxismo.

Redacción, Argentina.

China es capitalista o comunista. Unos dicen que es un monstruo capitalista con bandera roja, otros que traicionó al socialismo, pero casi nadie se atreve a leerla desde sus propios términos. Según el libro “socialismo con características chinas, una guía para extranjeros” de Roland Boer un marxista que se tomó el trabajo de leer a China desde sus propias fuentes donde se cae uno de los mitos más repetidos de nuestro tiempo, que el único sistema posible es el capitalismo.

El hablar de si China es capitalista o comunista, hay que empezar por lo básico para comprenderlo, el marxismo, capitalismo, socialismo y comunismo no son insultos o discusiones en Twitter, son históricamente formas distintas de organizar la producción y quién se queda con los beneficios. Podemos empezar por el capitalismo, donde los medios de producción son privados, (fábricas, bancos, empresas, etc.,) y la economía gira en torno a las ganancias, una minoría posee el capital y compra trabajo de la mayoría trabajadora.

Ese beneficio se denomina Plusvalía la diferencia entre lo que produce, y lo que te pagan y es la base de la acumulación del capital. El capitalismo puede ser brillante para desarrollar tecnologías, concentrar riqueza y generar crisis. Su motor no es el bienestar social, sino el lucro.

Después viene el socialismo que no es el final , sino la etapa de transición. Aquí, los medios de producción se socializan y el estado dirigido por la clase trabajadora planifica la economía para satisfacer las necesidades colectivas, nada de intereses privados).

El estado no es un fin en sí mismo, sino una herramienta circunstancial para desmontar la dominación de clase. En otras palabras, el socialismo no busca reemplazar a los ricos por burócratas, sino reemplazar el lucro como principio organizador de las sociedades. Y luego, está el comunismo, el terror de Wall Street, el momento en el que desaparecen las clases sociales.

El estado deja de ser necesario, así que se extingue, y el trabajo deja de ser una obligación para convertirse en una actividad libre y cooperativa. La producción se organiza según la célebre frase de Marx, “de cada cual, según su capacidad, a cada cual, según su necesidad”. Este modelo no existe hoy, ni existió en un horizonte histórico.

Una sociedad de la libertad individual y el bienestar colectivo ya no se opone, se complementa. Entender todo esto es fundamental, antes de preguntarse si el capitalismo es propiedad privada de los medios de producción y ganancias, si el socialismo es planificación y justicia social, y el comunismo es la meta final, y ¿China que es?

Para entender hay que leer China desde China. Roland Boer empieza su libro diciendo, no se puede entender a China con los lentes de Europa o de Estados Unidos, ni con los del marxismo europeo clásico, que mira el mapa, sin entender el terreno, China tiene su propio marxismo con su propio punto de vista, historia y método.Por eso Boer no cita a opinólogos sino fuentes chinas originales, documentos del partido, discursos y textos teóricos.

Xi Jinping lo resume con una frase brillante.”El marxismo es la habilidad especial de China no es un subvenir ideológico, es una herramienta de gobierno y se usa para planificar medir, corregir y predecir. Es el método que organiza su economía, su política y su ciencia que se sostiene en dos pilares, el materialismo dialéctico, que entiende la realidad como un sistema de contradicciones que se resuelven moviéndose en confrontación y el materialismo histórico, que explica cómo cambian las sociedades según la relación entre quienes producen y quienes se apropian de lo producido.

En China, esas ideas son la base de las reformas, los planes quinquenales, la política ambiental y la estrategia tecnológica. El marxismo no es dogma, es ingeniería social aplicada y mientras en Occidente la filosofía se trata como una curiosidad inútil, un lujo para conferencias y biografías, el marxismo es una herramienta de Estado, por eso existen escuelas de marxismo en todas las universidades, donde se estudia Marx, Mao, Deng y Xi, no como próceres, sino como arquitectos del cambio social.

El liderazgo político no depende del carisma del presidente, depende de la inteligencia colectiva del partido. Mao, Deng y Xi no son genios sino las síntesis de millones de experiencias populares, ensayo y error de victoria y reconstrucción.

Cada presidente representa una etapa de evolución, Mao la revolución y la construcción del estado socialista, Deng Xiaoping la reforma y apertura al mercado bajo control socialista, y Xi Jinping la modernización integral y la soberanía nacional. Y allá aparece la frase que tanto irrita a tanta gente de la izquierda y derecha, ¿China significa socialismo a medias o capitalismo disfrazado,? Significa sencillamente aplicar los principios universales del marxismo en las condiciones del país. Como decía Mao, el objetivo es la revolución China, la flecha, el marxismo y el Leninismo.

China no copió el modelo soviético ni el occidental, construyó uno propio, donde el estado, la comunidad y la armonía social son la infraestructura del socialismo.

Y ahí está el punto, China no cita Marx para aparecer revolucionaria, lo aplica. Y esa aplicación según Boer se llama la forma más avanzada del marxismo en el siglo XXI , el presidente mantiene la dirección del partido, se adapta al mercado global, pero orientado al socialismo.

En China el marxismo es una brújula y el socialismo su traducción viva. Una forma de organizar la economía, la cultura y el estado desde la lógica del trabajo, no del capital, mientras en Occidente la política sigue siendo un concurso de popularidad auspiciado por los bancos y fondos económicos. Para Roland Boer, el corazón del sistema político chino no está en un presidente , ni en un parlamento corrupto, está en el partido comunista de China que sostiene el estado socialista.

Su papel no es representar sino organizar a toda la sociedad obreros, campesinos intelectuales e incluso empresarios, que tienen que pensar más en el país que en sus dividendos. Mientras las llamadas democracias liberales dividen el poder entre partidos que parecen distintos, pero que gobierna igual, China centraliza la dirección política para mantener la coherencia y la continuidad, donde el partido no es una facción sino el vehículo del poder popular y de un proyecto socialista que no se interrumpe cada vez que alguien se inventa un nuevo slogan político.

Y entonces llega la pregunta, ¿dónde queda la democracia? Pues en el pueblo , China lo llama democracia popular consultiva. No es un show electoral sin un proceso de consulta colectiva y debate organizado.

Existen más partidos, pero todos forman parte del frente único, bajo la dirección del partido comunista. La legitimidad no depende de ganar popularidad cada cuatro años, sino de gobernar bien, demostrar resultados concretos, menos pobreza, más estabilidad, más desarrollo.

Lo importante no es votar sí no participar realmente en la construcción de políticas públicas combinando unidad arriba y flexibilidad abajo, donde el partido fija el rumbo general y los gobiernos locales experimentan prueba en corregir y ajustar. Y aquí viene lo que más escandaliza a los liberales. No hay campañas millonarias ni marketing electoral.

El ascenso político es meritocrático, (se sube por desempeño, no por que aparece más el Twitter o tenga más seguidores), así es como subió Xi Jinping a la presidencia. Y el pueblo lejos de ser un espectador sigue siendo el centro de todo. Participan consultas locales, sindicatos, asambleas comunitarias y el Congreso Nacional del Pueblo, que es el órgano legislativo más alto. ??? La movilización social, esa herencia del maoísmo sigue siendo el corazón del sistema, porque en China el pueblo no es un estadístico ni un votante de ocasión.

Es una fuerza viva que diseña el futuro colectivo junto al partido. En China el proyecto avanza por objetivos y las contradicciones no son un error del sistema, son el sistema. Boer dice que para China el conflicto no se esconde, se entiende la solidez y se usa como brújula para avanzar.

Mau lo entendió mejor que nadie. “Toda etapa histórica tiene una contradicción principal y gobernar es saber cuál es”. En los años 30 fue la lucha contra el imperialismo japonés, en los 50 el atraso productivo y hoy bajo Xi Jinping el desarrollo desigual frente al deseo de una vida digna. China no niega el conflicto, lo planifica, no lo oculta, lo administra.

Desde Mao hasta Xi China gobernado con una brújula dialéctica, entender las tensiones del presente para resolverlas colectivamente, sin negar la realidad ni idealizar, en palabras simples mientras el capitalismo se hunde en sus propias contradicciones, el socialismo chino las transforma en motor de desarrollo y esa misma lógica la de convertir el conflicto en fuerza productiva, guía también su economía.

Lo que viene después no es un error del marxismo, sino su versión más creativa, un socialismo de mercado donde el estado y el mercado no se pelean, se equilibran. Roland Boer lo deja clarísimo, China no mezcló dos sistemas, redefinió el socialismo, que usa el mercado lo controla para que no sea capitalista por naturaleza, es sólo una forma de intercambio que existido en todas las sociedades, lo que lo vuelve capitalista no es su existencia, sino su propósito.

En el capitalismo el mercado sirve a la ganancia privada, en el socialismo para bienestar colectivo, si está bajo la dirección del estado y del partido. El mercado es un medio, no un fin. En los años 80 Xiaoping rompió el dogma de que mercado es igual a capitalismo y planificación es igual a socialismo.

Y lo hizo con una frase que escandalizó a medio mundo. “No importa de qué color sea el gato, con tal de qué case ratones. El objetivo no era liberalizar la economía, sino desarrollar las fuerzas productivas sin entregar el poder político, asignación la economía socialista de mercado.

Esa criatura que la derecha llama mutante y la izquierda dogmática traición, pero que la práctica ha sido la base del crecimiento más rápido de la historia moderna aunque China nunca abandonó la propiedad pública.

Los sectores estratégicos en energía, transporte, defensa y banca siguen siendo estatales. El sector privado existe, pero como complemento del estado, en palabras del partido, el sector público es el cuerpo, el privado, un complemento.

La meta no es privatizarlo todo, sino permitir competencia regulada para mejorar la eficiencia, sin perder el control del rumbo. Porque, si algo entendió China del neoliberalismo, es que los mercados sin control no se autorregulan. Se auto destruyen. El estado marca el rumbo.

El mercado, el movimiento y el partido comunista se aseguran que ese movimiento sirva para el desarrollo socialista en beneficio común de su pueblo .

Y mientras el resto del mundo sigue discutiendo si el mercado debe ser libre o regulado, China ya está haciendo otra pregunta más incómoda y más profunda. Y si la alternativa al liberalismo existe, pero simplemente es el modelo chino.

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