Por Adriana F Gómez, Análisis político y económico | Vivienda pública, alquileres, emancipación juvenil y modelos europeos.
«España se enfrenta a una de las mayores crisis de acceso a la vivienda de las últimas décadas. Para buena parte de la juventud, emanciparse, formar una familia o simplemente vivir cerca de su lugar de trabajo se ha convertido en un objetivo cada vez más difícil de alcanzar. Los salarios no crecen al mismo ritmo que los alquileres, la vivienda se consolida como un activo de inversión y el parque público de alquiler sigue siendo insuficiente para responder a la demanda social«.
Los datos de 2025 que acompañan este análisis reflejan la dimensión del problema: el 44,3% de los españoles de entre 26 y 34 años continúa viviendo con sus padres. Entre las razones declaradas, un 34,6% señala que no puede permitirse alquilar una vivienda y un 12,7% que no puede comprarla. La emancipación, que debería representar una etapa natural de autonomía personal, se encuentra condicionada por la capacidad económica de cada familia.
La cuestión ya no es únicamente cuánto cuesta una vivienda, sino qué modelo de país se está construyendo cuando una generación entera encuentra dificultades para acceder a un derecho esencial. La crisis habitacional afecta al consumo, al empleo, a la natalidad, a la movilidad laboral, a la salud y a la propia cohesión social.
Mientras tanto, el debate político español continúa atrapado entre dos grandes planteamientos: por un lado, quienes sostienen que la solución pasa principalmente por construir más viviendas, liberalizar suelo y facilitar la actividad inmobiliaria; por otro, quienes defienden una mayor intervención pública, la regulación de los alquileres y la ampliación del parque de vivienda protegida.
Sin embargo, la experiencia europea demuestra que el debate no debería limitarse a elegir entre construir o regular. La cuestión central es quién construye, para quién se construye, a qué precio se alquila y qué mecanismos impiden que la vivienda pública termine convertida en un nuevo negocio especulativo.
La emancipación juvenil: una generación atrapada entre los salarios y los alquileres.

La evolución de la propiedad y el alquiler permite observar una transformación profunda del mercado residencial español. En 2005, el 53,6% de los menores de 30 años era propietario de una vivienda, frente al 31,6% que vivía de alquiler. En 2025, la relación se ha invertido: el 30,6% tiene una vivienda en propiedad y el 49,8% reside en régimen de alquiler.
Este cambio no puede explicarse únicamente por las preferencias de las nuevas generaciones. La estabilidad laboral, el nivel salarial, el ahorro necesario para afrontar una entrada hipotecaria y el encarecimiento de los inmuebles son factores que condicionan la posibilidad de acceder a una vivienda.
A ello se suma una realidad especialmente preocupante: el alquiler, que tradicionalmente podía ser una etapa previa a la compra, se está convirtiendo para muchas personas en una situación prolongada, sin garantías de estabilidad económica ni capacidad de ahorro.
La consecuencia es una creciente desigualdad entre generaciones. Quienes adquirieron una vivienda hace décadas, cuando los precios y las condiciones de acceso eran diferentes, han podido acumular un patrimonio que hoy resulta mucho más difícil de conseguir para los jóvenes. Mientras tanto, una parte de estos últimos destina una proporción elevada de sus ingresos a pagar alquileres, sin que ese gasto se traduzca en patrimonio propio.
La vivienda también tiene un efecto directo sobre la economía. Cuando una persona joven dedica buena parte de su salario a pagar el alquiler, disminuye su capacidad para consumir, ahorrar, emprender o formar una familia. La dificultad de emancipación deja de ser un problema individual para convertirse en un obstáculo para el desarrollo económico y demográfico.
Viena: cuando la vivienda pública deja de ser una solución de emergencia.

Si existe una referencia europea que permite analizar una política de vivienda sostenida durante décadas, esa es Viena. La capital austríaca ha desarrollado un modelo en el que el sector público no se limita a conceder ayudas económicas a quienes no pueden pagar un alquiler, sino que participa directamente en la construcción, financiación, conservación y gestión de viviendas asequibles.
Viena cuenta con un amplio parque de viviendas municipales y con un importante sector de vivienda subvencionada, gestionada también por entidades de lucro limitado. Este sistema permite que el alquiler asequible no quede reservado exclusivamente a las personas en situación de pobreza extrema, sino que alcance a una parte amplia de las clases trabajadoras y de los sectores medios.
La diferencia fundamental con otros modelos es que la vivienda pública no se concibe como un recurso temporal para quienes han fracasado económicamente, sino como una infraestructura social permanente.
¿Qué elementos podrían aplicarse en España?
.-Construcción pública continuada: mantener programas de edificación de viviendas municipales y protegidas, independientemente de los ciclos electorales.
.-Alquileres asequibles y estables: establecer sistemas de alquiler que tengan en cuenta los costes de construcción, mantenimiento y la capacidad económica de los hogares.
.-Vivienda protegida permanente: evitar que las viviendas construidas con recursos públicos terminen incorporándose al mercado libre tras un periodo limitado.
.-Acceso para las clases trabajadoras: establecer criterios transparentes que permitan acceder a estas viviendas a jóvenes, familias, trabajadores y hogares con ingresos medios y bajos.
.-Barrios integrados: construir viviendas con transporte público, centros educativos, espacios verdes, servicios sanitarios y equipamientos comunitarios.
El modelo vienés es fruto de una trayectoria histórica, de una financiación estable y de una administración municipal con capacidad de intervención. No se puede reproducir de un día para otro ni trasladar mecánicamente a España, pero sí permite identificar políticas concretas que pueden adaptarse a las competencias y condiciones de cada comunidad autónoma y municipio.
Uno de los aspectos más relevantes es la permanencia del parque asequible. Si una administración construye una vivienda con dinero público y posteriormente permite su venta en el mercado libre, pierde un activo que podría haber beneficiado a sucesivas generaciones. En cambio, mantener la propiedad pública o establecer fórmulas de protección permanente permite que la inversión inicial siga ofreciendo un servicio social durante décadas.
La experiencia de Viena también demuestra la importancia de planificar a largo plazo. Una política habitacional no puede depender exclusivamente de las ayudas puntuales, de las promociones inmobiliarias privadas o de las decisiones que adopte un gobierno durante una legislatura.
Países Bajos: las cooperativas y asociaciones de vivienda como un pilar del alquiler.

Otro ejemplo europeo es Países Bajos. Su sistema de vivienda social se apoya en las woningcorporaties, asociaciones de vivienda que desempeñan un papel importante en la construcción, el mantenimiento y la gestión de inmuebles destinados al alquiler social.
Estas entidades tienen una función de interés público y operan bajo un marco regulatorio específico. Su actividad permite disponer de un parque de alquiler social de una dimensión considerable en comparación con la de muchos otros países europeos.
El modelo neerlandés ofrece una enseñanza para España: la vivienda asequible no tiene por qué depender exclusivamente de los ayuntamientos o de las empresas inmobiliarias convencionales. Se pueden impulsar entidades sociales especializadas, con financiación adecuada, obligaciones de transparencia y límites a la distribución de beneficios.
En España, esta fórmula podría desarrollarse mediante cooperativas de vivienda en cesión de uso, entidades sin ánimo de lucro y sociedades públicas de alquiler, con mecanismos de supervisión que garanticen que los recursos públicos se destinan efectivamente a mantener los precios asequibles.
Sin embargo, el caso neerlandés también muestra que disponer de un amplio parque social no elimina automáticamente las dificultades de acceso. Los requisitos de admisión, las listas de espera, la localización de las viviendas y las tensiones del mercado privado siguen siendo cuestiones que necesitan respuestas específicas.
La lección no consiste, por tanto, en importar un modelo completo, sino en combinar un parque social de gran dimensión con una oferta suficiente, criterios de acceso transparentes y políticas que eviten que los hogares queden atrapados durante años en listas de espera.
Finland: prevenir la exclusión residencial antes de que se convierta en un problema estructural.

Finlandia ofrece otra experiencia relevante, especialmente por su estrategia para combatir el sinhogarismo mediante el enfoque conocido como Housing First (la vivienda primero).
Este planteamiento parte de una premisa: disponer de una vivienda estable es una condición que facilita afrontar otros problemas sociales, como el desempleo, las dificultades económicas, las adicciones o los problemas de salud. En lugar de exigir que una persona resuelva previamente todas esas circunstancias para acceder a un hogar, se le proporciona una vivienda y se le ofrece acompañamiento social según sus necesidades.
El programa finlandés ha combinado vivienda permanente, apoyo individualizado, transformación de alojamientos temporales en viviendas y coordinación entre las administraciones y las organizaciones sociales. Aunque Finlandia todavía afronta situaciones de sinhogarismo y dificultades de acceso a la vivienda, su experiencia ha contribuido a desarrollar políticas preventivas y de intervención a largo plazo.
España podría adaptar este enfoque mediante una red de viviendas de transición y permanentes, acompañamiento social, atención a jóvenes que abandonan el sistema de protección, personas sin hogar y familias que afrontan situaciones de vulnerabilidad.
La prevención también debería incluir mecanismos que eviten que los hogares pierdan su vivienda por dificultades económicas sobrevenidas, con servicios de mediación, ayudas temporales y alternativas habitacionales reales.
¿Qué políticas necesita España para garantizar el acceso a la vivienda?
Los ejemplos europeos permiten plantear una estrategia para España que combine la construcción de vivienda pública, la regulación del alquiler, la protección de los inquilinos y una planificación urbana que responda a las necesidades de la población.
No existe una medida aislada capaz de resolver una crisis que se ha acumulado durante décadas. La respuesta requiere políticas simultáneas, financiación estable y coordinación entre el Gobierno central, las comunidades autónomas y los ayuntamientos.

- Crear un parque público permanente de alquiler: La prioridad debería ser aumentar sustancialmente la oferta de vivienda pública y protegida en las zonas donde existe mayor demanda. Para ello, sería necesario combinar construcción directa, rehabilitación de edificios vacíos, adquisición de viviendas y colaboración con cooperativas y entidades sociales.Las viviendas financiadas con recursos públicos deberían mantener su carácter asequible de forma permanente, con restricciones que impidan su privatización especulativa.
- Regular los alquileres en las zonas tensionadas: En los mercados donde los alquileres han alcanzado niveles que dificultan el acceso a la vivienda, la regulación puede contribuir a contener los incrementos, especialmente cuando se combina con una ampliación de la oferta asequible. España ya dispone de instrumentos legales para declarar zonas de mercado residencial tensionado y aplicar determinadas medidas de contención de precios. Su efectividad depende de su aplicación, de la situación de cada mercado y de la capacidad de las administraciones para supervisar su cumplimiento.También es necesario reforzar la seguridad jurídica de los contratos, evitar prácticas abusivas y mejorar la protección frente a los desahucios de hogares vulnerables, garantizando alternativas habitacionales cuando corresponda.
- Construir más, pero con planificación y protección del territorio: España necesita aumentar la oferta de vivienda allí donde se concentra el empleo y la demanda. Sin embargo, construir más no significa recalificar indiscriminadamente terrenos rústicos, La planificación debe priorizar la regeneración urbana, la recuperación de edificios infrautilizados, la densificación compatible con los servicios existentes y el desarrollo de nuevos barrios con transporte público y equipamientos.La colaboración con promotores privados puede contribuir a ampliar la oferta, siempre que existan condiciones claras, competencia, transparencia y obligaciones de vivienda asequible cuando se empleen recursos o suelo públicos.
- Un plan específico de emancipación juvenil: La juventud necesita algo más que ayudas puntuales al alquiler. Es necesario combinar vivienda asequible, empleo estable y salarios que permitan afrontar los gastos cotidianos. Un programa de emancipación podría contemplar alquileres públicos con precios vinculados a los ingresos, avales públicos limitados para facilitar el acceso a contratos, ayudas a la entrada para jóvenes con capacidad real de asumir una hipoteca y viviendas compartidas o de transición para quienes comienzan su vida laboral.Las ayudas deben diseñarse con cuidado para que no terminen trasladándose íntegramente a un incremento de los precios del alquiler.
- Rehabilitar las viviendas vacías y mejorar las existentes: Antes de consumir nuevo suelo, las administraciones deberían identificar los inmuebles que pueden recuperarse y destinarse al alquiler residencial.La rehabilitación energética, la accesibilidad y la adecuación de edificios en desuso pueden ampliar la oferta en determinadas localidades, especialmente en centros urbanos con viviendas antiguas.Las medidas de movilización de viviendas vacías deben distinguir entre inmuebles realmente desocupados, segundas residencias, viviendas en proceso de rehabilitación y propiedades que no pueden incorporarse al mercado por causas justificadas.
- Frenar la especulación y garantizar la transparencia: La vivienda puede ser una inversión legítima, pero las políticas públicas deben impedir el fraude, la corrupción urbanística y el uso de recursos públicos para generar beneficios privados sin contraprestación social. Es fundamental publicar los criterios de adjudicación de viviendas protegidas, los precios, las ayudas concedidas, los beneficiarios institucionales y las condiciones de los contratos de promoción.Asimismo, es necesario mejorar la inspección de los alquileres turísticos cuando generan impactos sobre el mercado residencial, aplicando las normas correspondientes y atendiendo a las circunstancias de cada municipio.

Construcción privada y vivienda pública: un debate que necesita superar la confrontación.
El debate político español suele presentar dos enfoques contrapuestos. Una parte de las fuerzas políticas plantea que la principal solución consiste en facilitar la construcción privada, acelerar las licencias, ampliar el suelo urbanizable y reducir obstáculos administrativos. Otras formaciones priorizan el aumento del parque público, la regulación de los alquileres y la protección de los hogares vulnerables.
Ambos enfoques parten de diagnósticos diferentes sobre el funcionamiento del mercado, pero las políticas pueden analizarse a partir de sus resultados concretos: cuántas viviendas se construyen, cuántas llegan a ser asequibles, dónde se ubican, cuánto tiempo permanecen protegidas y qué efecto tienen sobre los precios.
Aumentar la construcción puede ser necesario en las zonas con un déficit de oferta, pero la vivienda nueva no es automáticamente vivienda asequible. Si los precios de venta y alquiler se orientan exclusivamente a los segmentos de mayor capacidad económica, una parte importante de los jóvenes y las familias trabajadoras seguirá sin poder acceder a ella.
Por otra parte, regular los alquileres puede proteger a determinados inquilinos, pero no sustituye la necesidad de construir y rehabilitar viviendas, ni resuelve por sí solo la falta de oferta. Un diseño inadecuado de las regulaciones puede generar efectos no deseados sobre la disponibilidad, el mantenimiento o la oferta de alquiler residencial.
En cuanto a la recalificación de terrenos, el problema no es únicamente urbanístico. La transformación del suelo puede generar incrementos de valor muy importantes y, por tanto, requiere procedimientos transparentes, evaluaciones ambientales, controles públicos y mecanismos para que parte de las plusvalías revierta en beneficio colectivo.
La crisis de 2008 dejó en España un amplio debate sobre los riesgos de un crecimiento inmobiliario basado en el endeudamiento, la expansión urbana y las expectativas de revalorización permanente. Aquella experiencia no significa que toda construcción provoque una burbuja, pero sí muestra la importancia de evitar que la política de vivienda dependa de un crecimiento especulativo.
La discusión debería centrarse en cómo combinar una oferta suficiente con precios accesibles, seguridad residencial y un uso responsable del territorio.

El problema de España también es institucional: competencias, financiación y continuidad.
La política de vivienda en España está distribuida entre diferentes niveles de gobierno. El Estado tiene competencias en materia de legislación básica, financiación y coordinación económica; las comunidades autónomas desempeñan un papel central en vivienda y urbanismo, y los ayuntamientos gestionan buena parte de la planificación urbana, el suelo municipal y las políticas locales.
Esta distribución hace imprescindible la cooperación institucional. Cuando los gobiernos discrepan sobre la aplicación de una medida, no basta con aprobar una norma estatal: es necesario que existan instrumentos de ejecución, recursos y mecanismos de evaluación.
También se necesita una financiación plurianual que permita mantener los proyectos de vivienda durante varios mandatos. La construcción de un parque público significativo no se consigue con anuncios ni con programas que desaparecen cuando cambia el gobierno.
Una estrategia nacional podría establecer objetivos verificables de construcción, rehabilitación, adquisición y conservación de vivienda asequible, con indicadores públicos sobre los plazos de ejecución, los alquileres aplicados, las listas de espera y el perfil de los hogares beneficiarios.
Una propuesta de actuación para la próxima década( Objetivos que podrían formar parte de un pacto estatal de vivienda, sujetos a evaluación de costes, suelo disponible y capacidad administrativa).
1.-Establecer un programa de construcción y adquisición de vivienda pública con objetivos anuales y financiación garantizada.
2.-Reservar suelo público para alquiler asequible y mantener la titularidad pública o la protección permanente de las viviendas financiadas con recursos colectivos.
3.-Desarrollar un sistema de alquiler social y asequible que tenga en cuenta los ingresos de los hogares y las diferencias territoriales.
4.-Reforzar las medidas de prevención de desahucios, mediación y realojamiento de familias vulnerables.
5.-Impulsar cooperativas de vivienda, asociaciones sin ánimo de lucro y empresas públicas de alquiler, con controles de transparencia.
6.-Publicar anualmente los resultados de las políticas, con datos comparables por comunidades autónomas y municipios.
¿De dónde saldría la financiación?
La ampliación del parque público requiere inversiones importantes, pero también debe entenderse como la creación de un patrimonio público duradero. A diferencia de las subvenciones al alquiler, que generalmente son un gasto sin recuperación directa del capital, la construcción o adquisición de viviendas públicas permite disponer de activos que pueden prestar servicio durante décadas.
Las fuentes de financiación podrían combinar presupuestos estatales, autonómicos y municipales, fondos europeos cuando sean elegibles, financiación pública a largo plazo, préstamos de entidades públicas y fórmulas de colaboración con cooperativas y operadores de vivienda asequible.
El suelo público también es un recurso estratégico. En lugar de venderlo para obtener ingresos inmediatos, las administraciones pueden mantener su titularidad y ceder su uso durante periodos prolongados, bajo condiciones que garanticen el alquiler asequible y la conservación de los inmuebles.
La financiación debe ir acompañada de una evaluación rigurosa. Es necesario calcular los costes de construcción y mantenimiento, la capacidad de pago de los inquilinos, las necesidades de personal y la distribución territorial de la demanda. También debe evitarse que los proyectos queden paralizados por falta de suelo preparado, licencias, infraestructuras o capacidad técnica.
La vivienda como derecho y como política económica.
La crisis de vivienda no afecta exclusivamente a quienes tienen dificultades para pagar un alquiler. También repercute en empresas que no consiguen atraer trabajadores a ciudades con precios residenciales elevados, en municipios que pierden población joven y en familias que retrasan decisiones vitales por falta de estabilidad.
Cuando una persona no puede vivir cerca de su puesto de trabajo, aumentan los desplazamientos y los gastos de transporte. Cuando una familia no dispone de una vivienda adecuada, pueden verse afectadas la educación de los hijos, la conciliación y la salud. Y cuando una generación no puede ahorrar, también se debilita su capacidad de construir un proyecto económico independiente.
La política de vivienda, por tanto, no debería evaluarse únicamente por el número de promociones inmobiliarias o por la evolución de los precios de compraventa. También debería medirse por la proporción de ingresos que los hogares destinan a la vivienda, la reducción de las situaciones de sobreocupación, la emancipación juvenil, la estabilidad de los contratos y la disminución del sinhogarismo.
La experiencia de Viena, Países Bajos y Finlandia ofrece diferentes herramientas para abordar estas dimensiones. Ningún país ha eliminado todos los problemas de acceso a la vivienda, pero sus políticas muestran que la intervención pública puede ir más allá de conceder ayudas a quienes no pueden afrontar los precios del mercado.

Como reflexión final nos planteamos está pregunta ¿qué futuro le espera a una generación que no puede emanciparse?
España tiene ante sí una decisión estructural sobre su modelo residencial. La vivienda puede seguir dependiendo principalmente de la capacidad adquisitiva de cada hogar y de los ciclos de rentabilidad del mercado, o puede avanzar hacia un sistema en el que exista un parque estable de alquiler asequible, acompañado de una oferta privada suficiente y de mecanismos eficaces de protección.
La cuestión no es enfrentar a propietarios e inquilinos, ni considerar que toda actividad inmobiliaria es especulativa. El desafío es compatibilizar el derecho de las personas a disponer de una vivienda digna con la seguridad de los propietarios, la actividad económica y el interés general.
La experiencia europea demuestra que una política pública sostenida puede modificar las condiciones de acceso a la vivienda, aunque exige inversión, planificación, controles y continuidad. También evidencia que las soluciones deben adaptarse a las particularidades de cada territorio y que ninguna regulación puede sustituir la necesidad de una oferta suficiente.
El problema español no se resolverá únicamente con más suelo, más promociones, ayudas puntuales o límites de precios aislados. Necesita una estrategia que combine construcción pública, alquiler asequible, rehabilitación, planificación urbana, seguridad jurídica y protección social.
Una generación que no puede emanciparse difícilmente puede construir su propio futuro con autonomía. Y un país que convierte el acceso a la vivienda en una carrera cada vez más difícil corre el riesgo de profundizar sus desigualdades económicas y sociales.
La pregunta que debería orientar el debate público no es solamente cuántas viviendas puede construir España, sino cuántas puede garantizar que sean accesibles, habitables y estables para quienes las necesitan.
Porque una vivienda no debería ser un privilegio reservado a quienes han heredado patrimonio o cuentan con salarios elevados. Debe ser una condición material para que cualquier persona pueda desarrollar su proyecto de vida, independientemente de su origen familiar o de su nivel de ingresos.
Nota editorial: las cifras del INE de 2025 se reproducen a partir de los datos facilitados, fuentes Wikipedia.