Redacción internacional Adriana F. Gomez
Santiago Abascal es hoy una de las figuras más conflictiva de la derecha radical española, (podríamos decir un fascista a la vieja usanza) y el presidente de Vox, pero su carrera política no comenzó con la creación de esta formación. Su trayectoria se inició en 1994, en el País Vasco, dentro del Partido Popular.
Desde muy joven desarrolló prácticamente toda su vida laboral vinculada a la actividad política y a cargos de designación o representación institucional o como diriamos vulgarmente enchufado por Esperanza Aguirrre. Fue concejal del Partido Popular en Llodio, miembro del Parlamento Vasco y ocupó posteriormente diferentes responsabilidades vinculadas a instituciones y entidades públicas de la Comunidad de Madrid, siempre viviendo del estado , podríamos decir integrante de la casta y vividor del estado.
Este recorrido ha alimentado una de las principales críticas políticas hacia Abascal: la contradicción entre su discurso contra «la casta política» y el hecho de haber desarrollado la mayor parte de su trayectoria profesional dentro de las estructuras políticas e institucionales.
Su ruptura con el Partido Popular y la posterior fundación de Vox le permitieron construir una nueva identidad política basada en el nacionalismo español, el rechazo al independentismo, la crítica a la inmigración y la confrontación frontal con la izquierda y el feminismo.
Sin embargo, la llegada de Vox a las instituciones no terminó con las polémicas sobre la relación entre política, financiación y poder, por el contrario, abrió nuevas preguntas.
Fundación Disenso: Vox, dinero y una estructura paralela de influencia.
Una de las cuestiones más controvertidas es la Fundación Disenso, vinculada ideológicamente a Vox y presidida por el propio Santiago Abascal.
Disenso no es simplemente una fundación dedicada al debate intelectual. Se ha convertido en una plataforma de proyección política internacional, producción ideológica, relaciones con otras organizaciones conservadoras y de extrema derecha y construcción de redes políticas más allá de España.
La controversia surge especialmente por las relaciones económicas entre Vox y la fundación. El trasvase de recursos desde un partido político, financiado en parte con fondos públicos derivados de su actividad institucional, hacia una estructura fundacional privada ha provocado críticas y cuestionamientos sobre la transparencia, la fiscalización y el destino final de esos recursos.
Es importante subrayar que Santiago Abascal no cuenta con una condena judicial ni con una imputación formal por corrupción relacionada con la gestión de la Fundación Disenso. Pero la ausencia de una condena no elimina el debate político sobre la utilización de los fondos ni las dudas planteadas por antiguos dirigentes y sectores críticos.
La cuestión fundamental es otra: ¿qué grado de control público y político existe sobre el dinero que circula entre Vox y las organizaciones de su entorno?
Las fundaciones políticas pueden desarrollar actividades legítimas, pero cuando están estrechamente vinculadas a partidos con representación parlamentaria, reciben o gestionan recursos procedentes indirectamente de la financiación política y están dirigidas por los propios líderes partidarios, la exigencia de transparencia debería ser máxima.
El debate sobre Disenso no se limita, por tanto, a determinar si existe o no un delito. También afecta a la ética pública y a la coherencia política.
¿A dónde van los fondos?
Los recursos destinados a una fundación política pueden financiar publicaciones, estudios, conferencias, actividades de formación, viajes, campañas de comunicación y relaciones internacionales, entre otras actividades.
En el caso de Disenso, su importancia política está precisamente en su capacidad para construir una red internacional de influencia. La fundación participa en debates y espacios políticos transnacionales y mantiene contactos con sectores de la derecha conservadora y radical de Europa y América.
Esta dimensión internacional plantea una contradicción especialmente relevante para una organización que presenta la soberanía nacional como uno de los pilares de su discurso.
Vox defiende públicamente la independencia de España frente a Bruselas, critica la influencia de determinadas élites globales y acusa a la izquierda de actuar al servicio de intereses internacionales, sin embargo, al mismo tiempo, mantiene una intensa relación con redes políticas, organizaciones y fundaciones internacionales que comparten su proyecto ideológico.
La pregunta resulta inevitable: ¿dónde termina la cooperación política internacional y dónde comienza la dependencia ideológica o estratégica?
Revuelta y la polémica por los fondos de la DANA.
Otra de las controversias que ha afectado al entorno político de Vox está relacionada con Revuelta, organización juvenil afín a la formación.
Tras la devastadora DANA de 2024, que dejó decenas de víctimas y graves daños materiales, numerosas organizaciones impulsaron campañas de solidaridad y recogida de fondos para ayudar a las personas afectadas, en ese contexto surgieron denuncias y cuestionamientos sobre el destino de fondos recaudados en campañas vinculadas a Revuelta.
Las acusaciones sostienen que parte del dinero recaudado para los afectados no habría llegado efectivamente a las víctimas o habría tenido un destino distinto al anunciado inicialmente. Se trata de una cuestión especialmente grave por su dimensión moral: recaudar dinero apelando a la solidaridad con personas que han perdido familiares, viviendas y medios de vida implica una responsabilidad extraordinaria y los afiliados a VOX se dedicaron como aves de rapiña a dilapidar la mayoria de esa recaudación.
Por ello, debe afirmarse como un hecho acreditado que los fondos «nunca llegaron a los afectados» a pesar de que la justicia patriótica expusiera, falta de pruebas documentales concluyentes o una resolución oficial, que llevó a la Fiscalía Provincial de Madrid, al archivo de la denuncia contra Revuelta.
Lo que sí existe es una fuerte controversia pública y la exigencia de explicaciones transparentes sobre la cantidad recaudada, el dinero gastado, los destinatarios finales y las ayudas efectivamente entregadas.Si una organización recauda fondos con un objetivo concreto, la rendición de cuentas no debería ser una opción política, sino una obligación moral.
Cada euro debería poder seguirse desde el momento en que se dona hasta el momento en que llega, o no llega, a su destinatario.
El patriotismo y las alianzas internacionales
La expansión de Vox tampoco puede entenderse sin analizar su relación con la nueva derecha radical internacional, de la que Santiago Abascal ha participado activamente en redes políticas que conectan a dirigentes de Europa, Estados Unidos y América Latina. Vox mantiene vínculos políticos e ideológicos con organizaciones conservadoras y ultraconservadoras que comparten estrategias, discursos y campañas contra la izquierda, en la mayoria de las veces financiadas por fondos de la CIA.
Esta internacionalización de la extrema derecha donde las fronteras nacionales desaparecen cuando se trata de compartir estrategias electorales, campañas digitales, organizaciones de formación política, redes de comunicación y estructuras de influencia.

Como ejemolo VOX admitió que recibió fondos dd IRÁN a través del Consejo Nacional de Resistencia de Irán (CNRI), un grupo opositor al régimen de Teherán, para financiar parte de sus inicios y el 80% de su campaña a las elecciones europeas de 2014, fondos estimados en torno a un millón de euros en la etapa fundacional del partido y para sufragar gastos de campaña y sueldos iniciales de dirigentes.
La ley electoral española prohíbe la financiación de partidos políticos con fondos procedentes de gobiernos extranjeros, aunque VOX argumentó que el dinero no venía del Gobierno iraní en el poder, sino de una organización en el exilio contraria a dicho régimen , peto calla ante las acusaciones de financiación de Israel y la CIA.
De Israel aunque no hay dinero directo para el partido, sí existen fuertes alianzas políticas y de influencia y lazos oficiales, como que el Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel levantara el veto histórico a Vox, formalizando relaciones diplomáticas oficiales a través de la Embajada de Israel en España.
Alejo Vidal-Quadras, fundador de Vox: «Abascal sabía que el dinero era iraní y le parecía muy bien»
Grupos de presión formados por organizaciones proisraelíes en España, como la Asociación Acción y Comunicación sobre Oriente Medio (ACOM), actúan como puentes institucionales y mediáticos. ACOM, registrada como lobby ante la CNMC, financia campañas de comunicación y convenios con medios digitales (como los 75.000 euros anuales a OkDiario) para promover la agenda geopolítica israelí, compartiendo el mismo argumentario que defiende Vox en el Congreso.
O los préstamos bancarios de Hungría (2023): Para sus campañas electorales, Vox solicitó préstamos que sumaron un total de 13 millones de euros al banco húngaro MBH, una entidad participada por el Estado y cercana al primer ministro Viktor Orbán. El partido confirmó haber liquidado estas deudas posteriormente.
En ese contexto que ya se dio, cualquier acusación sobre financiación extranjera ilegal o sobre una intervención de organismos de inteligencia estadounidenses puede ser tratada con extremo rigor, pudiendo incluso afirmar, una presunta financiación directa de la CIA, que podria ser en alguna ocasion verificable y supondria convertir una hipótesis o una acusación política en un hecho.
Pero eso no impide investigar una cuestión más amplia y legítima: la influencia extranjera sobre el financiamiento de VOX en la política española.
¿Qué organizaciones internacionales financiaron las actividades políticas de VOX? ¿Qué fundaciones participaron en la formación de sus cuadros? ¿Qué redes privadas impulsan campañas ideológicas racistas llenas de xenofobia? ¿Qué relaciones existen entre organizaciones estadounidenses, de Israel y VOX? Estas preguntas deberían ser respondidas con documentos, transparencia y fiscalización en una justicia normal con unos jueces y fiscales independientes ¿Se acuetdan de Podemos, hasta donde llegaron? Un poco de decencia le falta a nuestra justicia.

La contradicción de la soberanía.
Vox ha hecho del patriotismo y la soberanía uno de sus principales instrumentos políticos. España, la bandera, la unidad territorial y la defensa de la nación ocupan un lugar central en el discurso de Santiago Abascal. Pero la soberanía no puede limitarse a símbolos.
La soberanía también significa independencia económica, transparencia financiera y autonomía política frente a intereses extranjeros, no es suficiente denunciar la influencia exterior cuando procede de organizaciones progresistas y aceptar con naturalidad las redes internacionales de la derecha radical cuando coinciden ideológicamente con el propio proyecto.
La verdadera soberanía debería aplicarse a todos, España no es más independiente porque una fuerza política grite más fuerte «¡Viva España!». Es más independiente cuando sus decisiones políticas no están condicionadas por intereses económicos, fundaciones, grupos de presión o centros de poder que actúan fuera del control democrático de los ciudadanos.
Una cuestión que va más allá de Vox.
El incremento del patrimonio de Santiago Abascal se concentra principalmente en la compra de un chalet en Madrid valorado en más de un millón de euros en 2020. Su evolución económica es supuestamente legal con la suma de los múltiples sueldos que percibe, dado que además de su salario en el Congreso, recibe importantes retribuciones procedentes de su partido, Vox. En total superan los 110.000 o 120.000 euros anuales.
El caso de Santiago Abascal y la Fundación Disenso ( la cual presude ) es otra cuestion nada clara , donde Vox ha transferido casi 13 millones de euros, en un periodo de seis años.y las polémicas relacionadas con organizaciones del entorno de Vox plantea un debate que va mucho más allá de la fundacion ultraderechista.
Se trata de preguntarse cómo se financia la política de VOX, qué ocurre con el dinero que circula entre sus dirigentes y fundacion y qué mecanismos existen en España para controlar las estructuras paralelas de influencia que bebefucia de form descarafa a Santiago Abascal y su entorno.
También obliga a preguntarse si quienes han construido su carrera profesional dentro de la política pueden presentarse indefinidamente como enemigos de «la casta».Y, finalmente, obliga a revisar el significado del patriotismo, porque el patriotismo no debería ser una herramienta electoral ni una bandera utilizada para ocultar contradicciones.
Defender a España significa defender sus instituciones democráticas, exigir transparencia a quienes gestionan recursos públicos o privados destinados a fines políticos y garantizar que cualquier organización, (en este caso REVUELTA el brazo joven de VOX) que recaude dinero para víctimas rinda cuentas de manera clara.
La Justicia debe determinar las responsabilidades penales, si existan indicios suficientes ( como es el caso de Revuelta) pero la responsabilidad política y moral no puede esperar siempre a una sentencia impartida por un juez, a iniciativas de según que fiscal afin a estos politicos herederos del franquismo para desenmascarar la corrupción y el robo.
Santiago Abascal no ha sido condenado por corrupción en relación con la Fundación Disenso, pero las preguntas sobre su trayectoria política, el funcionamiento de las estructuras vinculadas a Vox, el destino y control de determinados fondos, la polémica sobre la recaudación para los afectados por la DANA y las relaciones internacionales de la formación continúan abiertas.
Y en democracia, cuando se habla de dinero, poder y patriotismo, la transparencia no debería ser una concesión: debería ser una obligación.