Turquía, Israel, Estados Unidos y Rusia: la nueva disputa por Siria y el tablero de Oriente Medio.

Juan Carlos Alí Torres , Redacción internacional desde Beirut

Siria vuelve a convertirse en uno de los principales tableros de disputa geopolítica de Oriente Medio. Tras más de una década de guerra, fragmentación territorial, intervención extranjera y cambios en el equilibrio interno, el futuro del país ya no se decide únicamente en Damasco. La batalla por Siria ya no es por conquistar el país, sino por controlar sus fronteras, su seguridad y su posición estratégica.

Turquía e Israel compiten por imponer sus propios intereses de seguridad e influencia. Estados Unidos observa, interviene indirectamente y trata de evitar que sus rivales llenen el vacío estratégico, mientras Rusia negocia su permanencia y el futuro de sus históricas instalaciones militares, ante un Irán, debilitado respecto a años anteriores, intenta conservar espacios de influencia.

La disputa real no es por la «propiedad» de Siria.

Ninguna potencia extranjera puede gobernar el país como si fuera un territorio colonial, la verdadera batalla es por algo más complejo: quién controla las fronteras, quién garantiza la seguridad, quién influye sobre el nuevo poder sirio y quién define el equilibrio militar de Oriente Medio.

Las claves del nuevo tablero sirio.

1. Turquía quiere seguridad en su frontera y limitar el poder kurdo

Para Ankara, la prioridad estratégica en Siria sigue estando al norte.Turquía considera que la existencia de estructuras militares kurdas vinculadas ideológicamente o políticamente al movimiento kurdo armado representa una amenaza directa para su seguridad nacional.

Por eso, su política busca impedir la consolidación de una entidad kurda autónoma y militarmente fuerte en la frontera sirio-turca.Pero la ambición turca no se limita a la cuestión kurda.Turquía aspira a convertirse en uno de los principales actores externos con capacidad de influencia sobre la reconstrucción política, económica y militar de Siria.

Una Siria estable, pero vinculada a Ankara, permitiría a Turquía: controlar mejor la seguridad fronteriza, reducir la amenaza de organizaciones armadas kurdas, aumentar su influencia económica, participar en la reconstrucción del país, reforzar su posición como potencia regional, ganar peso frente a Israel, Irán y los países árabes. Para Recep Tayyip Erdo?an, Siria es también una pieza central de su proyecto de autonomía estratégica.

Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel, y Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía, en una cumbre bilateral

2. Israel busca impedir una nueva amenaza en su frontera norte

Israel observa la evolución de Siria desde una perspectiva diferente, siendo su principal preocupación no es el control político de Damasco, sino la posibilidad de que el territorio sirio vuelva a convertirse en una plataforma militar hostil contra Israel.

Durante años, Israel atacó objetivos vinculados a Irán, Hezbollah y otras estructuras militares presentes en Siria. La caída o transformación del antiguo equilibrio de poder no elimina necesariamente esa preocupación.

Israel busca evitar: la reconstrucción de una infraestructura militar iraní, el traslado de armas avanzadas hacia Hezbollah, la aparición de nuevas fuerzas hostiles cerca de los Altos del Golán, una presencia militar extranjera que limite su libertad de acción, el fortalecimiento de actores islamistas hostiles a Israel.

La paradoja es que Turquía e Israel pueden tener enemigos comunes, pero sus intereses estratégicos chocan. Mientras Turquía quiere aumentar su influencia sobre la nueva Siria, Israel quiere impedir que ninguna potencia regional, incluida Turquía, alcance una posición dominante capaz de alterar el equilibrio militar de la región.

El choque no tiene por qué convertirse en una guerra directa, pero aumenta el riesgo de incidentes, rivalidades y zonas de fricción.

3. Estados Unidos mira, condiciona y trata de conservar capacidad de veto.

Estados Unidos ya no parece dispuesto a asumir el coste político y militar de reconstruir Siria o controlar directamente su futuro, sin embargo, Washington tampoco quiere abandonar completamente el tablero. Su interés principal sigue siendo impedir que una sola potencia rival domine Siria y utilizar su presencia e influencia para condicionar el futuro de la región.

Estados Unidos tiene varios objetivos: evitar un resurgimiento de organizaciones yihadistas, limitar la influencia iraní, contener la expansión estratégica rusa, mantener relaciones funcionales con Turquía, proteger la seguridad de Israel, conservar influencia sobre las fuerzas y territorios del nordeste sirio.

La política estadounidense es, por tanto, una política de equilibrio y contención, dónde Washington observa con atención la creciente influencia de Turquía, pero tampoco desea una ruptura con un aliado fundamental de la OTAN. Al mismo tiempo, apoya la seguridad israelí, aunque debe evitar que la rivalidad entre Israel y Turquía desestabilice todavía más el escenario.

Estados Unidos quizá no controle Siria, pero sigue teniendo algo muy importante: capacidad para impedir que otros la controlen completamente.

Al Jawlani

Rusia negocia su permanencia: del control militar a la cooperación.

Uno de los cambios más importantes del nuevo escenario es la redefinición de la presencia rusa, ya qué durante años, Moscú convirtió Siria en su principal plataforma militar en el Mediterráneo oriental, dónde sus bases navales y aéreas ofrecieron a Rusia una posición estratégica excepcional.

Ahora, el contexto ha cambiado y Rusia necesita negociar con las nuevas autoridades sirias su presencia y el futuro de sus instalaciones.

El nuevo acuerdo supone una transformación significativa: Moscú pierde el control militar absoluto que había mantenido sobre sus principales activos estratégicos y debe aceptar una fórmula de cooperación con mayor participación siria.

La administración civil de las instalaciones estratégicas vuelve a estar bajo soberanía siria, mientras las bases pasan hacia un modelo de cooperación y entrenamiento conjunto.

Este cambio tiene una enorme importancia simbólica y estratégica. Por primera vez en años, Siria intenta recuperar mayor capacidad de decisión sobre infraestructuras fundamentales de su territorio.

La batalla por Siria ya no es por conquistar el país, sino por controlar sus fronteras, su seguridad y su posición estratégica.

Para Rusia, el objetivo es conservar una presencia que sigue siendo esencial por varias razones: mantener acceso al Mediterráneo, conservar influencia en Oriente Medio, evitar una retirada total que beneficie a Estados Unidos, proteger sus inversiones militares y políticas, mantener capacidad de negociación con el nuevo gobierno sirio.

Moscú ya no puede comportarse como si Siria fuera simplemente una extensión de su espacio militar. Ahora necesita negociar y eso revela una transformación profunda del equilibrio regional.

¿Qué pasa con Irán?

Irán ha sido uno de los grandes perdedores de la transformación del escenario sirio.Durante años, Siria fue una pieza fundamental de la estrategia iraní conocida como el «eje de resistencia», conectando a Teherán con Hezbollah en Líbano y proporcionando una profundidad estratégica decisiva.

La pérdida de posiciones políticas y militares reduce esa capacidad. Pero Irán no desaparece, ya que Teherán mantiene redes políticas, sociales, religiosas y militares construidas durante años. Su desafío será adaptarse a una Siria en la que ya no dispone del mismo nivel de influencia.

Israel intentará aprovechar esta debilidad para impedir cualquier reconstrucción de la presencia militar iraní y Estados Unidos apoyará esa política de contención, mientras Turquía buscará impedir que Irán recupere posiciones que puedan limitar su propia expansión, hoy Siria deja de ser una plataforma segura para Irán y se convierte en un terreno donde debe defender lo que todavía conserva.

Los riesgos de la nueva rivalidad y una guerra indirecta entre Turquía e Israel.

El mayor peligro no es necesariamente una invasión directa.La competencia podría desarrollarse mediante: alianzas con diferentes fuerzas sirias, presencia militar en zonas estratégicas, control de aeropuertos y rutas;- cooperación con grupos locales, inteligencia y operaciones especiales, influencia económica y política.

Siria podría volver a convertirse en un espacio de competencia indirecta y el problema es que las guerras indirectas pueden convertirse rápidamente en enfrentamientos abiertos cuando las zonas de influencia se superponen.

La cuestión kurda seguirá siendo una bomba de tiempo

El futuro de las fuerzas kurdas y de la administración del nordeste será uno de los asuntos más difíciles de resolver.Turquía quiere impedir la consolidación de una estructura autónoma armada mientras que Estados Unidos ha mantenido relaciones con fuerzas kurdas en la lucha contra el Estado Islámico.

El nuevo gobierno sirio buscará recuperar la integridad territorial y las comunidades kurdas intentarán proteger sus derechos políticos y su seguridad. Encontrar un equilibrio entre esas cuatro posiciones será extremadamente difícil, sin un acuerdo político, el norte y nordeste de Siria podrían seguir siendo uno de los principales focos de inestabilidad.

¿Cómo queda el tablero sirio?

El escenario que emerge es más complejo que el anterior por un lado Turquía gana influencia y se consolida como una de las principales potencias externas con capacidad de intervenir en el futuro sirio y por otro Israel mantiene superioridad militar y capacidad de ataque, pero observa con preocupación el fortalecimiento de cualquier actor que pueda alterar el equilibrio en su frontera norte.

Otros actores como Estados Unidos, reduce el protagonismo directo, pero conserva capacidad de veto y una importante influencia militar y diplomática mientras que Rusia pierde el monopolio sobre su presencia militar y debe adaptarse a una relación más negociada con Damasco. Irán es el actor que más espacio ha perdido, aunque conserva redes y capacidad para intentar recuperar influencia.

Siria tiene una oportunidad histórica de recuperar soberanía, pero también enfrenta el enorme desafío de reconstruir un Estado con múltiples potencias intentando influir sobre su futuro.

Kurdo-sirios aclamaban el paso de un vehículo militar de EE.UU. el domingo, antes de conocer la orden de retirada de Trump AFP

La gran consecuencia: Siria vuelve al centro de Oriente Medio.

Durante años, Siria fue presentada como el escenario de una guerra civil devastadora y hoy, aunque la guerra haya cambiado de forma, el país vuelve a ocupar una posición central en la geopolítica de Oriente Medio, ya que su territorio conecta intereses fundamentales: Turquía y el mundo árabe; Israel y el Levante; Irán y Hezbollah; Rusia y el Mediterráneo; Estados Unidos y sus aliados regionales.

Por eso, la batalla por Siria no ha terminado, simplemente ha cambiado.Ya no se trata únicamente de quién gana una guerra sobre el terreno. Ahora la pregunta es quién conseguirá construir alianzas, controlar fronteras, participar en la reconstrucción y garantizar su influencia sobre el nuevo Estado sirio.

Como reflexión final podríamos ver a nueva Siria podría convertirse en un ejemplo de recuperación de soberanía después de años de guerra y ocupación indirecta, pero también existe el riesgo contrario: que la desaparición de un viejo orden sea sustituida por una nueva fragmentación, en la que Turquía, Israel, Estados Unidos, Rusia e Irán compitan permanentemente por áreas de influencia.

El gran desafío del nuevo gobierno sirio será evitar convertirse nuevamente en un simple tablero donde otros juegan su partida. Porque, después de más de una década de destrucción, la verdadera victoria para Siria no sería que Turquía, Israel, Rusia o Estados Unidos ganaran influencia. La verdadera victoria sería que, por primera vez en muchos años, fuera Siria quien recuperara la capacidad de decidir sobre Siria.

Y precisamente por eso, el futuro del país será una de las grandes claves para entender cómo quedará configurado el nuevo equilibrio de poder en Oriente Medio.

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