EL OBJETIVO CENTRAL DE LA EDUCACION.

Por: Martha Pérez. Santo Domingo, diputada del Parlamento Centroamericano (PARLACEN)

Afirma la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, Ciencia y Cultura (UNESCO) que la educación transforma vidas y como tal está en el centro de su misión construir la paz, erradicar la pobreza e impulsar el desarrollo sostenible.

El Ministerio de Educación de la República Dominicana observa entre sus objetivos y estrategias, fomentar la educación como recurso esencial para el desarrollo individual y primordial para el desarrollo social, formar personas capaces de contribuir eficientemente al progreso del país, mediante la creación de una conciencia de nación y la estimulación de la capacidad productiva nacional; fomentar la interacción entre la vida educativa y la vida de la comunidad, a fin de propiciar la apropiación de los conocimientos y técnicas, de acuerdo con el desarrollo biopsicosocial de los ciudadanos. Y, fomenta los valores de amor, transparencia, integridad, compromiso y equidad.

Con esas dos premisas lo que procuro es atraer la atención sobre el objetivo central de la educación más allá de las escuelas, porque suponemos que las entidades encargadas de un tema de políticas públicas y transversal como el de la educación han de cumplir cabalmente su visión y misión establecidas por ley; de hecho, el actual incumbente del MINERD está tomando medidas muy interesantes que a veces ciertos actores y sectores no facilitan su cumplimiento como debe ser (a esto nos referiremos oportunamente).

Martha Pérez

El desarrollo integral de las personas es el principal objetivo de la educación. Nada puede transformar la vida de una persona como la educación, y, cuando se transforman a través de la educación la sociedad en su conjunto también se transforma positivamente.

Al hablar de desarrollo integral nos referimos a que las personas sean educadas en base a los cuatro pilares del aprendizaje: Aprender a aprender, aprender a hacer, aprender a ser y aprender a convivir, de forma tal que sean conscientes de sus deberes y derechos, considerando, además, que el fin de la educación es fomentar los valores humanos de manera individual y colectiva, así como preservar, transmitir y enriquecer la cultura en su diversidad.

Se estarán formando seres humanos libres y respetuosos de las leyes. La educación es también importante para promover la tolerancia entre las personas y fomentar el desarrollo de sociedades más pacíficasLa educación como libertadUna persona educada de forma integral es una persona dotada de libertad, esa libertad individual que le da seguridad de sí misma para una vida más plena que puede disfrutar en cualquier circunstancia, porque además le impregna de conciencia y madurez.

Al procurar educar para la libertad debemos tener en cuenta que detrás de un modelo educativo habrá un modelo de sociedad. Esto es importante a considerar dadas las influencias externas que nos llegan desde diferentes culturas, algunas buenas, otras menos buenas, captadas especialmente por adolescentes y jóvenes, sobre todo aquellos que por diversas razones no tienen una mirada supervisora de padres, tutores o cuidadores que oriente su desarrollo.

Influencias también de otros modelos educativos que circunstancialmente pueden incidir en la política pública en ejecución sin haberse definido qué educación queremos, para qué sociedad. De ello deriva la definición de una agenda política responsable y acorde con la educación que queremos para la sociedad que tenemos.

En este aspecto, parece haber un vacío en nuestro país que no necesariamente es responsabilidad solo de los gobiernos de los últimos veinticinco años, también toca a las familias, las iglesias, los centros educativos, los partidos políticos y, hasta a los medios de comunicación, en la asunción del papel que les corresponde como impartidores, difusores, inversores y transmisores de la educación, información y el conocimiento, así como de noticias, siempre conectados a los valores éticos-morales y sociales que deben guiar la construcción de ciudadanía responsable y de sociedades más justas.

El mundo de hoy, a nivel global, y la situación en República Dominicana nos presentan grandes retos y desafíos sobre el presente y el futuro; nadie parece tener respuestas en el corto, mediano o largo plazo; a todo ello se suma los peligros para la sostenibilidad del planeta ante los impactos y consecuencias del cambio climático y fenómenos atmosféricos. Las respuestas a estos retos y desafíos que puedan tener y dar las autoridades, por innovadoras que parezcan están sujetas a ciertas condiciones externas; en el caso de las personas individuales que esperan “protección” de sus representantes electos, especialmente los asentados en el Congreso Nacional, las respuestas dilatan enredadas en posiciones e intereses políticos, partidarios, económicos u otra naturaleza que se sitúan por encima de la voluntad política de unos pocos y de la esperanza del pueblo.

Las respuestas necesarias frente a las complejidades dependerán también de los conocimientos y capacidades en la comprensión de las problemáticas que sacuden nuestras sociedades, en el caso que nos ocupa especialmente la dominicana, para poder formular soluciones adecuadas, reconociendo un destino común, aunque diferenciado y compartido que demanda salidas justas y asequibles. ¿Qué puede resolver esas problemáticas si no la educación en su objetivo esencial?

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