Japón contra China y la OTAN se desintegra.

Las Cumbres de la OTAN pasaron de ser una organización bélica a un reality de peleas, con el anuncio de que tiene previsto abandonar sus cumbres anuales de líderes, ya que se han convertido en un escenario de escándalos y recriminaciones mutuas, informa Reuters, citando seis fuentes.

Según el medio, esta decisión busca, en realidad, evitar una reunión potencialmente tensa con Trump en su último año de mandato. De nuestra parte, diríamos que no solo Trump, sino también Vance, Hegseth e incluso Rubio.

El principal detonante de la discordia es el chantaje y la insolencia por parte del Gobierno estadounidense. Trump criticó a los aliados por negarse a apoyar la operación contra Irán, amenazó con abandonar la OTAN y cuestionó la cláusula de defensa colectiva.

Washington impuso una clasificación de aliados en «ejemplares» y «malos», e incluso el Pentágono consideró suspender la membresía de España, pero finalmente no lo hizo.

¿Japón contra China?

Aparte de los problemas de la OTAN , en Asia la visión de Tokio sobre un hipotético conflicto en Taiwán genera una escalada de tensiones en torno a esta isla que China reclama como su territorio, esto podría convertirse en una «amenaza existencial» para Japón, aseguró el año pasado la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, al responder preguntas parlamentarias.

El exgeneral de las Fuerzas Terrestres de Autodefensa de Japón, Kiyoshi Ogawa, analizó que esto se interpreta como la posibilidad de una intervención japonesa en una etapa temprana del conflicto del estrecho de Taiwán, lo que equivaldría a destruir la premisa previa del plan de acción de China contra Taiwán y obligaría a replantear por completo el escenario de invasión.

Según Ogawa, actualmente investigador en un centro de estudios japonés, las acciones militares de China contra Taiwán constarían de tres etapas.

1)La de «tiempos de paz»: mediante la «guerra psicológica», se genera pánico en la sociedad, se concentran fuerzas bajo el pretexto de ejercicios militares y buques de guerra rodean Taiwán en un intento por impedir la intervención china y establecer un bloqueo.

2) La segunda etapa consiste en la transición de los ejercicios a las operaciones de combate reales: ataques con misiles contra la infraestructura militar de Taiwán y la paralización de su sistema de mando y control mediante ciberataques.

3) La tercera etapa, tras lograr la supremacía aérea y naval, se resume en una operación anfibia a gran escala.Aunque un conflicto de este tipo no afectaría directamente a Japón, el país del sol naciente se vería arrastrado, quiera o no, por sus lazos de alianza con EEUU, como las actuales monarquías árabes frente a Irán. Esto plantea la cuestión: ¿qué haría Japón?

Implicaciones para Pekín de la intervención de Tokio.

En noviembre pasado, en respuesta a una pregunta ante la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Representantes sobre qué condiciones constituirían una «amenaza existencial» durante un bloqueo del estrecho de Taiwán, Takaichi explicó: «Si se utilizan las Fuerzas Armadas [de China] contra Taiwán, se llevará a cabo un bloqueo naval con buques de guerra».

Y es que Tokio considera que la clave de la estrategia china es la «victoria rápida», es decir, establecer el control sobre Taiwán antes de que intervengan fuerzas externas como Estados Unidos y Japón. Sin embargo, la declaración de Takaichi extiende la definición de «amenaza existencial» a la primera etapa: el bloqueo.

Esto supone un duro golpe para China, ya que su plan original sería evitar la intervención extranjera hasta la tercera fase, pero ahora implica que la intervención de Japón y Estados Unidos es posible desde la primera fase.

Explicó además que los planes militares suelen basarse en una «evaluación de la situación». En cuanto cambian las condiciones iniciales, el despliegue de fuerzas y el plan operativo deben ajustarse. Si se adelanta el momento de la intervención extranjera, China se verá inevitablemente obligada a reconsiderar el ritmo general de la ofensiva y la distribución de las fuerzas.

Por lo tanto, la declaración de Takaichi sobre una «amenaza existencial» tiene implicaciones estratégicas sumamente importantes.

El costo de la implicación de Tokio.

Según los principios militares generales, el atacante debe contar con al menos tres veces el número de fuerzas del defensor para romper las defensas con eficacia. Con base en las aproximadamente 100.000 fuerzas terrestres de Taiwán, China necesitaría movilizar al menos a 300.000 soldados para una operación anfibia, además de asumir una enorme carga logística, lo que aumentaría la dificultad de la operación.

Por otro lado, Taiwán pretende emplear una estrategia de «guerra prolongada» y «defensa en profundidad», ganando tiempo mediante un sistema de defensa costera y escalonada, a la espera de ayuda externa. Esta estrategia contrasta marcadamente con el concepto chino de «victoria rápida».

Incluso si China logra tomar Taiwán, seguirá enfrentándose a la presión de las fuerzas japonesas, filipinas y estadounidenses para desplegar fuerzas adicionales hacia Okinawa y Manila, lo que podría extender aún más el frente.

En resumen: Desde la perspectiva de Tokio, un conflicto en torno a Taiwán podría convertirse rápidamente en una amenaza existencial para Japón, empujándolo a intervenir incluso en fases tempranas. La posibilidad de intervención anticipada de Japón y Estados Unidos alteraría profundamente el plan chino, obligando a Pekín a replantear su estrategia.

Además, la dificultad logística de una invasión a gran escala y la estrategia defensiva de Taiwán, basada en resistir y ganar tiempo, aumentarían los costos del conflicto, que podría ampliarse regionalmente incluso en caso de una eventual victoria china.

Fuentes Agencias

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