“Tenemos una deuda enorme con los huérfanos de feminicidio”Colombia

Por Walter C. Medina

ENTREVISTA A JUANA AFANADOR

“Tenemos una deuda enorme con los huérfanos de feminicidio”Desde Colombia Carolina Valencia entrevistó a Juana Afanador, socióloga, feminista, candidata al Congreso Colombiano por la ciudad de Bogotá, escritora, autora de “Eso no es Amor” (Editorial Penguin, 2025).

“En Colombia tenemos una deuda enorme con los huérfanos de feminicidio. Nos toca construir un modelo de reparación, pero de la mano de estas víctimas y de las familias de las sobrevivientes”, sostuvo Afanador en relación al proceso por el que atraviesan los hijos e hijas de víctimas de feminicidio.El programa radial conducido por Francisco López en AM830 Radio del Pueblo, “Cenizas de Babilonia.

Diáspora Española”, dedica este bloque a informar y concientizar respecto de las violencias que sufren las mujeres en Latinoamérica. En esta ocasión, la presentación del libro “Esto no es amor”, durante la cual Carolina Valencia estuvo presente, significó un disparador para una serie de preguntas que a las claras exponen una situación grave; la de los hijos e hijas de mujeres víctimas de feminicidio.

Quiero que nos cuentes un poco sobre este libo que narra los más brutales feminicidios que hemos tenido en Colombia.

Gracias por interesarte en mi libro “Eso no es amor”. Yo entregué ese libro justo hace un año, en diciembre. Ahora con un año de distancia me doy cuenta de que es un libro muy duro, muy fuerte, difícil porque nos confronta con una realidad de la que a veces queremos huir.

Este libro a mí me ha dado una gran cantidad de cosas; primero, una necesidad de seguir luchando y apoyando al feminismo, seguir hablando de la necesidad de proteger la vida de las mujeres, seguir insistiendo sobre la importancia de construir y crear políticas de prevención los feminicidios. Algo que me enseñó este libro es que los feminicidios no son tsunamis, no son desastres naturales que no se puedan prevenir, sino que todos los feminicidios se pueden prevenir.

Eso es algo que me pareció muy duro cuando escribía el libro. Me di cuenta de que todos los casos, finalmente todas esas vidas, se hubieran podido salvar si hubiera habido un poco más de interés de la sociedad en tomarse en serio las violencias basadas en género.

También me dejó una fuerza para seguir trabajando, impulsando y hablando de este tipo de violencia en los espacios en los que estamos, y seguir obligando a que los confrontemos y no les huyamos, sino que les busquemos una forma de combatirlos y de tomarlos muy en serio, y de darnos cuenta de que es un asunto bastante graves y reales que les suceden a muchas mujeres, a muchas familias y a muchas personas, mucho más seguido de lo que nos imaginamos.

Carolina Valencia, Periodista

¿Qué pasa con los niños y niñas que son hijos de una mujer que fue víctima de feminicidio?

Una de las grandes tragedias de los feminicidios son los huérfanos. En la mayoría de los casos son hijos e hijas que ven a su padre asesinar a su mamá. Ahí ya tenemos un primer trauma muy fuerte y muy violento, y que es muy difícil de procesar.

Esos niños y niñas que están presentes en el momento del feminicidio necesitan volver a construir una vida como cualquier otro niño o niña de su edad. Hay un primer problema que es la falta de acompañamiento para los niños y niñas huérfanos de feminicidio.

Una de las historias del libro, sobre una mujer llamada Claudia, que tenía once hijos. La mayor de 18 años y el más pequeños de ocho meses. Una de sus hijas estaba presente en el momento del feminicidio. En estas historias se exponen todas las dificultades a las que están expuestos los huérfanos. En este caso el padre queda preso, y la familia se hace cargo de los diez hijos porque la mayor de 18 ya era independiente.

El hecho de intentar buscar acompañamiento psicológico, psiquiátrico, terapéutico fue un reto enorme, fue casi imposible, porque cómo pagas diez terapias de diez niños. Es imposible para una familia.

¿Es algo que el Estado debería asumir?

Claro, el acompañamiento psicosocial, psiquiátrico, psicológico que necesiten estos niños. Y en vez de ayudar, el Estado lo que hace es re-victimizar a la familia. En el caso de Claudia Gómez, a cada sesión de terapia a los niños los llevaba una persona diferente. Los tíos y los abuelos tenían que articularse para llevarlos al colegio, a la terapia, etc.

Todas estas cosas no las tiene en cuenta el sistema que se supone que está para proteger y acompañar a las infancias durante sus procesos. Quedan las familias y los niños y las niñas completamente abandonados. Lo que busca la ley que aún no se ha aprobado es que haya un reconocimiento y una reparación económica.

En la mayoría de los casos hay vacíos del Estado y unas negligencias relacionadas con el Estado, con las alcaldías, con las comisarías, que permiten y también dan lugar al feminicidio. Cuando el Estado y la ley fallan finalmente a favor de los huérfanos de feminicidio, pues ya ha pasado mucho tiempo, ya el desgaste económico ha sido tan duro, que tampoco es una reparación.

En Colombia tenemos una deuda enorme con los huérfanos de feminicidio. Nos toca construir un modelo de reparación, pero de la mano de estas víctimas y de las familias de las sobrevivientes.

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