Por: Martha Pérez, República Dominicana, Redacción.
Como sabemos, el origen del 8 de marzo Día Internacional de la Mujer está estrechamente vinculado a las luchas de los movimientos obreros de finales del siglo XIX y principios del XX en el contexto de la Revolución Industrial. La fecha quedó marcada como resultado de las históricas luchas de mujeres por sus derechos laborales, políticos, sociales, económicos. Es una celebración reivindicativa, que califico más bien de “conmemoración” en recuerdo de los sacrificios, luchas valientes y en honor a las mujeres que dieron sus vidas en las mismas al haber sido apresadas, perseguidas, asesinadas por verdugos, como son aquellas trabajadoras de una fábrica textil de Nueva York que en marzo de 1857 salieron a las calles a protestar contra inhumanas condiciones de trabajo.
Ese episodio sentó el primer precedente de las luchas de mujeres en todo el mundo, siendo otros referentes la primera Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en Stuttgart, Alemania, en 1907, la celebración del primer Día Internacional de la Mujer, en 1909 en Nueva York, auspiciado por una Organización de Mujeres Socialistas, donde más de quince mil mujeres marcharon en toda la ciudad. El segundo encuentro internacional Socialista de Mujeres celebrado en Dinamarca en 1910, propuso fijar un día relativo al 8 de marzo con el propósito de reivindicar los derechos de las mujeres, con énfasis en el derecho al voto. Así fue creciendo la propuesta y más mujeres y organizaciones de todo el mundo se sumaron, lo que dio al traste con la decisión de la ONU, en 1975, de reconocer el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer.

Hace más de 100 años, de generación en generación, que en esta fecha venimos celebrando conquistas de las mujeres en materia de sus derechos; también en este día se organizan diversas jornadas en todo el mundo para reflexionar y denunciar que todavía quedan brechas por cerrar, caminos pedregosos por recorrer hasta alcanzar el anhelado objetivo de la plena igualdad y equidad entre hombres y mujeres en las distintas manifestaciones de la vida, desde el hogar y las familias, partidos políticos, instituciones gubernamentales y no gubernamentales, sector privado, y todo espacio organizado que requiere la participación de las mujeres.
Pese a los avances, muchos datos confirman que en varios países nacer mujer es un lastre social, porque no se ha superado en lo más mínimo la discriminación por distintas causales. Por ello en las jornadas conmemorativas protagonizadas por mujeres resuenan las mismas proclamas y demandas: igualdad y equidad laboral y salarial, en puestos partidarios políticos, institucionales y empresariales relevantes, y, sobre todo la exigencia de mejores políticas pública para la atención, sanción y eliminación de la violencia de género en todas sus manifestaciones. En este orden, se necesita una política macro hacia el completo empoderamiento de las mujeres en el marco de la sociedad actual.
Cada año la ONU define un lema para la conmemoración. Revisemos desde el 2020 a la fecha: “Soy Generación de Igualdad: Haciendo realidad los derechos de las mujeres” (2020); “Mujeres en puestos de liderazgo: Logrando un futuro igualitario en un mundo con Covid-19” (2021); “Igualdad de género hoy para un mundo sostenible” (2022); “Por un mundo digital inclusivo: Innovación tecnología para la igualdad de género” (2023); “Invertir en las mujeres, acelerar el progreso” (2024); “Para las mujeres y niñas en toda su diversidad: Derechos, igualdad y empoderamiento.” (2025); “Derechos, justicia y acción por y para las mujeres y niñas” (2026).
Podemos ver que estos temas o lemas aprobados cada año desde la oficialización de la fecha constituyen una gran motivación y empuje para la acción política gubernamental e institucional y de las organizaciones que trabajan por los derechos de las mujeres y las niñas, pero, lamentablemente las políticas y acciones se quedan detrás. Cada país debe mirarse en su espejo, considerando que esos temas representan un llamado a la acción política y social para profundizar la igualdad de derechos, poder y oportunidades para todas las mujeres en todas partes del mundo garantizando un futuro en el que nadie se quede atrás.
Retos y desafíos de una realidad que golpea.
Cabe destacar que el 2025 representó un enorme reto tras la búsqueda global de la igualdad de género y el empoderamiento real de las mujeres. En ese año, se arribó al 30 aniversario de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, de importante alcance y dimensión, adoptada en 1995 por 189 gobiernos durante la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing, República Popular China. El reto sigue presente producto de diversas crisis, sumado el panorama regional y global, matizado ahora por los conflictos bélicos en Medio Oriente, apuntando a impredecibles consecuencias de las ya padecidas con miles de muertes de civiles, incluidas las más de 140 niñas de un centro educativo.
Este 8 de marzo de 2026, nos llama a la reflexión individual y conjunta; no podemos seguir hablando de los derechos de las mujeres si no somos capaces de defenderlos. El lema de este año plantea derechos, justicia y acción por y para las mujeres y niñas, siendo la traba principal de este llamado la debilidad en que se encuentra el estado de derecho como consecuencia de la todavía dependencia de los sistemas judiciales donde ciertas investigaciones y sus consecuentes sanciones son interferidas por presión de distintos calibres, independientemente de donde provengan las acusaciones y/o denuncias; esto además de los conflictos y tensiones políticas coloca a las mujeres y niñas en situación de vulnerabilidad y sin plena protección jurídica.
República Dominicana toca esos retos y desafíos; cierto que exhibimos logros, pero en materia de estos temas cruciales como la igualdad y equidad, acceso al mundo digital, empoderamiento económico, acceso a la justicia, violencia de todo tipo, secuestro de menores de edad, niñas y niños, igualdad laboral y salarial, igualdad en puestos políticos y electoral, entro otros, hay pendientes. Las estadísticas son claras y demandan revisión de las políticas de manera reflexiva y comparativa, observando indicadores, para redirigir esas políticas al verdadero centro de su aplicación que son las mujeres y las niñas en igualdad de condiciones y con equidad.
Si damos una mirada retrospectiva al origen del 8 de marzo y lo colocamos ante la realidad actual, identificaremos qué hacer para el fortalecimiento de la implementación de las políticas públicas diseñadas, que son buenas, así como de las acciones correspondientes en los acuerdos bilaterales y multilaterales en la materia. El tema es deuda histórica hacia las mujeres y las niñas. ¡Actuemos ya!
